I. Experiencia de Vida
Déjenme iniciar con un cuento que se encuentra dentro de la colección de los mismos de Anthony de Mello, SJ en el libro El canto del Pájaro.
Un hombre se encontró un huevo de águila. Se lo llevó y lo colocó en el nido de una gallina de corral. El aguilucho fue incubado y creció con la nidada de pollos.Durante toda su vida, el águila hizo lo mismo que hacían los pollos, pensando que era un pollo. Escarbaba en la tierra en busca de gusanos e insectos, piando y cacareando. Incluso sacudía las alas y volaba unos metros por el aire, al igual que los pollos. Después de todo, ¿no es así como vuelan los pollos?Pasaron los años y el águila se hizo vieja. Un día divisó muy por encima de ella, en el límpido cielo, una magnífica ave que flotaba elegante y majestuosamente por entre las corrientes de aire, moviendo apenas sus poderosas alas doradas.La vieja águila miraba asombrada hacia arriba «¿qué es eso?», preguntó a una gallina que estaba junto a ella.«Es el águila, el rey de las aves», respondió la gallina. «Pero no pienses en ello. Tú y yo somos diferentes a él«.De manera que el águila no volvió a pensar en ello. Y murió creyendo que era una gallina de corral.
Si hoy vemos las series, películas o novelas modernas encontraremos que en casi todas ellas se habla del auto desarrollo, tu puedes y debes luchar por ser quien quieres ser. Esa idea no es mala en si misma, el tema es que deja todo en nuestras manos, ¿Dónde queda Dios? Si yo puedo lograr todo sin ayuda de nadie, y con mi esfuerzo lograr mi satisfacción, éxito y trascendencia ¿Para qué necesito a Dios? Estamos frente al pecado original: “Serán como Dios”
No hay mayor error humano que creer que somos autosuficientes, auto trascendentes y auto felices. NO!!! Necesitamos del otro, en particular de Dios, y en la medida que reconocemos la necesidad del otro, la necesidad de Dios, y reconocemos que tenemos cosas que donar al otro, seremos felices.
II. Mensaje
Toda nuestra vida crecemos pensando que encontraremos la satisfacción en ser gallinas persiguiendo el Honor, el Poder, el Placer o el Dinero, y creyendo que entre más cerca estemos de encontrar alguna de esas 4 cosas, más felices seremos, más como la gallina, no estamos creados para eso, estamos creados para darnos a los demás, darnos en el servicio, no a ser servidos. Es por eso que San Agustín abre muy bellamente sus Confesiones con la frase “nos creaste para ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti”
OK, entonces si no es el Honor, el Poder, el Placer o el Dinero, ¿Qué es? La liturgia de este domingo XXVIII del tiempo Ordinario nos invita a encontrar la felicidad, la trascendencia, el crecimiento a través de la humildad.
Escucharemos en las lecturas de este domingo de enfermos de lepra. Hagamos un ejercicio lingüístico y cambiemos cada vez que hablamos de lepra por pecado, por soberbia, por autosuficiencia.
Esa lepra, es falta de humildad, me aleja de los demás, me pone como un extraño, un ser que no esta conectado con sus hermanos y menos con Dios.
Cuando uno se conecta al amor de Dios, mediante la fe de la que nos hablará San Pablo, entonces nuestra vida sale del egoísmo, de la soberbia, se conecta con el que es todo amor, y a la inversa de lo que pensaríamos somos más libres, más amorosos, y más felices.
III. Lectura de la Palabra, Reflexión y Explicación
La primera lectura de este domingo está tomada del libro del segundo libro de los Reyes.
Los milagros son siempre manifestaciones de la verdad.
Los milagros son señales.
Un signo, una señal, por importante que sean, nunca son tan importantes como lo que significan, o representan, los signos y señales apunta a algo más grande, algo más magnifico, ¿Qué es?
La lectura esta llena de simbolismos enlazados con la narración, voy a 4 símbolos que nos narra la lectura:
– Bajó y se baño en el Jordán. ¿Qué involucra bajar? Es descender, es salir de mi lugar, de mi ciudad, de mi egoísmo y encontrarme, en este caso con el rio de Dios.
– Se baño 7 veces. Aquí hay dos mensajes, el puramente humano, ¿Quién se baña 7 veces? Aquel que reconoce que esta muy sucio, aquel hombre obediente que sigue las indicaciones, aquel que ha puesto su fe en la palabra del profeta. Pero también tenemos el simbolismo numérico bíblico, el siete es plenitud, Naamán no necesitaba un poco de Dios, necesitaba TODO lo que Dios es.
– Su carne volvió a ser como la un niño pequeño. No dice el texto que su piel, sino su carne, es decir, este hombre cambio su realidad física, ya no era solo lo exterior, todo Él eran un hombre nuevo, como aquel ejemplo que Jesús le puso a Nicodemo (Juan 3,3)
– La humildad de Naamán no solo tuvo efecto salvador en Él, tuvo efecto en TODAS SU COMITIVA. Nuestra humildad personal, pueden ser motivo de salvación para toda nuestra familia.
El Salmo de este domingo es el 97 (98) y en la primera estrofa tenemos ya una conexión con la primera lectura, hay un hombre nuevo que reconoce la grandeza de Dios. ¿Quieres renovarte y ser un hombre nuevo? Reconoce la grandeza de Dios.
