La Pronta Respuesta de Abraham y la Revolución del Reino


Reflexiones para el Decimosexto Domingo del Tiempo Ordinario

El Decimosexto Domingo del Tiempo Ordinario nos invita a profundizar en 2 relatos bíblicos aparentemente dispares, pero intrínsecamente conectados por un tema fundamental: la respuesta a la presencia divina y la radicalidad del Reino de Dios. Nos detendremos en la enigmática aparición a Abraham en Génesis 18:1-10a y en el conocido encuentro de Jesús con Marta y María en Lucas 10:38-42. Ambas narrativas, a pesar de sus contextos y épocas tan distintos, nos ofrecen perspectivas fascinantes sobre cómo interactuamos con lo sagrado y cómo el plan de Dios desbarata nuestras expectativas humanas.


La Extraña Visita en Mamré: Un Enigma Trinitario y una Lección de Prontitud

Comencemos con la primera lectura, una joya literaria del libro del Génesis que ha cautivado a teólogos y artistas a lo largo de los siglos. Es una escena que desafía la lógica y que, quizás por ello, ha sido fuente de profunda inspiración. «El Señor se le apareció a Abraham por la encina de Mamré». La afirmación es clara: Dios mismo está haciendo una aparición. No es un ángel mediando, no es una voz desde el cielo; y en toda su Trinidad.

Pero la manifestación es, cuando menos, peculiar: «Abraham vio a tres hombres de pie cerca». Aquí es donde la mente cristiana, a través de los siglos, ha encontrado un terreno fértil para la contemplación. ¿Por qué tres? ¿Por qué esta forma plural para una aparición singular de Dios? No es de extrañar que esta escena haya dado origen a uno de los iconos más venerados de la Trinidad, el de Andrei Rublev, donde la divinidad se representa en estas tres figuras celestiales. La imagen sugiere que la esencia de Dios es, de alguna manera, una misteriosa unidad en la pluralidad, un juego de «tres en uno» que anticipa la revelación trinitaria completa.

Sin embargo, más allá de la teología profunda, hay una acción de Abraham que es clave para toda la historia, y que nos interpela directamente: «Cuando los vio, corrió desde la entrada de la tienda para saludarlos. Y postrándose en tierra, dijo: ‘Señor, si me haces este favor, uh, déjame, ya sabes, atenderte.'»

Aquí radica el corazón de la lección para nosotros. Cuando Dios se te aparece, no te quedas sentado. No esperas hasta mañana. No lo pospones porque haya algo más importante que hacer. No, corres. La respuesta de Abraham es de una prontitud y generosidad asombrosas. En medio del calor del día, en la comodidad de su tienda, la aparición divina lo impulsa a la acción inmediata. Se lanza a servir, a ofrecer hospitalidad, a honrar la presencia que se le ha revelado. No hay vacilación, no hay cálculo; solo una efusiva bienvenida.

San Agustín lo dice con claridad: Teme de la gracia de Dios que pasa y no vuelve.

Esta reacción de Abraham es un modelo para nuestra propia vida de fe:

  • ¿Con qué prontitud respondemos a las invitaciones de Dios?
  • ¿Estamos atentos a su presencia en lo ordinario, en lo inesperado, en las personas que encontramos?
  • ¿O dejamos que las distracciones, el cansancio o la autocomplacencia nos impidan reconocer y responder a la llamada divina?

La historia de Abraham nos insta a una vigilancia activa y a una disposición inmediata para el servicio cuando la presencia de Dios se manifiesta.


Marta y María: Redefiniendo la Prioridad en la Presencia de Jesús

Ahora, conectemos esta imagen de prontitud con el Evangelio del Decimosexto Domingo del Tiempo Ordinario, el relato de la visita de Jesús a Marta y María en Lucas 10:38-42. A menudo, esta historia se ha interpretado como una dicotomía entre la vida activa (Marta) y la vida contemplativa (María), con una inclinación a favorecer esta última. Sin embargo, pensemos en una visión diferente, una muy radical y muy conectada con la actitud de Abraham.

Marta, en su afán por la hospitalidad, se encuentra «ocupada en muchos quehaceres», en el espacio tradicionalmente asignado a las mujeres: la cocina, la preparación de la comida. Ella está haciendo lo que se espera de ella, cumpliendo con las normas sociales de la época. María, por otro lado, está haciendo algo revolucionario para su tiempo: «sentada a los pies del Señor, escuchando su palabra». Este era el lugar del discípulo, el lugar reservado a los hombres que aprendían de un rabino. María, en su acto de escucha atenta, ha traspasado las barreras de género y ha reclamado su lugar en el círculo íntimo de Jesús.

Cuando Marta se queja, Jesús responde: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; y sin embargo, una sola cosa es necesaria. María ha escogido la mejor parte, la cual no le será quitada.»

