ESCATOLOGÍA CRISTIANA

EL HOMBRE, UN SER ESCATOLOGÍCO

La acción del hombre sobre el mundo lleva pues aparejada la imposibilidad de quedar plenamente satisfecho, porque su aspiración fundamental de superarse a sí mismo no puede ser colmada dentro del horizonte de este mundo. Por eso la esperanza del hombre -que radica en lo ilimitado de su espíritu- debe extenderse hasta el final de los tiempos. Por eso la famosa frase de San Agustín: «Nos hiciste, Señor, para Ti; y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti» (Confesiones, I, 1)

Miguel Ángel, al final de su vida, cuando vio que por más que sus obras fueran perfectas, nunca realmente iba a lograr la perfección… “dejó obras inacabadas» … para el ya estaban acabadas, era su forma de decir aún llegando a la perfección… Nunca lograre la perfeccion. «Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial» (Mt 5,48)

¿QUE ES ESCATOLOGÍA? 

La palabra «Escatología» deriva del griego ta eskata, que significa «cosas últimas»; fue traducida al latín en la versión de la Biblia llamada «La Vulgata» como novissima, significando lo más nuevo, las cosas más recientes; en tiempos pasados se escribió un tratado teológico relativo a este tema, por lo que se le llamó «De Novissimis» y también «De Extremiss».

Un cristianismo que no es total y absolutamente escatológico, está totalmente y absolutamente alejado de Cristo

Ahora, para poder entender que pasará cuando llegue ese momento, en el que etemos en las sosas ultimas, debemos verlo en aquel hombre que nos mostro como será la vida despues de la muerte: Cristo.

Cur Deus Homo (Cómo Dios llegó a ser Hombre); Dios se hizo hombre para que el hombre pudiera participar de Dios: Soteriología. 

ESCATOLOGÍA Y CRISTOLOGÍA

El estudio de la Escatología nos ayuda a devolver a la figura de Cristo su aspecto soteriológico, o sea salvífico; de esta manera la Cristología y la Escatología quedan íntimamente unidas. La Cristología ve más el aspecto objetivo de la Soteriología, y la Escatología se fija más en el subjetivo.

El acontecimiento de Cristo, desde su encarnación hasta su resurrección, es pues la única base que tenemos para hablar de las realidades últimas; por eso es impensable que exista una Escatología desligada de la Cristología

Lo más que podríamos decir es que la resurrección de Cristo es un acontecimiento meta histórico porque, sin ser histórico, toca a la historia en cuanto contribuye a modificar los acontecimientos de este mundo y ha sido percibido en sus efectos.
Pero haríamos mejor en decir que es un acontecimiento escatológico.
La resurrección de Cristo es final no en sentido cronológico, por ser lo último, sino en sentido cualitativo, por ser algo en sí mismo insuperable y, por tanto, definitivo.

EL HOMBRE Y SU SENTIDO

El hombre no puede resignarse a desaparecer en la nada porque lleva en su conciencia la aspiración a continuar siendo él mismo.

Si la nada fuera la etapa final de la vida, la existencia humana quedaría totalmente privada de sentido y no sería más que una ilusión inútil. 

Pero no es así, si el hombre sufre la muerte como experiencia límite de su existencia es porque anhela seguir viviendo y porque la muerte lo desvincula de ese contacto sensible con el mundo y con los otros seres humanos, contacto que le es necesario para tener conciencia de sí mismo

El «hombre de Neanderthal», era sepultado, hace más de 40,000 años, junto con alimentos y algunas herramientas de piedra propias de la época; esto permite comprender que ya aquellas antiguas gentes creían que el muerto había de aprovecharlas en su vida futura.

