¿Por qué celebrar la alegría en el Adviento? III Domingo de Adviento

Llegamos al 3er domingo de adviento, y se nos inivta a reflexionar sobre la Alegría.

Los humanos ante el mismo evento podemos sentir distintas emociones. En el Evangelio del 3er domingo de Adviento un evento que debe causar alegría, causa miedo/temor a los escribas, fariseos y sacerdotes. ¿Por qué?

La coexistencia de emociones como el miedo y la alegría frente a las mismas circustancias se debe a nuestra escala de valores, patrones de vida, y la subjetividad de las respuestas emocionales. Las emociones no son respuestas automáticas e inequívocas; están influenciadas por diversos factores, incluidas las experiencias pasadas, las creencias personales y el contexto específico.

Por ejemplo, la llegada de un bebé suele traer alegría por varias razones. En un contexto personal, la llegada de un bebé a una familia a menudo se percibe como un regalo, una nueva vida que enriquecerá las experiencias y relaciones familiares. La idea de la continuidad y crecimiento de la familia puede ser emocionante. Es muy triste que en el mundo actual, esto no sea visto así.

La llegada de un bebé simboliza la renovación de la vida, la esperanza y el futuro. La inocencia y la fragilidad asociadas con los bebés suelen despertar sentimientos de ternura y cuidado en las personas, contribuyendo a la alegría general ante su llegada. Además, la idea de la nueva generación y la oportunidad de influir en la vida de una persona desde el principio puede generar un sentido profundo de alegría y responsabilidad.

¿Qué emoción nos trae el nacimiento de Jesús?

Si estamos más emocionados por la fiesta, los regalos o las vacaciones, no hemos entendido el significado de la Navidad y por lo tanto la alegría que debe surgir en nuestro corazón por la Encarnación de Dios.

¿Por qué celebramos la Navidad el 25 de Diciembre?

La celebración de la Navidad el 25 de diciembre tiene raíces históricas y litúrgicas. Aunque la fecha exacta del nacimiento de Jesús no está registrada en la Biblia, la elección del 25 de diciembre está vinculada a tradiciones cristianas y a la liturgia de la Iglesia.

La Vigilia de Navidad:

  • La liturgia católica y de muchas otras denominaciones cristianas incluye la celebración de la Vigilia de Navidad. Esta es una tradición que se remonta a la práctica de esperar y celebrar la medianoche, el momento que marca el inicio del día de Navidad.

La conexión con la festividad romana del solsticio de invierno:

  • En el pasado, la fecha del 25 de diciembre también estaba relacionada con la festividad romana del solsticio de invierno, conocida como «Natalis Solis Invicti» (Nacimiento del Sol Invicto). Al adoptar esta fecha, la Iglesia buscó redimir y cristianizar una festividad ya arraigada en la cultura.

Simbolismo teológico:

  • La elección del 25 de diciembre se conecta con la simbología teológica de que Jesús es la luz que llega a la oscuridad del mundo. La medianoche, el momento en que se celebra la Navidad, simboliza la transición de la oscuridad a la luz.

¿Cuál es el mensaje que la Iglesía nos transmite sobre la Alegría Cristiana?

El Catecismo de la Iglesia Católica aborda el tema de la alegría en varios lugares, destacando su importancia en la vida cristiana. Aquí hay algunas referencias relevantes:

Alegría como fruto del Espíritu Santo:

  • El Catecismo menciona que la alegría es uno de los frutos del Espíritu Santo. Se asocia con las bienaventuranzas que Jesús proclama en el Sermón de la Montaña (Catecismo de la Iglesia Católica, 1832).

Alegría en la oración:

  • Se destaca que la alegría puede experimentarse en la oración, especialmente en la contemplación de la Trinidad y la participación en la vida divina (Catecismo de la Iglesia Católica, 2715).

Alegría en la esperanza cristiana:

  • El Catecismo resalta que la esperanza cristiana conlleva una alegría que supera las tribulaciones, ya que está arraigada en la confianza en la salvación y en la fidelidad de Dios (Catecismo de la Iglesia Católica, 1821-1822).

Por lo tanto la esperanza de la llegada de Jesús debe generar en nosotros: Alegría.

La Antifona de la. Comunión es muy clara: Isaías 35:4:

Digan a los de corazón tímido:
«Esfuércense, no teman,
Pues su Dios viene con venganza;
La retribución[a] vendrá de Dios mismo,
Mas Él los salvará».

