I. Experiencia de Vida
Tengo la bendición de tener unos compadres ejemplares, tanto mi hermano y mi cuñada, como Jorge y Ana Laura, Omar y Anyeli.
Su testimonio de Fe en diferentes momentos de vida me han sostenido y me han conducido a Dios.
¿Seguíría yo en el camino de Dios sin ellos? No lo sé, lo que sí sé es que en muchos momentos de vida, su testimonio, su apoyo, y su Fe, fueron para mi un faro de luz, un ejemplo de cómo vivir y estar cerca de Dios.
Cuando leemos ¿Cómo funciona la fe? Estamos esperando la respuesta matemática. Eso no va a pasar.
La fe, antes de plasmarse en creencias, en oraciones, en filosofías o en instituciones, constituye una decisión, una opción, un abandono y una obediencia libre a Cristo y al Padre.
Para ponerlo en contexto humano ¿Cómo funciona el amor? Si buscamos la respuesta matemática, no la encontraremos.
El amor antes de tener regalos, abrazos, besos, afectos, flores y chocolates involucran una decisión de buscar el bien del otro.
La modernidad nos aleja de temas fundamentales y trascendentales como la Fe y el Amor.
II. Mensaje
¿Qué es «Sola Fide»?
Es la creencia de que nos salvaremos ÚNICAMENTE por nuestra fe en Jesucristo, y que, como la salvación viene sólo por la fe, no estamos obligados a las obras buenas, o, como mínimo, no representan nada para salvarnos.
El apóstol Santiago nos dice:
«Así como el cuerpo sin espíritu está muerto, del mismo modo la fe que no produce obras está muerta«
La primera obra importante que debe de realizarse al tener Fe es el acercarnos a Dios, el alejarnos de nuestro ego.
El Catecismo de la Iglesia Católica en sus números 153 a 165 nos mencionan características de la Fe:
- La fe es una gracia,
- La fe es un acto humano,
- La fe no trabaja sola,
- En la fe, la inteligencia y la voluntad humanas cooperan con la gracia divina.
- La fe es libre,
- La fe es voluntaria y no debe ser impuesta. Aunque Dios llama, el hombre responde voluntariamente. Cristo invitó a la fe y no forzó a nadie
- La fe es necesaria para obtener la salvación,
- La fe se puede perder,
- La fe es el comienzo de la vida eterna,
- La fe puede ser puesta a prueba,
- Debemos buscar a los testigos de la fe,
- La fe y la razón no se contradicen.
III. Lectura de la Palabra, Reflexión y Explicación
El texto de la primera lectura, del libro Isaías (Isaías 56, 1.6-7).
La profecía de Isaías, y la del Salmo, parecen afirmar una universalidad, una igualdad entre judíos y gentiles, y rechazar la estrecha particularidad que los judíos apreciaban: la idea de que eran especiales, que eran pueblo escogido que ellos eran las únicas personas que conocían y adoraban al verdadero Dios en un mundo de idólatras y politeístas.
Esa es una gran verdad a medias. La universalidad es cierta pero también lo es la particularidad. Esta universalidad, esta expansión a todo el mundo gentil del conocimiento del verdadero Dios, es indudablemente verdadera y bien conocida. Pero es igualmente cierto, aunque no igualmente conocido o creído, que el conocimiento y adoración del verdadero Dios es particular y único, no general y genérico.
La verdadera religión no es un «mínimo común denominador» abstracto o un «máximo común denominador».
La verdad sobre Dios y la adoración del verdadero Dios no es genérica sino muy específica. Isaías no dice que las ofrendas y sacrificios de los idólatras politeístas paganos serán aceptables para Dios si son sinceros.
Dios es muy claro, las ofrendas y sacrificios serán aceptables en SU altar (no en el altar individual, y particular de cada uno de nosotros).
La universalidad del Evangelio está en su audiencia, no en sus enseñanzas.
El evangelio es una «gran tienda» de acogida para todo el pueblo, pero no para todas las enseñanzas.
No discrimina entre creyentes, pero sí discrimina entre creencias.
En otra parte de Isaías, Dios dice que todo el mundo, y no sólo el pueblo elegido, vendrá a adorar al Dios verdadero: «Una multitud de camellos te cubrirá, Camellos jóvenes de Madián y de Efa. Todos los de Sabá vendrán, Traerán oro e incienso,» (Isaías 60:5-6).
Isaías tiene esta visión de filas de personas y camellos que vienen a Jerusalén de todas las naciones del mundo; pero vienen a Jerusalén, al templo, para adorar no a sus dioses paganos sino al Dios de los judíos, el único Dios verdadero.