Así es Dios y sus paradojas, entre más humilde, entre más alejado de ti, y más cercano a Dios, más felices, libres y salvos seremos.
En la Segunda Lectura, seguimos leyendo la Carta de San Pablo a Timoteo. San Pablo alaba la humildad de Jesús, la alaba en si mismo que se dejo encadenar, más sus palabras nunca nos encadenan, ni nos someten, son liberadoras.
La humildad de Jeśus lo llevo a aguantar todo por nosotros, bajo la obediencia a Dios Padre, con el fin de lograr nuestra salvación. ¿Yo sería capaz de ser humilde y obediente para obtener la salvación de mi familia?
San Pablo finaliza este lectura con un texto que toca muchos de mis nervios emocionales: “Si morimos con él, viviremos con él (en el cielo)”, con la reciente muerte de mi Papá tengo muy fresca la muerte y lo que conlleva, pero San Pablo me conforta con estas palabras, ya que me confirma que si en el sufrimiento y la muerte de mi Papá estuvo con Cristo, también lo estará en la vida eterna.
Y también me invita a otra muerte, la muerte de la soberbia, del egoísmo, de la teorías que nos dicen: Vive orgulloso de quien eres. Debemos morir a esas ideas para poder seguir el camino de la humildad, aceptar que somos pecadores y pedir a Dios por su perdón.
Es solo a través de la humildad que podemos entender que la salvación no la auto obtenemos, sino que nos es regalada por Jesús ¿Somos lo suficientemente humildes para reconocer que necesitamos a Jesús para salvarnos?
Llegamos al Evangelio, escrito por San Lucas, y volvemos a encontrar la historia de lepra, recordando que cambiaremos la lepra por la soberbia, por la autosuficiencia.
Jesús no cura como un mago, requiere de nosotros fe, y esa fe requiere de humildad para reconocer que no podemos curarnos a nosotros mismos, necesitamos de alguien más, por eso no los cura, sino una vez que están caminando, que van hacia el cumplimiento de la voluntad de Jesús.
Ahora, tenemos 9 personas que fueron curadas de su piel, pero solo 1 que fue curada en su vida.
Jesús te puede dar unos regalos, o te puede dar todo su amor, depende de nuestra humildad y nuestra capacidad de reconocer todo lo que recibimos de Él si recibimos mucho o poco de Él. El único leproso humilde y reconocedor del poder de Dios, no solo curo su piel, también su corazón y su vida entera.
IV. Oración
Oración para alcanzar la humildad de Santa Teresita del Niño Jesús
¡Jesús! Jesús, cuando eras peregrino en nuestra tierra, tú nos dijiste: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y vuestra alma encontrará descanso”.
Sí, poderoso Monarca de los cielos, mi alma encuentra en ti su descanso al ver cómo, revestido de la forma y de la naturaleza de esclavo, te rebajas hasta lavar los pies a tus apóstoles. Entonces me acuerdo de aquellas palabras que pronunciaste para enseñarme a practicar la humildad: “Os he dado ejemplo para que lo que he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. El discípulo no es más que su maestro… Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica”. Yo comprendo, Señor, estas palabras salidas de tu corazón manso y humilde, y quiero practicarlas con la ayuda de tu gracia.
Quiero abajarme con humildad y someter mi voluntad a la de mis hermanas, sin contradecirlas en nada y sin andar averiguando si tienen derecho o no a mandarme. Nadie, Amor mío, tenía ese derecho sobre ti, y sin embargo obedeciste, no sólo a la Virgen Santísima y a san José, sino hasta a tus mismos verdugos. Y ahora te veo colmar en la hostia la medida de tus anonadamientos. ¡Qué humildad la tuya, Rey de la gloria, al someterte a todos tus sacerdotes, sin hacer alguna distinción entre los que te amen y los que, por desgracia, son tibios o fríos en tu servicio…! A su llamada, tú bajas del cielo; pueden adelantar o retrasar la hora del santo sacrificio, que tú estás siempre pronto a su voz…Qué manso y humilde de corazón me pareces, Amor mío, bajo el velo de la blanca hostia! Para enseñarme la humildad, ya no puedes abajarte más. Por eso, para responder a tu amor, yo también quiero desear que mis hermanas me pongan siempre en el último lugar y compartir tus humillaciones, para “tener parte contigo” en el reino de los cielos. Pero tú, Señor, conoces mi debilidad. Cada mañana tomo la resolución de practicar la humildad, y por la noche reconozco que he vuelto a cometer muchas faltas de orgullo. Al ver esto, me tienta el desaliento, pero sé que el desaliento es también una forma de orgullo. Por eso, quiero, Dios mío, fundar mi esperanza sólo en ti. Ya que tú lo puedes todo, haz que nazca en mi alma la virtud que deseo. Para alcanzar esta gracia de tu infinita misericordia, te repetiré muchas veces: “¡Jesús manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo!”.
V. Compromiso
Reflexión:
¿En qué actitudes puedo ser más humilde?
¿De qué “lepra” me debe curar Jesús?
Acción:
Hacer examen de conciencia todos los días con una solo pregunta: ¿Hoy fui humilde?

Glorifico a Dios que me instruye en estas catequesis por medio de mi hijo.
Agradezco infinitamente el poder enriquecerme y ver el mensaje que cada domingo debo hacer vida.
Quiero ser mansa y humilde, Señor
Me gustaMe gusta