CONCIENCIA DEL SER Y EXISTIR

En la conciencia de la existencia humana como persona relacionada 

con el mundo, con los otros seres humanos y con la historia, 

El hombre está llamado a confiar en la esperanza, y frente a este dinamismo impreso en la naturaleza humana, tanto a nivel personal como colectivo, sólo son posibles tres respuestas:

  1. Ultimum sin novum: Una primera respuesta consistiría en llegar a un máximo de desarrollo personal, lo que implica bienestar, crecimiento humano, ecológico y cósmico. En este caso se daría un ultimum pero sin ningún novum. De ser así, la respuesta no sería trascendente, sino que se encontraría virtualmente ya presente en la propia persona o en toda la humanidad en este mundo, y para hacerla realidad solamente bastaría con desarrollarla al máximo.
  2. Dinamismo absurdo: Una segunda respuesta consistiría en pensar que ese dinamismo impreso en la estructura humana es absurdo, que no llega a ninguna parte, que no tiene respuesta. De ser así, resultaría absurdo que el hombre siempre estuviera deseando conquistar nuevas metas hasta que la muerte pusiera punto final a sus deseos. 
  3. Ultimum con novum: La solución cristiana es precisamente escatológica y declara que existe un novum trascendente que da sentido a ese dinamismo; ese novum es Cristo como Eskaton (lo máximo, lo perfecto, lo último de la salvación que Dios pueda ofrecer al hombre ), como plenitud que da sentido al hombre, a la historia y al mundo. Ese novum no está dentro de la historia sino que la trasciende, viene de Dios hecho hombre, viene de Cristo.

Dentro de esta tercera opción, el hablar del Eskaton se convierte no sólo en algo útil para el hombre sino también en algo imprescindible: Si el hombre quiere encontrar respuesta al dinamismo más profundo de su ser necesita encontrarse con Cristo como Eskaton. La estructura de espíritu encarnado que se encuentra en cada persona hace posible para el hombre la realidad del Eskaton y de la Escatología.

¿QUÉ HAY DESPUES DE LA MUERTE?

Al morir una persona deja de tener capacidad para realizar acciones que puedan llevarla a la salvación o a la condenación eterna; sin embargo en el mundo seguirán actuando sus obras, las buenas y las malas, puesto que su efecto no necesariamente terminará con la vida de su autor. 

También hay que tomar en cuenta los ruegos, oraciones, sacrificios y sacramentos que los vivos ofrecen a Dios por intermedio de Jesucristo para la salvación de sus muertos, pues es necesario recordar que la eficacia de los sacramentos radica en que es Cristo mismo quien actúa a través de ellos.

En sentido negativo morir implica que ya nadie puede hacer nada por su propia salvación, pero sí lo pueden hacer las obras que haya dejado detrás, las cuales, seguirán actuando para llevar a otros hacia el bien o hacia el mal.

EL PURGATORIO

Significa la posibilidad que por gracia de Dios se concede al hombre de madurar radicalmente luego de morir. 

Es el proceso, doloroso como todos los procesos de ascensión y educación, por medio del cual el hombre al morir actualiza todas sus posibilidades y se purifica de todas las marcas con las que el pecado ha ido estigmatizando su vida, sea mediante la historia del pecado y sus consecuencias o sea por los mecanismos de los malos hábitos adquiridos a lo largo de la vida.

Diversos pasajes del Nuevo Testamento ratifican la exigencia de una total pureza para poder participar de la vida eterna, por ejemplo «Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios» (Mt 5,8); «Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial» (Mt 5,48); «Nada profano entrará en ella (en la Nueva Jerusalén)» (Ap 21,27).  

En 2 Sam 12,13ss se recoge un caso típico de separación entre culpa y pena, allí el perdón de Dios no exime a David de sufrir el castigo de su pecado.

 Las tres notas que integran el concepto dogmático del purgatorio son:

  1. La existencia de un estado en el que los difuntos no enteramente limpios de culpa son «purificados»;
  2. El carácter penal de ese estado, si bien no llega a precisar en qué consisten concretamente esas penas;
  3. La ayuda que los sufragios de los vivos prestan a los difuntos que se encuentran en ese estado de purificación.

El redactor del texto de los Macaboes (2 Mac 12,40-46), no solamente alaba la acción sino también la persuasión de Judas, lo que no podría haber hecho si el modo de pensar de Judas Macabeo hubiera sido equivocado. 