Este versículo es un mensaje de aliento y esperanza. Isaías está dirigido a aquellos que están desanimados y con el corazón apagad, es decir, debilitado o desfallecido. La exhortación es clara: «Esfuércense, no teman«. La razón para no temer es que Dios vendrá con retribución y pago, lo que sugiere la idea de justicia y salvación.

En el contexto más amplio de Isaías, estos versículos son parte de la profecía que describe la restauración y el consuelo que Dios traerá a su pueblo. La promesa de la venida de Dios para salvar simboliza la intervención divina y el restablecimiento de la esperanza para aquellos que confían en Él.

San Agustín, abordó temas relacionados con la alegría y el Adviento en varias de sus obras. Uno de los aspectos que Agustín destacó fue la conexión entre la alegría y la esperanza cristiana durante la temporada de Adviento.

En sus sermones y escritos, Agustín enfatizó la alegría como respuesta a la llegada de Cristo, tanto en su encarnación pasada como en su prometida segunda venida. La alegría del Adviento para Agustín se basaba en la creencia en la redención a través de Cristo y la esperanza en la plenitud del Reino de Dios.

La liturgia de la palabra en el tercer domingo de Adviento se centra en la alegría y la anticipación propia de este tiempo de preparación para la venida de Cristo. También se conoce como «Gaudete» (domingo de la alegría). Las lecturas suelen destacar la esperanza y la llegada del Salvador, invitando a los fieles a regocijarse en la proximidad de la celebración de la Navidad. La lectura del Evangelio puede referirse a Juan el Bautista y su papel como precursor de Jesús, enfatizando la alegría que trae la venida del Mesías.

El Salmo de este domingo, es tomado del Evangelio de San Lucas, y nos repite la frase: «Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador» y es parte del cántico de María, conocido como el Magníficat. María, la madre de Jesús, pronuncia estas palabras en respuesta a la visita de su pariente Isabel y al anuncio del Ángel Gabriel sobre su concepción milagrosa.

María reconoce a Dios como su Salvador en este cántico porque ella, siendo una criatura humana, reconoce su necesidad de redención y salvación. Aunque María es elegida para ser la madre de Jesús, el Hijo de Dios, ella reconoce que su propia salvación proviene de Dios. La alegría que María experimenta no solo se debe a la alegría maternal, sino también a la comprensión de que Dios está obrando en la historia de la salvación a través de su vida y la llegada de Jesucristo, el Salvador del mundo.

La creencia de que Juan el Bautista podría ser Elías se basa en una interpretación de la profecía del Antiguo Testamento. En el libro del profeta Malaquías (Malaquías 4:5), se menciona que Elías vendría antes del «día del Señor», preparando el camino para el Mesías. Dado que Juan el Bautista apareció como un predicador carismático y ascético, la gente hizo la conexión entre él y la figura de Elías, esperando el cumplimiento de la profecía.

Jesús mismo hace referencia a esta conexión entre Juan el Bautista y Elías en el Evangelio, indicando que, en un sentido espiritual, Juan cumplía la función de precursor (Mateo 11:14). Aunque Juan negó ser literalmente Elías resucitado, la expectativa mesiánica de la llegada de Elías influyó en la percepción de la gente hacia él.

Publicado por Juan Carlos Carrillo

Juan Carlos Carrillo es un predicador Católico. Ha trabajado para distintos movimientos religiosos, como el Regnum Christi, Familia Educadora en la Fe, la Arquidiócesis de Tlalnepantla, entre otros. Juan Carlos inicio su formación religiosa en Familia Educadora en la Fe desde los 3 años. A los 13 años se convirtió en animador de grupos juveniles. A los 19 años entro al movimiento Regnum Christi donde se encargo en durante varios años de los Círculos de Estudios, Horas Eucarísticas y Retiros. A los 24 años se convirtió en el Vice-Coordinador Nacional de Universitarios del Movimiento Familia Educadora en la Fe y a los 27 tomo la responsabilidad como Coordinador Nacional de Juveniles del mismo movimiento. Juan Carlos se dedica a dar charlas, conferencias y catecismo a jóvenes y adultos buscando que encuentren el amor de Dios en sus vidas.

Deja un comentario