¿Recuerdas cuando esperábamos ansiosos que alguien tocara la puerta? Teníamos que estar atentos a cada ruido: el timbre, el teléfono… No había manera de saber si la persona estaba muy lejos o ya a la vuelta de la esquina.
¡Pero bendita tecnología que inventó la ubicación en tiempo real! Ya no solo nos envía la posición exacta de alguien; nos permite rastrear su movimiento preciso, como un radar. Ahora, si esperamos a alguien, le pedimos la ubicación en tiempo real y sabemos exactamente por dónde viene. Esto se vuelve invaluable al pedir un taxi de plataforma, un paquete o un pedido de comida, e incluso nos ayuda a cuidar de nuestros hijos.
📍 Sugerencia a Jesús
Se me ocurre: ¿por qué no le sugerimos a Jesús que aproveche esta tecnología y nos mande también su ubicación en tiempo real?
Digo, porque desde que se fue hace 2000 años, nos prometió que volvería «pronto». Desde entonces, generaciones de cristianos lo hemos estado esperando. Algunos, asustados y creyendo que su llegada es inminente, siembran confusión y miedo, y al final, no llega. Y la mayoría simplemente se olvidó de esperarlo y vive desentendida, como si nunca fuera a venir.
¿Te imaginas que a todos nos llegara a WhatsApp la ubicación en tiempo real de Cristo? Podríamos saber cuánto le falta para volver y si ya debemos prepararnos o si todavía podemos hacer planes.
🧭 La Verdadera Ubicación
Es interesante, pero sabemos que Dios no se maneja así. Él sabe bien que estaríamos más pendientes de vigilar por dónde viene que de ocuparnos en lo que nos encomendó. O peor aún, que solo nos empezaríamos a preparar cuando estuviera prácticamente aquí.
Pero, esperemos un momento: si esperamos que venga, ¿es que está ausente o lejano?
En realidad, Él ya está aquí de tantas maneras: en la Santa Eucaristía, en el prójimo necesitado, en los consagrados, en su creación, en tu corazón. Lo que estamos esperando es que se manifieste definitivamente.
Lo que nos toca ahora es vivir el Evangelio, no para que llegue, sino porque ya está entre nosotros.
🎯 La Misión del Adviento
Si de ubicación se trata, Jesús no necesita mandarnos su ubicación ya está en tu corazón, en la Iglesia, en el necesitado, en tu projimo.
Pero… y tu ubicación?
El Adviento es para que Dios te mande tu ubicación, para que te ubiques y te orientes sobre el camino que debes seguir:
- Ubícate ya: ¿Quién eres? ¿Qué se espera de ti? ¿Qué cuentas has de dar en esta etapa de tu vida?
- Ubícate en el momento histórico que estamos viviendo: ¿Qué respuestas espera de nosotros?
- Ubícate en el camino que estás llevando: ¿Te está conduciendo a donde debes llegar, o andas bastante perdido?

La Palabra de Dios nos hace un llamado: «¡Despierten!». Es otra manera de ubicarse y redirigir si es necesario.
No hagamos del Adviento una temporada de excesos y distracciones. El mundo te invita a eso, pero el espíritu cristiano del Adviento nos lleva por la senda de la reflexión y la conversión. Reflexión para ubicarnos dónde estamos y conversión por si hemos perdido el rumbo.
El Mensaje Inequívoco
Jesús no va a mandarnos su ubicación para decirnos por dónde viene. Pero sí nos permite encender la primera vela de la Corona de Adviento, que es la única señal que necesitamos.
Con esta vela encendida, nos está diciendo: «Vengo pronto. Prepárate.»