Los elementos esenciales del pensamiento de Judas Macabeo son 

  1. Que los difuntos no han muerto en estado de condenación o enemistad con Dios; 
  2. Que sin embargo les falta todavía algo para ser salvados; 
  3. Que todo se hace pensando en su resurrección, para que en ella reciban la misma suerte que los demás judíos piadosos.

LA CONDENACIÓN

Mientras que el triunfo de Cristo y de los suyos es una certeza de fe absoluta de la historia y de la comunidad humanas, la condenación es una posibilidad factible solamente en casos particulares.

Una de las más fuertes convicciones del Antiguo Testamento es la bondad de Dios y de sus obras, por eso el Génesis dice, «Dios vio que era bueno todo cuanto había hecho…» (Gn 1); y el libro de Sabiduría «…no fue Dios quien hizo la muerte ni se recrea en la destrucción de los vivientes» (1,13); y en el profeta Ezequiel, que «no quiere la muerte del pecador, sino que se convierta y viva» (18,23).

En el Nuevo Testamento la condenación eterna se encuentra formulada con una serie de expresiones que significan, dentro de su variabilidad, la negación de aquella comunión con Dios que constituye la bienaventuranza de los muertos. Se habla de perder la vida en Mc. 8,35; de que los pecadores son echados fuera de la mesa del banquete en (Lc 13,28-29); de que las vírgenes necias quedan fuera del convite de bodas (Mt 25,10-12). Pablo habla de no heredar el Reino (1 Cor 6,9-10) y el apóstol Juan de no ver la Vida (3,6). Se habla así de la «gehenna del fuego» (Mc 18,9), del «horno de fuego» (Mt 13,50); del «fuego que no se apaga» (Mc 9,43.48); del «llanto y rechinar de dientes» (Mt 13,42); del «fuego que arde con azufre» (Ap 19,20)

Es evidente que este estado de la muerte es tan definitivo e irrevocable como el de la vida eterna. El calificativo de «eterno» tiene la misma significación cuando se aplica a la salvación que cuando se refiere a la condenación del finado.

La preponderancia de la imagen del fuego se explica mejor en el ambiente palestino, donde el destino final de la basura y de las cosas inservibles era el fuego; así por ejemplo, el árbol que no da fruto será echado al fuego (Mt 3,10); lo mismo sucederá con la paja, una vez que haya sido separada del trigo (Mt 3,12); pero para nosotros el significado más obvio de que alguien sea echado al fuego es que las quemaduras que reciba le produzcan un dolor sumamente agudo y penetrante.

EL CONCEPTO DE ETERNIDAD

Si alguno dice o siente que el castigo de los demonios o de los hombres impíos es temporal y que en algún momento tendrá fin, o que se dará la reintegración de los demonios o de los hombres impíos, sea anatema (condenada por la Iglesia en el sínodo de Endemousa el año 543)

¿Qué significa la pena del fuego eterno?… todo pecador enciende para sí mismo la llama del propio fuego. No que sea inmerso en un fuego encendido por otros y existente antes de él, sino que el alimento y materia de ese fuego son nuestros pecados… Así, el fuego infernal de la Escritura es símbolo del tormento interior del condenado, afligido por su propia deformidad y desorden

En el año 1215, la Iglesia emitió una profesión de fe, esta declaración la hizo el concilio en contra de una doctrina que no admitía otro estado de purificación que el de la encarnación, y al respecto decían sus seguidores que las almas de los pecadores sufrirían tantas encarnaciones como fueran necesarias para librarse de sus culpas.

LA SALVACION

Si la Iglesia ha considerado herética la doctrina que atribuye a Dios la voluntad de condenar al hombre, habrá que buscar en el hombre la causa por la que existe el infierno; por eso en Jn 3,17ss. se habla de que la muerte eterna brota de las profundidades de la opción humana, de modo que el juicio de condenación será más bien auto juicio. Ya que aquel que quiera ser juzgado por Cristo, será salvado.

De manera general los jueces pueden llevar a cabo tres acciones distintas durante el ejercicio de su profesión, estas son: 

  1. Condenar y castigar los delitos cometidos; 
  2. Defender los derechos que se encuentren en litigio; y 
  3. Premiar a los participantes que triunfan en los certámenes.

