La Oración después de la comunión de este Domingo XV del tiempo ordinario dice:
Alimentados con los dones que hemos recibido, te suplicamos, Señor, que, participando frecuentemente de este sacramento, crezcan los efectos de nuestra salvación.
Pero, ¿Qué son los efectos de nuestra salvación?
Para contestar dicha pregunta, primero debemos entender como se obtiene la salvación: La salvación es lograda por la vida, muerte y resurrección de Jesucristo.
En 1999, la Iglesia Católica y los luteranos firmaron un acuerdo muy importante llamado «Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación«, en su numero 16 estipulan:
Todas las personas son llamadas por Dios a la salvación en Cristo.
Solo por medio de Cristo somos justificados, cuando recibimos esta salvación por fe.
La fe es en sí misma un don de Dios mediante el Espíritu Santo, que obra mediante la palabra y los sacramentos en la comunidad de creyentes y que, a la vez, los conduce a esa renovación de vida que Dios completará en la vida eterna.
Dicha salvación tiene múltiples efectos profundos en la vida de los creyentes. Estos efectos se manifiestan tanto en la relación con Dios como en la vida terrenal y la esperanza de la vida eterna.
Ya he explicado en algunas entradas previas, que no debemos confundir medios, con fines y menos con consecuencias (o efectos).
El fin último del Cristiano es la salvación, entendida como la unión perfecta con Dios, la participación en la vida divina, y la glorificación de Dios en todas las cosas. Es por eso que el numero 1024 del Catecismo de la Iglesia Católica dice:
El cielo es el fin último y la realización de las aspiraciones más profundas del hombre, el estado supremo y definitivo de dicha.
Efectos de la Salvación
Permitanme compartirles 6 efectos de la salvación que Cristo obtuvo para nosotros.
- Perdón de los Pecados. No puede existir una unión perfecta con Dios si existe pecado, por lo que un efecto de la salvación es el perdón de los pecados
- Reconciliación con Dios y la Iglesia. Por el pecado original hay una divisón con Dios y con la humanidad, pero la salvación, obtenida por Cristo, nos reconcilia no solo con Dios, sino que tambien con su Iglesia.
- Justificación y Renovación Interior. La justificación no es meramente un acto legal, sino una renovación interior del ser humano. El CIC en su numero 1989 explica: “La justificación no es solo remisión de los pecados, sino también santificación y renovación del interior del hombre” (Concilio de Trento: DS 1528).
- Adopción como Hijos de Dios y Coherederos con Cristo. Cristo fue enviado por el Padre para que fuéramos adoptados como hijos. Si creemos en su nombre con fe viva, Él nos da el poder de ser hechos hijos de Dios, entrando así en la familia de Dios. Al volvernos hijos del Padre en el Hijo, somos también «herederos de Dios y coherederos con Cristo». Esto significa que compartimos la herencia de Cristo y somos «ciudadanos del cielo».
- Victoria sobre la Muerte y Esperanza de la Resurrección. Jesús, con su muerte y resurrección, ha roto las cadenas del pecado y la muerte que ataban a la humanidad. Cristo es la resurrección y la vida, y quien cree en Él, aunque muera, vivirá. El credo culmina en la proclamación de la resurrección de los muertos en el último día y en la vida eterna.
- Participación en la Vida de Dios y la Vida Eterna. Los Cristianos son salvados no solo en el alma sino también en el cuerpo. Por lo que la vida que viviremos en plenitud en el cielo, la debemos de empezar a vivir ya en la tierra.
¿Qué involucra todo esto en mi vida?
Experimentar estos seis hermosos efectos de la salvación —el perdón de los pecados, la reconciliación con Dios y la Iglesia, la justificación y renovación interior, la adopción como hijo de Dios, la victoria sobre la muerte con esperanza de resurrección, y la participación en la vida de Dios y la vida eterna— implica una respuesta activa de nuestra parte.
Para nutrir esta vida de gracia y obtener estos dones, Cristo nos invita a alimentarnos con la Eucaristía lo más frecuentemente posible.

