I. Experiencia de Vida
La palabra ánimo se refiere al estado energético de una persona. «Tener ánimo» es tener energía para completar alguna acción.
La palabra viene del lain. anĭmus, y este del gr. ἄνεμος, soplo). El ánimo no viene solo de un deseo, surge del alma, de lo que nos hace 100% humanos con tendencia a lo divino.
- Del alma viene animar: Dar vida,
- Desanimar: quitar el espíritu vital,
- Reanimar: volver a dar vida,
- Animado: dotado de vida,
- Inanimado: que no tiene vida.
¿Cómo está nuestra vida? Animada?, desanimada?, necesita reanimarse?, está consciente de quien la anima?, está completamente inanimada?
Por otro lado la palabra cobarde se remonta al francés medieval coart, y ésta vendría de coue (cola), del latín cauda, que significa cola, y que haría alusión a la cola del perro, «que se mete la cola entre las patas».
Ya he compartido la muerte de mi Papá y la fuerza que he visto en mi Madre y en mi Hermano, pero fue hasta hoy que entendí que eso era Ánimo, eso era la Alegría que vienen de la fuente del Ánimo y la Alegría, como lo comente la semana pasada, ante las situaciones de la vida, ¿Caemos en la trampa o lo usamos de trampolín?
En un panel hace unos meses le preguntaron a Jordan Peterson: ¿Cuál es la clave para un matrimonio feliz? Su respuesta está en línea con nuestra catequesis de este domingo:
La felicidad es una meta bastante baja.
Quiero decir, en primer lugar, va a haber muchas veces en tu matrimonio en las que no eres realmente feliz y, a veces, eso se debe a que estás teniendo un conflicto con tu pareja, pero a veces se debe a que todo el infierno se ha desatado a tu alrededor y luego, si juzgas el éxito de tu el matrimonio con relación a la felicidad, entonces sucede lo mismo si juzgas tu éxito en la vida sobre la base de tu felicidad, ¿qué tienes cuando no es más que sufrimiento? ¿Eso va a ser suficiente para tu vida?, por eso toda la orientación de esa pregunta en ese sentido está mal.
Lo que quiere tener en su matrimonio es, diría, en primer lugar, ante todo, una honestidad escrupulosa y no solo me refiero a que se digan la verdad porque pueden ser brutales con la verdad. Me refiero al tipo de honestidad. que se dedica a prosperar en el amor.
II. Mensaje
Este III Domingo de Adviento se conoce como el domingo Gaudete (de Alegría), fijense como no es el domingo de la felicidad.
Hace algunas semanas escribí sobre el versus de Alegría y Felicidad, o Alegría vs Felicidad.
En toda la liturgia de hoy se habla de alegría, pero no de felicidad.
La consecuencia de la alegría es la felicidad, ¿de donde surge la alegría? Del Alma, de ese soplo que Dios nos dio a los seres humanos para seguir su camino, lo que explique la semana pasada ante la pregunta: ¿Qué es la ciencia del Señor? ver las cosas del mundo según Dios.
¿Significa que el Cristiano nunca sufre? NO
¿Significa que siempre debemos estar alegres’ SI
El Cristiano no es cobarde, no guarda la cola entre las patas, sabe que tiene a Cristo y se presenta ante los retos con la esperanza de que en el plan divino, dicho reto es parte del plan divino para nuestra salvación, así que ante toda novedad, buena o mala, debemos de leer la oportunidad que Dios nos da para encontrar la salvación.
Hoy veremos la imagen del desierto, tanto en Isaías como en Juan el Bautista, ese desierto literario, es completamente práctico en nuestras vidas, pero también Dios pasó por el desierto a Abraham, a José, a Moises, a Juan el Bautista y a Jesús, el desierto no es el fin, es el medio que Dios ha puesto en nuestras vidas para llegar a Él, así que alegrémonos, el día del Señor está cada vez más cerca.
III. Lectura de la Palabra, Reflexión y Explicación
Nuestra primera lectura, durante todo el Adviento, está tomada del texto del profeta Isaías.
El texto nos habla del desierto y de como se cubrirá de flores.
