I. Experiencia de Vida
Déjenme iniciar con un cuento que se encuentra dentro de la colección de los mismos de Anthony de Mello, SJ en el libro El canto del Pájaro.
Un hombre se encontró un huevo de águila. Se lo llevó y lo colocó en el nido de una gallina de corral. El aguilucho fue incubado y creció con la nidada de pollos.Durante toda su vida, el águila hizo lo mismo que hacían los pollos, pensando que era un pollo. Escarbaba en la tierra en busca de gusanos e insectos, piando y cacareando. Incluso sacudía las alas y volaba unos metros por el aire, al igual que los pollos. Después de todo, ¿no es así como vuelan los pollos?Pasaron los años y el águila se hizo vieja. Un día divisó muy por encima de ella, en el límpido cielo, una magnífica ave que flotaba elegante y majestuosamente por entre las corrientes de aire, moviendo apenas sus poderosas alas doradas.La vieja águila miraba asombrada hacia arriba «¿qué es eso?», preguntó a una gallina que estaba junto a ella.«Es el águila, el rey de las aves», respondió la gallina. «Pero no pienses en ello. Tú y yo somos diferentes a él«.De manera que el águila no volvió a pensar en ello. Y murió creyendo que era una gallina de corral.
Toda nuestra vida crecemos pensando que encontraremos la satisfacción en ser gallinas persiguiendo el Honor, el Poder, el Placer o el Dinero, y creyendo que entre más cerca estemos de encontrar alguna de esas 4 cosas, más felices seremos, más como la gallina, no estamos creados para eso, estamos creados para darnos a los demás, darnos en el servicio, no a ser servidos. Es por eso que San Agustín abre muy bellamente sus Confesiones con la frase “nos creaste para ti y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti”
OK, entonces si no es el Honor, el Poder, el Placer o el Dinero, ¿Qué es? La liturgia de este domingo XIV del tiempo Ordinario nos invita a encontrar la felicidad, la trascendencia, el crecimiento a través de la humildad
II. Mensaje
- La palabra humildad, viene del latín humilitas (el sufijo itas indica “cualidad de ser”) y esta deriva de la palabra humus que significa tierra. Es decir es la cualidad de ser tierra. Esta relacionada con la aceptación de nuestras propias limitaciones, bajezas, sumisiones, rendimientos.
- Deja a Dios ser Dios, y tú sé un humano-humilde.
- La Antífona de Entrada nos pone un método para entender la humildad:
- Inicialmente no pide que meditemos.
- ¿Sobre qué? Los dones del amor de Dios. La Humildad – Nuestra Humanidad es un don De Dios.
- ¿Dónde debo meditar? En medio de tu templo.
- ¿Quién es ese templo? Tú, «nosotros somos templos de Dios»
- La Oración Colecta nos habla de las humildad de Cristo y su efecto:
- Por medio de la humillación de tu Hijo reconstruiste el mundo.
- Y para nosotros que nos rescataste de la esclavitud del pecado, déjanos disfrutar del gozo que no tiene fin.
- Dios nos creo de la tierra, de ahí que seamos humanos, de la tierra. Así el pecado original lo seguimos repitiendo al querer ser como Dios. (Génesis 3)
- Acabamos de celebrar el pasado 29 de junio la fiesta De San Pedro y San Pablo, que dejaron todo por el Maestro, por el Salvador, por Jesús, decidieron dejar su vida, ser humildes y dejarse guiar por el Espíritu.
- En muchas religiones se habla de la humildad como un don, una virtud, más Jesús lo pone como el camino para que se nos revele el Padre