Las funciones que forman parte del título de juez aplicado a Yahveh por el Antiguo Testamento corresponden a la primera y segunda de las acciones que antes mencionamos; 

En cambio el título de juez aplicado a Jesucristo en el Nuevo Testamento se refiere a la primera y con frecuencia a la tercera de ellas

RESURRECCIÓN DE LOS MUERTOS 

La diferencia entre la inmortalidad del alma y la resurrección de los muertos es demasiado significativa para pasarla por alto: 

Con la inmortalidad del alma se afirma que su misma existencia actual perdurará viviendo eternamente, 

Con la resurrección de los muertos lo que se afirma es la divinización o glorificación del ser humano con cuerpo y alma, que así alcanzará una vida plena semejante a la que recibió la humanidad de Jesucristo al resucitar. 

El Nuevo Testamento proclama como esperanza específicamente cristiana la resurrección de los muertos, doctrina que la Carta a los Hebreos menciona como uno de los temas fundamentales de la catequesis en los primeros años de vida de la Iglesia (6,1-2). 

Con el tiempo la esperanza de la resurrección fue sustituida por la convicción de que el alma es inmortal. La razón que hubo para ello se encuentra en el desprecio filosófico y moral que la cultura griega sentía hacia el cuerpo material en comparación con el espíritu que lo anima.

EL CUERPO GLORIOSO

Cuando Pablo habla del cuerpo resucitado no piensa en la reanimación de un cadáver, ni que la identidad de la persona se base en la continuidad material entre el cuerpo presente y el futuro, 

La identidad entre el cuerpo presente y el futuro resucitado, no se basa en la continuidad de la misma materia, puesto que ni siquiera en la presente existencia se da esa identidad. Nuestra materia carnal de hoy no es la misma de hace algunos años porque nuestras células están continuamente cambiando, unas mueren mientras que otras nuevas aparecen, de manera que al cabo de cierto número de años tenemos células que son totalmente distintas de las anteriores, y nuestra materia ya es otra

«…¿Cómo resucitan los muertos?… lo que tú siembras no revive si no muere, y lo que siembras no es el cuerpo que va a brotar, sino un simple grano de trigo, por ejemplo, o de otra planta. Y Dios le da un cuerpo a su voluntad: a cada semilla un cuerpo peculiar… Así también en la resurrección de los muertos, se siembra corrupción, resucita incorrupción… se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual…» (1 Cor 15,35ss).

CONCLUSIÓN

En rigor Cristo nunca se ha marchado del mundo. 

La ascención de Jesús no ha inaugurado un vacío cristológico en la historia de la humanidad, por el contrario, la fe cristiana confiesa una presencia real y actual de Cristo en el mundo y en la historia, presencia que se ubica concretamente en los sacramentos. 

No habrá, pues, dos venidas de Cristo al mundo, sino solamente una que ya ocurrió en la Encarnación; a partir de ella su presencia se va desplegando desde su sacrificio como Siervo de Dios hasta su glorificación como Cristo Resucitado, y luego 

Hasta su manifestación gloriosa o Epifanía en la Parusía.

Publicado por Juan Carlos Carrillo

Juan Carlos Carrillo es un predicador Católico. Ha trabajado para distintos movimientos religiosos, como el Regnum Christi, Familia Educadora en la Fe, la Arquidiócesis de Tlalnepantla, entre otros. Juan Carlos inicio su formación religiosa en Familia Educadora en la Fe desde los 3 años. A los 13 años se convirtió en animador de grupos juveniles. A los 19 años entro al movimiento Regnum Christi donde se encargo en durante varios años de los Círculos de Estudios, Horas Eucarísticas y Retiros. A los 24 años se convirtió en el Vice-Coordinador Nacional de Universitarios del Movimiento Familia Educadora en la Fe y a los 27 tomo la responsabilidad como Coordinador Nacional de Juveniles del mismo movimiento. Juan Carlos se dedica a dar charlas, conferencias y catecismo a jóvenes y adultos buscando que encuentren el amor de Dios en sus vidas.

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