La Virgen María en sus apariciones en diciembre de 1531 nos deja una metodología de reflexión.
Ante cada concepto que Ella nos deja, deberíamos tener una respuesta.
Primera Aparición
La virgen le presenta a Juan Diego 5 puntos que debemos reflexionar
- Yo soy…
- Yo soy en verdad la perfecta siempre Virgen Santa María, que tengo el honor y la dicha de ser Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, el Creador de las personas, el Dueño de la cercanía y de la inmediación, el Dueño del cielo, el Dueño de la tierra.
- Yo quiero…
- Mucho quiero, mucho deseo, que aquí me levanten mi casita sagrada
- Para que lo quiero…
- Ahí, en verdad, escucharé su llanto, su tristeza, para remediar, para curar todas sus diferentes penas, sus miserias, sus dolores.
- Para quiénes lo quiero…
- En ser tu madre compasiva, tuya y de todos los hombres que vivís juntos en esta tierra, y también de todas las demás variadas estirpes de hombres
- Quiero necesitar de Ti…
- Y para realizar lo que pretende mi compasiva mirada misericordiosa, anda al palacio del obispo de México, y le dirás cómo yo te envío, para que le descubras cómo mucho deseo que aquí me provea de una casa
Segunda Aparición
En la segunda aparición, Juan Diego le presenta lo humano, lo humilde con 2 aspectos que denotan su humildad, y termina con la actitud cristiano, la de no ser cobarde, la de seguir la voluntad divina.
- Mejor pideselo a…
- Por esto, mucho te suplico, Señora mía, Reina mía, Muchachita mía, que a alguno de los estimados nobles, que sea conocido, respetado, honrado, le encargues que conduzca, que lleve tu venerable aliento, tu venerable palabra para que le crean.
- Porque en verdad yo soy un hombre del campo, soy la cuerda de los cargadores, en verdad soy parihuela, sólo soy cola, soy ala; yo mismo necesito ser conducido, llevado a cuestas, no es lugar de mi andar ni de mí detenerme allá a donde me envías, mi Muchachita, mi Hija la más pequeña, Señora, mi Niña.
- Por favor, dispénsame, afligiré con pena tu rostro, tu corazón; iré a caer en tu enojo, en tu disgusto, Señora Dueña mía.
- Creo que no puedo, pero…
- Señora mía, Reina mía, Muchachita mía, que no angustie yo con pena tu rostro, tu corazón; en verdad con todo gusto iré, a poner por obra tu venerable aliento, tu venerable palabra; de ninguna manera lo dejaré de hacer, ni tengo por molesto el camino.
- Iré ya, a cumplir tu voluntad, pero tal vez no seré oído y, si fuere escuchado, quizá no seré creído.
- Pero en verdad, mañana en la tarde, cuando se meta el sol, vendré a devolver a tu venerable aliento, a tu venerable palabra, lo que me responda el Gobernante Sacerdote.
- Ya me despido de Ti respetuosamente, Hija mía la más pequeña, mi Muchachita, Señora, Niña mía, descansa otro poquito.
Tercera aparición
La virgen tiene un diálogo hermoso con Juan Diego, una motivación divina, un diálogo con el alma, un: ¡Ánimo!
- ¡Quiero necesitar de ti!, ¡Le pido a los sencillos!, ¡Me acerco a los pequeños!
- Hijito mío, volverás aquí mañana para que lleves al Obispo la señal que te ha pedido; con eso te creerá y acerca de esto ya no dudará ni de ti sospechará; y sábete, hijito mío, que yo te pagaré tu cuidado y el trabajo y cansancio que por mí has prodigado.
Cuarta aparición
Al estar enfermo el tío de Juan Diego, Juan Bernardino, cree que es muy importante que su tío reciba la confesión y la unción de los enfermos. Por eso evita a la Virgen, más Ella le sale al encuentro:
- Me escondo, me desvío para no…, No tengo tiempo para…
- Si sigo derecho el camino, no vaya a ser que me vea esta Noble Señora y seguro, como antes, me detendrá para que le lleve la señal al sacerdote que gobierna, como me lo mandó.
- Tengo otras cosas que hacer…, Tengo muchas preocupaciones…
- Que primero nos deje nuestra aflicción; que antes yo llame de prisa al sacerdote religioso al que el pobre de mi tío no hace más que aguardarlo.
- Dime tus preocupaciones…
- Hijo mío el más pequeño ¿Qué pasa?, ¿A dónde vas, a dónde te diriges?
- Ponlas en mi corazón…, No sabes que soy tu Madre…?
- ¿No estoy yo aquí, que tengo el honor y la dicha de ser tu madre? ¿No estás bajo mi sombra y resguardo? ¿No soy yo la fuente de tu alegría? ¿No estás en el hueco de mi manto, en el cruce de mis brazos? ¿Acaso tienes necesidad de alguna otra cosa?
- Sube a la cumbre…
- Sube, tú el más pequeño de mis hijos, a la cumbre del cerrito y allí donde tú me viste y donde te di mi mandato; Allí verás extendidas flores variadas: córtalas, reúnelas, ponlas todas juntas: luego baja en seguida; tráelas aquí, a mi presencia.
Ante esta reflexión del texto del NICAN MOPOHUA.
¿Qué cumbre debes de subir?
¿A qué monte te pide la Virgen que subas?
¿Te sientes como Juan Diego en el hueco del manto de la Virgen, en el cruce de sus brazos?
