La inclinación de la cabeza en el Credo es una forma de mostrar respeto y adoración al misterio de la Encarnación, es decir, cuando el Hijo de Dios se hizo hombre en el seno de la Virgen María por obra del Espíritu Santo. Esta costumbre la instituyó el papa Gregorio X en el siglo XIII y está inspirada en la Biblia: «Al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos» (Filipenses 2, 10)
Hay dos días al año en que en vez de inclinar la cabeza, hay que arrodillarse al decir esas palabras:
- La Solemnidad de la Anunciación del Señor, y
- La Solemnidad de la Natividad del Señor
Esto es para expresar una mayor reverencia y honor al gran momento de la historia, a «la plenitud de los tiempos»
Et Verbum caro factum est (el Verbo se hizo carne). Con la Encarnación de Jesucristo, Dios entró en el tiempo y en el espacio, y nos dio a conocer su verdadero rostro y el verdadero rostro del hombre.
Es por este motivo, que cuando en la misa se reza el Credo debemos de inclinar la cabeza en las palabras “Y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre”, como un signo de reverencia y de honor al gran momento de la historia, a “la plenitud de los tiempos”
Dicha inclinación de la cabeza es un movimiento simple que se usa en muchas culturas diferentes como signo de respeto y que tiene su propio lugar dentro de la liturgia católica.
La Instrucción General del Misal Romano (IGMR) explica: “Con la inclinación se significa la reverencia y el honor que se tributa a las personas mismas o a sus signos. Hay dos clases de inclinaciones, es a saber, de cabeza y de cuerpo [también llamada inclinación profunda]”.
La IGMR establece, pues, varios momentos durante la Misa cuando los presentes deberían inclinarse.
- Durante el Credo – “El Símbolo se canta o se dice por jel sacerdote juntamente con el pueblo (cfr. n 68) estando todos de pie. A las palabras: y por la obra del Espíritu Santo, etc., o que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, todos se inclinan profundamente; y en la solemnidades de la Anunciación y de Navidad del Señor, se arrodillan” (IGMR 137).
- Después de la consagración (si no se está de rodillas) –“[Los fieles] estarán de rodillas, a no ser por causa de salud, por la estrechez del lugar, por el gran número de asistentes o que otras causas razonables lo impidan, durante la consagración. Pero los que no se arrodillen para la consagración, que hagan inclinación profunda mientras el sacerdote hace la genuflexión después de la consagración” (IGMR 43).
- Antes de recibir la Sagrada Comunión – “Cuando comulgan estando de pie, se recomienda que antes de recibir el Sacramento, hagan la debida reverencia” (IGMR 160).
- Durante una bendición solemne al final de la Misa – “Si se emplea la oración sobre el pueblo o la fórmula de bendición solemne, el diácono dice: Inclínense para recibir la bendición” (IGMR 185).
- Al escuchar el nombre de Dios o de santos específicos – “La inclinación de cabeza se hace cuando se nombran al mismo tiempo las tres Divinas Personas, y al nombre de Jesús, de la bienaventurada Virgen María y del Santo en cuyo honor se celebra la Misa” (IGMR 275).

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