La clave aquí no es una condena de la acción o un desprecio de la hospitalidad de Marta. Es una redefinición de la prioridad frente a la presencia de Dios. Así como Abraham corrió para recibir al Señor, María se sienta para recibir su palabra. En ambos casos, la reacción es una respuesta inmediata y profunda a la presencia divina. Abraham corre para servir físicamente, María se sienta para servir espiritualmente, para nutrirse de la fuente de vida que es Jesús.

La «mejor parte» de María no es la inacción, sino la primacía de la escucha y la relación con el Maestro. Es la prontitud para acoger la palabra de Dios, para sentarse a sus pies y permitir que su presencia transforme. En un mundo donde las exigencias y las preocupaciones nos abruman, Jesús nos recuerda que lo «único necesario» es esa conexión profunda con lo divino, esa disposición a recibir lo que Él ofrece.


La Revolución de Jesús: Rompiendo Barreras para el Reino

La decisión de Jesús de permitir a las mujeres, como María, ingresar en su círculo íntimo de discípulos no es un detalle menor; es una manifestación central de cómo Dios ordena el mundo y de la naturaleza del Reino que Jesús anuncia. Lucas, el evangelista que nos trae esta historia, fue compañero de Pablo, y su Evangelio resuena con los temas paulinos de inclusión y la abolición de las divisiones sociales.

Recordemos las poderosas palabras de Pablo en su carta a los Gálatas: «Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús» (Gálatas 3:28). Esto era, y sigue siendo, una afirmación radical. En el mundo antiguo, estas divisiones eran las bases de la sociedad, con jerarquías claras: los hombres libres sobre los esclavos, los judíos sobre los gentiles, los hombres sobre las mujeres.

Pero el Reino de Dios, tal como lo presenta Jesús, subvierte estas estructuras. La historia de Marta y María es un microcosmos de esta revolución. María no está actuando fuera de lugar; está actuando conforme a la nueva realidad que Jesús ha inaugurado. En el Reino, la dignidad no se basa en el género, el estatus social o la etnia, sino en la apertura del corazón a Dios y la disposición a seguir a Jesús.

La prontitud de Abraham y la elección de María nos enseñan que la respuesta a la presencia divina va más allá de nuestras expectativas y costumbres. Requiere una apertura de corazón que trascienda las categorías humanas y abrace la radicalidad del amor de Dios. La historia nos invita a examinar nuestras propias «cocinas» y «lugares de asiento», preguntándonos dónde estamos invirtiendo nuestra energía y si estamos, como María, eligiendo la «mejor parte»: la de la escucha atenta y la relación transformadora con Jesús.


Un Llamado a la Prontitud y a la Inclusión

En este Decimosexto Domingo del Tiempo Ordinario, las lecturas nos ofrecen un espejo en el que podemos reflexionar sobre nuestra propia fe. La extraña aparición a Abraham nos recuerda la importancia de la prontitud y la generosidad en nuestra respuesta a la presencia de Dios, sea cual sea la forma en que se manifieste. La historia de Marta y María nos desafía a reevaluar nuestras prioridades, a comprender que la «mejor parte» es la que nos conecta más profundamente con Jesús y su palabra, incluso si eso significa trascender las normas establecidas.

El mensaje es claro: Dios se revela y nos invita a una relación, y esa invitación demanda una respuesta rápida, humilde y sin reservas. Y en esa respuesta, el Reino de Dios florece, rompiendo barreras y revelando una nueva forma de ser, donde todos somos uno en Cristo Jesús.

¿Estamos listos para correr como Abraham? ¿Estamos dispuestos a sentarnos y escuchar como María? ¿O nos quedaremos en nuestras cocinas, preocupados por muchas cosas, mientras la presencia divina nos llama a algo más profundo? La elección es nuestra, y la promesa de la «mejor parte» nos espera.


Publicado por Juan Carlos Carrillo

Juan Carlos Carrillo es un predicador Católico. Ha trabajado para distintos movimientos religiosos, como el Regnum Christi, Familia Educadora en la Fe, la Arquidiócesis de Tlalnepantla, entre otros. Juan Carlos inicio su formación religiosa en Familia Educadora en la Fe desde los 3 años. A los 13 años se convirtió en animador de grupos juveniles. A los 19 años entro al movimiento Regnum Christi donde se encargo en durante varios años de los Círculos de Estudios, Horas Eucarísticas y Retiros. A los 24 años se convirtió en el Vice-Coordinador Nacional de Universitarios del Movimiento Familia Educadora en la Fe y a los 27 tomo la responsabilidad como Coordinador Nacional de Juveniles del mismo movimiento. Juan Carlos se dedica a dar charlas, conferencias y catecismo a jóvenes y adultos buscando que encuentren el amor de Dios en sus vidas.

Un comentario en “La Pronta Respuesta de Abraham y la Revolución del Reino

  1. Silvia Gilly, estoy jerarquizando mi vida diaria o solo la vivo como una rutina o hacedora de pendientes y rezar, puedo cambiar algo que me encamine a Dios, sí, y entregar cada acto a Él, para empezar, gracias Juan Carlos, me hiciste hacer una reflexión profunda, bendiciones.

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