III. Lectura de la Palabra, Reflexión y Explicación
La primera lectura de este domingo está tomada del libro del profeta Zacarias (9,9-10), y como en los últimos domingos, Dios nos explica sus métodos mediante paradojas, Paradojas Divinas.
La visión de los judíos, y de muchos de nosotros, es que un Rey debe ser poderoso, debe tener un gran ejército, muchos caballos, mucho tanques en la era moderna, más Zacarías nos dice que nos alegremos y de sobremanera por un rey humilde y que viene sentado en un burrito ¿QUÉ? ¿CÓMO? NO PUEDE SER. ¿Zacarías estaba borracho o qué le pasa?
En mi mente el Rey debe de venir en super mega coche, vestido con ropas super finas, mostrando todo su poder.
Pero el Rey del que habla Zacarías es humilde y viene en un burro, mmm, interesante. Además Él va a desaparecer las armas de lucha, los arcos y traerá La Paz, su poder se extenderá de mar a mar.
Esto me trae 2 reflexiones, una que para un Judío de hace 2500 años, como Zacarías, esto más que profecía parece un sueño guajiro, una locura, los Judíos del año 500 antes de Cristo son un pueblucho, que ha sufrido y ya no tiene el esplendor de las épocas de David, más las promesas de Dios, no se olvidan, como recitamos en el Salmo: “”Acuérdate, Señor, de tu misericordia”, y ahí viene mi segunda reflexión, si hoy Zacarías viera a la Iglesia que está en todo el mundo reconocería que parte de su profecía se cumplió, que el Reino De Dios ya está de “mar a mar” y “desde el gran río hasta los últimos rincones de la tierra”
En la Segunda Lectura, seguimos leyendo la Carta de San Pablo a los Romanos (8:9.11-13), y San Pablo nos pone un versus muy complejo cuando lo leemos deprisa, muy enriquecedor cuando lo leemos con calma.
Podemos vivir de 2 formas, como dioses o como hombres, si decidimos vivir como dioses nos podemos (y tristemente nos debemos) sujetar al desorden egoísta del pecado, mas si nos humillamos y somos hombres, el Espíritu De Dios, el Espíritu que resucitó a Jesús, entonces tendremos vida, y una vida eterna.
Se escucha tan sencillo, vivir de acuerdo al Espíritu. ¿Cada cuando tomamos decisiones conforme al Espíritu? ¿Cada cuanto somos lo suficientemente humildes para recitar la oración de San Ignacio: Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y mi poseer. Tú me lo diste, a Ti, Señor, lo retorno. Todo es tuyo: dispón a toda tu Voluntad. Dame tu Amor y tu Gracia, que esto me basta?
Llegamos al Evangelio, escrito por San Mateo (11: 25-30), y Jesús empieza con la clave para entender el resto de la lectura, agradeciendo y alabando al Padre por esconder estas cosas a los que se creen dioses, y revelándoselo a la gente humilde, a los humanos. Y, ¿dónde deja entonces Dios a hombres como Santo Tomás de Aquino, o a mi patrono San Carlos Borromeo, a Joseph Ratzinger: Benedicto XVI ó San Juan Pablo II, entre otros? Hombres con capacidades intelectuales extraordinarias, ¿no son estos los sabios de los que Jesús querían que se escondieran estas cosas? NO
Todos los grandes hombres de la Iglesia, los Doctores de la Iglesia, son hombres que no han escrito desde su capacidad, sino como nos dijo San Pablo en la segunda lectura, desde el Espíritu, ahora como dice el Principio de Pauli: “No pueden existir 2 seres en el mismo lugar en el mismo momento”, para que el Espíritu pueda trabajar en ti, debes de ser humilde y dejarte guiar por el Espíritu Santo.
Solo dejándonos dominar, controlar y dirigir por el Espíritu Santo, podemos conocer la Trinidad, que son un reflejo el uno del otro, por eso Jesús nos explica, que nadie puede ver al Padre, sino es por el Hijo, y no podemos ver al Hijo sino tenemos la Humildad de ser guiados por el Espíritu.
Jesús finaliza este texto con la Paradoja de la Humildad. Tomar una carga, tomar un Yugo, su Yugo para encontrar descanso ¿QUÉ? ¿CÓMO?
¿Qué es lo que hace que nuestras vidas sean pesadas y agobiadas? Precisamente cargar con nuestros propios egos, el peso de uno mismo, el peso de querer ser como Dios. Por el otro lado si te conectas al Yugo de Dios cuando estés empujando, Jesús está empujando junto contigo, de hecho Él estará haciendo el trabajo más duro.
Finalmente Jesús dice que aprendamos de Él, que es manso y humilde de corazón, es decir, no nos pide humildad o que tomemos su Yugo sin antes Él no haber hecho lo mismo con el Padre.
La Humildad es la invitación de Jesús a entrar en la Divinidad de la Trinidad.

IV. Oración
Oración para alcanzar la humildad de Santa Teresita del Niño Jesús
¡Jesús! Jesús, cuando eras peregrino en nuestra tierra, tú nos dijiste: “Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y vuestra alma encontrará descanso”.
Sí, poderoso Monarca de los cielos, mi alma encuentra en ti su descanso al ver cómo, revestido de la forma y de la naturaleza de esclavo, te rebajas hasta lavar los pies a tus apóstoles. Entonces me acuerdo de aquellas palabras que pronunciaste para enseñarme a practicar la humildad: “Os he dado ejemplo para que lo que he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. El discípulo no es más que su maestro… Puesto que sabéis esto, dichosos vosotros si lo ponéis en práctica”. Yo comprendo, Señor, estas palabras salidas de tu corazón manso y humilde, y quiero practicarlas con la ayuda de tu gracia.Quiero abajarme con humildad y someter mi voluntad a la de mis hermanas, sin contradecirlas en nada y sin andar averiguando si tienen derecho o no a mandarme. Nadie, Amor mío, tenía ese derecho sobre ti, y sin embargo obedeciste, no sólo a la Virgen Santísima y a san José, sino hasta a tus mismos verdugos. Y ahora te veo colmar en la hostia la medida de tus anonadamientos. ¡Qué humildad la tuya, Rey de la gloria, al someterte a todos tus sacerdotes, sin hacer alguna distinción entre los que te amen y los que, por desgracia, son tibios o fríos en tu servicio…! A su llamada, tú bajas del cielo; pueden adelantar o retrasar la hora del santo sacrificio, que tú estás siempre pronto a su voz…Qué manso y humilde de corazón me pareces, Amor mío, bajo el velo de la blanca hostia! Para enseñarme la humildad, ya no puedes abajarte más. Por eso, para responder a tu amor, yo también quiero desear que mis hermanas me pongan siempre en el último lugar y compartir tus humillaciones, para “tener parte contigo” en el reino de los cielos.Pero tú, Señor, conoces mi debilidad. Cada mañana tomo la resolución de practicar la humildad, y por la noche reconozco que he vuelto a cometer muchas faltas de orgullo. Al ver esto, me tienta el desaliento, pero sé que el desaliento es también una forma de orgullo. Por eso, quiero, Dios mío, fundar mi esperanza sólo en ti. Ya que tú lo puedes todo, haz que nazca en mi alma la virtud 4 que deseo. Para alcanzar esta gracia de tu infinita misericordia, te repetiré muchas veces: “¡Jesús manso y humilde de corazón, haz mi corazón semejante al tuyo!”.
V. Compromiso
Reflexión:
¿Qué actos de humildad son constantes en mi vida? ¿En qué actos busco ser como Dios? ¿Se reconocer cuando cometo un pecado contra la humildad?
Acción:
Pensar, en familia, que actos de humildad podemos realizar.
Personalmente, rezar la oración de Santa Teresita del Niño Jesús al iniciar el día.

Este alimento espiritual me fortalece en la fe y en el amor a Dios. Me compromete a dar pasos para alcanzar la santidad
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