El primer cumplimiento de esta profecía fue la llegada de la Reina de Saba de Etiopía a Jerusalén para oír la sabiduría de Salomón. Aquello fue un presagio de la venida de los Reyes Magos, los tres reyes magos de Oriente a Belén para adorar al Rey recién nacido, el verdadero Rey de los judíos y del mundo entero: Jesús.
Llamamos a la fiesta litúrgica que conmemora ese evento la Fiesta de la «Epifanía», que significa la manifestación del verdadero Dios a todas las naciones.
La segunda lectura de la carta de San Pablo a los Romanos (Romanos 11), nos habla de 2 verdades de Dios:
- Su providencia impredecible, y
- Su revelación inmutable.
San Pablo, que era judio, reconoce que Jesús vino para el pueblo judio, pero ellos no lo aceptaron, lo que provocó que el propio San Pablo se volviera el apóstol de los gentiles.
San Pablo menciona en capítulos previos de la Carta a los Romanos, que Dios dispone todas las cosas para el bien, incluso las cosas inadecuadas y las tristes y angustiosas.
Entonces él especula que en la providencia de Dios, el bien que Dios trajo del rechazo del Evangelio por parte de los judíos fue la conversión del mundo gentil y que un bien aún mayor podría venir si los judíos también aceptan el Evangelio.
Luego, muy al estilo de San Pablo, repite el punto con diferentes palabras cuando dice que así como Dios providencialmente usó la incredulidad y la desobediencia de los judíos como la ocasión para que los gentiles recibieran la misericordia y la salvación del Evangelio, también puede usar de alguna manera el don de los gentiles de el Evangelio como medio para convertir y salvar también a los judíos.
No predice cómo Dios hará esto, porque su misteriosa providencia es impredecible, aunque dice que quizás la conversión del resto del mundo al Dios verdadero, el Dios de los judíos, no sea a través de misioneros judíos sino a través de misioneros cristianos.
La providencia de Dios es maravillosa, paradójica e impredecible, y él siempre saca algo bueno impredecible del mal, como lo hizo con los dos eventos más malvados que jamás hayan sucedido: nuestra rebelión en la caída y nuestra tortura y asesinato de su Hijo, Jesucristo.
Dios da gracia a todas las naciones y razas, incluyendo judíos y gentiles, a todos los individuos, pero no de la misma manera. Dios no es un igualitario fanático.
La misma luz, reflejándose en superficies brillantes y superficies opacas y reflejando las cosas rojas y azules, no borra las diferencias sino que las resalta y las perfecciona. Realmente ama la diversidad, a diferencia de muchos de nuestros expertos actuales en la llamada «diversidad» que se ven amenazados por cualquier diversidad real en la ideología que no sea la suya. Por ejemplo, la diversidad entre hombres y mujeres, las diferencias entre masculinidad y feminidad, es una herejía en la cultura actual, que trata a los dos sexos como partes intercambiables de una máquina.
Finalmente el evangelio de San Mateo (Mateo 15, 21-28) nos habla de que Jesús fue a una región no judía: la comarca de Tiro y Sidón, y se le acerca una mujer no judía: una mujer cananea.
Esta mujer es insistente, persistente y hasta molesta, ¿Jesús se queja de su persistencia? No, al contrario, deja que siga hablando y gritando aun cuando los discípulos le piden que la atienda.
Esta historia es la parte práctica de la 2a lectura, la misión judía era atraer a todos los pueblos, la misión cristiana es predicar a todos los pueblos.
Jesús alaba a la mujer por su fe, y la fe es necesaria, pero la fe sola no es suficiente, así como se requiere una mano abierta y un corazón abierto para recibir un don, pero no son suficientes, porque el don viene del dador, no de El receptor;
El exorcismo no fue autoadministrado; no fue curación psicológica; la mujer no sanó a su hija por su fe.
Jesús la sanó.
La fe no genera la curación más de lo que un grifo genera el agua; la fe es el grifo que se abre al agua.
Jesús es el agua viva; y él es un océano infinito de ella
IV. Oración
Señor Jesús: Yo reconozco que te necesito, que tú moriste en la cruz por mi salvación.
Te pido perdón por todos mis pecados.
Te abro las puertas de mi corazón, te entrego mi vida, entra en mí, te acepto como mi Señor y Salvador.
Límpiame con tu sangre preciosa.
Escribe mi nombre en el libro de la vida y que nunca más sea borrado.
Haz de mí la persona que tú quieres que yo sea según tu propósito.
En el nombre de Jesús.
Amén
V. Compromiso
Reflexión:
- ¿Cómo hago vida mi fe?
- ¿Cómo actúa mi fe en mi vida diaria?
- ¿Qué acciones surgen de mi fe?
Acción:
- Buscar con mis acciones diarias expresar mi fe.
