Me encontré el siguiente texto de Jung sobre la religión y quise transcribir y comentar al respecto.
Como no podemos descubrir el trono de Dios en el cielo con un radiotelescopio ni comprobar (con certeza) que un padre o una madre no cuidan de sus hijos desde el cielo, la gente supone que tales ideas «no son ciertas».
Prefiero decir que no son suficientes, porque se trata de concepciones que han acompañado la vida humana desde tiempos prehistóricos y que todavía irrumpen en la conciencia ante cualquier provocación.
La fe y la razón no están peleadas. Que yo no pueda ver las estrellas no significa que no existan.
Hace unos días me tocó ver la luna un día antes de ser luna nueva, por lo que se veía una especie de uña. Si mi única referencia fueran lo que mis sentidos pueden ver, diría que la luna no es circular, sino que es solo ⅓ del perímetro de un círculo, pero la experiencia y el estudio del satélite me dicen que hay mucho más que lo que mis ojos ven.
¿Por qué Abraham es el Padre de la Fe?
Si leemos con detenimiento el texto de Génesis 15:4-12, el versículo 5 dice: “Mira bien el cielo, y cuenta las estrellas, si es que puedes contarlas” ¿Por qué le dice si puedes contarlas? La respuesta está en el versículo 12: “Cuando empezaba a anochecer” Eso significa que cuando Dios le pidió a Abraham que contara las estrellas era de pleno día, por lo que con los ojos humanos, nadie podría ver las estrellas, pero sí se pueden ver con la experiencia, con la Fe.
¿Puedo prescindir de Dios?
El hombre moderno puede afirmar que puede prescindir de Dios y reforzar su opinión insistiendo en que no existe evidencia científica de su veracidad. O incluso puede que se arrepienta de la pérdida de sus convicciones. Pero dado que estamos tratando con cosas invisibles e incognoscibles (pues Dios está más allá del entendimiento humano y no hay forma de probarlo), ¿por qué deberíamos preocuparnos por la evidencia? Incluso si no sabemos por qué necesitamos sal en nuestros alimentos, deberíamos sacar provecho de su uso. Podríamos argumentar que el uso de la sal es una mera ilusión de gusto o una superstición, pero aun así contribuiría a nuestro bienestar. ¿Por qué, entonces, deberíamos privarnos de puntos de vista que resultan útiles en las crisis y dan sentido a nuestra existencia?
¿Y cómo sabemos que esas ideas no son reales? Muchos estarían de acuerdo conmigo si dijera rotundamente que tales ideas son ilusiones. No se dan cuenta de que la negación es tan imposible de «probar» como la afirmación de una creencia religiosa. Somos libres de elegir qué punto de vista adoptamos; Será una decisión arbitraria.
Sin embargo, existe una fuerte razón empírica por la que deberíamos cultivar pensamientos que nunca podrán demostrarse. Es que se sabe que son útiles. El hombre necesita ideas y convicciones generales que den sentido a su vida y le permitan encontrar un lugar para sí mismo en el universo. Puede soportar las dificultades más increíbles cuando está convencido de que tienen sentido; se siente destrozado cuando, además de todas sus desgracias, tiene que admitir que participa en una «historia contada por un idiota».
Es función de los símbolos religiosos dar sentido a la vida del hombre. Algunos indígenas se creen hijos del Padre Sol, lo que dota a sus vidas de una perspectiva (y un objetivo) que va mucho más allá de su limitada existencia. Les da un amplio espacio para el desarrollo de la personalidad y les permite una vida entera como personas completas. Su situación es infinitamente más satisfactoria que la de un hombre de nuestra propia civilización que sabe que no es (y seguirá siendo) nada más que un desvalido sin significado interno para su vida.
El hombre busca la trascendencia y solo la encuentra en Dios
Finalmente usaría la pirámide de Maslow para poder profundizar en la búsqueda de Dios.
Si todo en esta vida lo pudiera explicar por las sensaciones y sentimientos que tengo, no necesitaría de ningún Dios, pero en el fondo las sensaciones y sentimientos son tan efímeras que como diría San Agustín: nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti.
Entre más le dediquemos nuestra vida a lo temporal, emocional y sentimental, menos tiempo le dedicaremos a lo trascendental: Dios.
Nuestra perspectiva sobre la religión debe trascender la mera creencia ciega y debe adentrarse en la necesidad humana de encontrar significado y propósito.
Jung nos invita a reconocer la importancia de la dimensión espiritual en nuestras vidas, independientemente de la prueba empírica. Al abrazar la fe y la razón como complementos, en lugar de opuestos, podemos encontrar un equilibrio que nutra tanto nuestra mente como nuestro espíritu. La búsqueda de Dios, o de lo trascendente, es un viaje personal que, en última instancia, nos lleva a una comprensión más profunda de nosotros mismos y de nuestro lugar en el universo.
Jung sobre la religión: https://journal.avdi.org/2005/01/30/jung-on-religion