El desierto, el malestar, la molestia, los inconvenientes se cubrirán de flores y florecerán como un campo de lirios.
¿Quiénes son los que florecen? Los que siguen los planes de Dios, y ellos verán la gloria de Dios, el esplendor de nuestro Dios, que no es un Dios de palabras y teorías, sino un Dios que:
- Hará ver a los ciegos,
- Oir a los sordos,
- Saltar a los cojos,
- Cantar a los mudos..
No en sentido figurado, en sentido real, Jesús hizo y hace esos milagros.
Por eso Isaías es tan claro: “Digan a los tímidos, a los de corazón apocado, a los cobardes, a los medrosos de corazón: ¡ANIMO!”
El Salmo 145 (146) continúa en esta línea, la alegría debe de surgir de saber que el Señor siempre cumple su palabra, por eso nos narra el Salmista una semejanza a lo que nos profetizó Isaías:
- Abre los ojos a los ciegos,
- Levanta a los caídos,
- Ama a los justos,
- Protege al forastero,
- Sostiene al huérfano y a la viuda,
Y yo, ¿Qué debo hacer para que esto suceda? Buscar su llegada, por eso repetimos: Ven, Señor, a salvarnos.
La segunda lectura es de uno de mis libros favoritos del Nuevo Testamento, la carta del apóstol Santiago.
El apóstol nos da la clave para entender la alegría y separarla de la felicidad.
Para muchos de nosotros el ser pacientes es una pérdida de tiempo, con toda la tecnología que tenemos hoy, todo es rapido, agil, sin mucho esfuerzo, por eso buscamos tanto es felicidad, aunque sea temporal, como si fuera trascendental, más la paciencia, crea en nosotros un sentido de espera, de preparación, de disposición. No lograremos la verdadera alegría si estamos buscando la satisfacción actual.
El apóstol nos ordena:
Aguarden con paciencia y mantengan firme el ánimo.
¿Estoy siendo paciente en mi desierto?
¿Mantengo el ánimo ante mi desierto?
Finalmente el Evangelio de este domingo es del texto del Evangelista San Mateo, y el texto comienza con una frase: “Juan se encontraba en la cárcel”
- ¿Tenía Juan Ánimo en la cárcel?
- ¿Tenía Juan Paciencia en la cárcel?
- ¿Tenía Juan Alegría en la cárcel?
La respuesta a estas 3 preguntas está en la respuesta a la pregunta que Juan hace por medio de 2 discípulos: ¿Era Jesús el que había de venir o había que esperar a otro? Jesús no responde con un Sí o un No, sino que responde con el texto de Isaías y del Salmista:
- Los ciegos ven,
- Los cojos andan,
- Los leprosos quedan limpios de su enfermedad,
- Los sordos oyen,
- Los muertos vuelven a la vida, y
- A los pobres se les anuncia la buena noticia.
Cuando escuchó esto Juan, estoy seguro que su Ánimo, su Paciencia y su Alegría estuvieron en plenitud; porque ninguna de estas 3 cosas estaba basada en cosas humanas, temporales o intrascendentes, sino en el mismo plan de Dios.
IV. Oración
Jesús, gracias por ser Emanuel, “Dios con nosotros”.
Es por Tí que puedo experimentar el verdadero gozo, la verdadera alegría, la esperanza de mi salvación.
En muchas ocasiones es muy difícil estar alegre, aún más en medio del mundo al que hoy nos encontramos.
Ayúdame ante los muchos problemas de mi corazón, encontrar consuelo en tu voluntad, en tu providencia que me devuelve la esperanza y la alegría.
Quiero refugiarme en Ti y llenarme de alegría.
Tú eres mi fuerza y mi salvación.
¡En Tu presencia hay plenitud de gozo!
Siempre eres digno de toda gloria, honor y poder, así que no importa lo que enfrente, elegiré adorarte.
En el nombre de Jesús,
Amén.
V. Compromiso
Reflexión:
- ¿Estoy siendo paciente en mi desierto?
- ¿Mantengo el ánimo ante mi desierto?
- ¿Busco a Dios en mi desierto?
Acción:
- Ser alegre ante cada situación que Dios me pone.
