Como comenté en un post previo, llevo algunas semanas orando los Laudes de la Liturgia de las Horas del Pueblo. Todos los días se reza el Salmo 95 (94) y hoy le puse foco a los versículos 4 y 5.
A veces, la rutina nos hace repetir las oraciones de forma automática. Sin embargo, hoy me detuve a meditar en estas palabras:
«En sus manos están las simas de la tierra, y las cumbres de los montes son suyas. Suyo es el mar, pues él lo hizo, y sus manos formaron la tierra firme.»

¿Qué nos enseñan estos versículos? Al meditar en el texto, resaltan los contrastes, con una sola intención, ver la grandeza de la presencia de Dios en todo lo creado:
- Las simas y las cumbres: Las simas representan los abismos, los lugares oscuros o profundos de la tierra. Las cumbres son los picos más altos, lo que todos pueden ver. Esto me recordó que Dios tiene el control tanto de nuestros momentos más bajos y difíciles, como de nuestras mayores alegrías.
- El mar y la tierra firme: El mar representa el movimiento, el cambio y la incertidumbre. La tierra firme es la estabilidad y la seguridad. Todo le pertenece a Él porque salió de sus manos.
Un recordatorio para empezar el día
Rezar esto por la mañana en los Laudes es un gran recordatorio. Nos ayuda a entender que nada de lo que ocurra en nuestra jornada queda fuera del alcance de Dios.
Si las montañas más imponentes y los océanos más profundos están en la palma de su mano, podemos tener la tranquilidad de que nuestras preocupaciones del día también están bien cuidadas.
¿Y para ti? ¿Qué área de tu vida —una cima de alegría o una sima de dificultad— necesitas poner hoy en las manos del Creador?
Te leo abajo en los comentarios.
