¿A qué le tenemos miedo? – XII Domingo del tiempo ordinario

I. Experiencia de Vida

El viernes pasado tuve la bendición de tener una comida, con mi mejor amiga, mi confidente, mi novia y mi esposa. Además de estar organizando nuestra fiesta de 5 años de casados, tomamos unos minutos para hacernos una serie de preguntas acerca de nuestros sentimientos, emociones, historias y confesiones.

Cuando veníamos de regreso a casa en mi mente surgió una pregunta que me ha dado vueltas en estos días y que el texto de las lecturas de este domingo han aclarado: ¿Siento orgullo de mi familia? ¿Siento orgullo de mi esposa? ¿Me siento orgulloso de la familia que he formado? ó ¿Me averguenzo de lo que he construido? ¿Promulgó a mi familia o siento vergüenza y los niego?

La respuesta no es complicada, pero sus implicaciones si lo son.

Si me siento orgulloso de mi familia, si amo a mi familia, de forma natural hablaré de ellos y los defenderé ante cualquier circunstancia.

No puedo decir que amo a mi familia, que siento orgullo de ellos, que me llenan de felicidad y por otro lado negarlos o esconderlos. Hay una conexión solidaria entre lo que uno ama y lo que uno habla.

De la abundancia del corazón habla la boca.

II. Mensaje

De la misma forma, no puedo decir que amo a Dios y que reconozco a Jesucristo como Señor de mi vida y no defender y proclamar su palabra.

El Catecismo de la Iglesia Católica en su número 2820 nos dice:

Discerniendo según el Espíritu, los cristianos deben distinguir entre el crecimiento del Reino de Dios y el progreso de la cultura y la promoción de la sociedad en las que están implicados. 

Esta distinción no es una separación. 

La vocación del hombre a la vida eterna no suprime, sino que refuerza su deber de poner en práctica las energías y los medios recibidos del Creador para servir en este mundo a la justicia y a la paz.

¿A qué le tenemos miedo?

Normalmente la respuesta es al rechazo de la sociedad, al rechazo del mundo, a ser visto como el raro, el diferente, el mocho. Preferimos vernos cool, que vernos Cristianos. Solo que debemos recordar que fuimos diseñados en el cielo, no en Hollywood o en Harvard.

Hemos cometido el error de dejar de profetizar, nos hemos acobardado, conformado y roto nuestro compromiso de ser el Imago Dei.

La cobardía no es un don de Dios, Jesús dijo en varias ocasiones: No tengan miedo.

¿Cuál es la razón de nuestros miedos? Falta de solidaridad con Dios, con la Iglesia, con la Biblia y con nuestra conciencia. 

III. Lectura de la Palabra, Reflexión y Explicación

La palabra central de las lecturas de este domingo es: Solidaridad.

¿Qué es solidaridad? La RAE lo define como: Adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros.

¿Estoy adherido al plan de Dios?

¿Las causas de Dios son las mías?

¿Lo que sufrió Jesús lo debería sufrir yo?

¿Lo que sufrieron los profetas, los santos y los mártires es solidaridad con Dios?

El texto de la primera lectura, de Jeremias, implícitamente nos habla de esa solidaridad.

Ese mismo cuchicheo, esos mismos ataques, esa búsqueda de venganza la sufrió Jesús ¿Por qué creo que yo no debería de pasarlo?

Hay una línea que nos puede cambiar la visión completa del texto:

“Pones a prueba al justo y conoces lo más profundo de los corazones”

¿Cuando se prueba la fidelidad, el amor, la confianza, la solidaridad? Cuando se ponen a prueba.

¿Qué pasa si las pruebas que Dios nos pone en esta vida son formas en las que busca crear una intimidad con nosotros? ¿Qué pasa si cambiamos de tener miedo a tener deseo de compartir con el ser amado?

El Salmo de este domingo es el Salmo 68 (69) cumple con lo que bellamente nos dicen los números 116 y 117 del Catecismo de la Iglesia Católica, en este Salmo podemos encontrarnos a Jesús, a nosotros mismos y al prójimo.

¿Quién puede decir: Por Dios he sufrido oprobios y la vergüenza cubre mi semblante?

¿Quién puede decir: Ven en mi ayuda pronto?

¿Quién puede decir: El Señor jamás me desoye?

Las tres preguntas pueden ser aplicadas a Jesús, a nosotros mismos y al prójimo.

Si logro hacerme solidario con Jesús, conmigo mismo y con los demás, entonces podré estar en la sintonía de Dios.

La segunda lectura nos lleva por el mismo camino, el camino de la solidaridad, San Pablo en su carta a los Romanos nos explica la solidaridad con Adán y Eva (El pecado) y la solidaridad con Jesús (la gracia)

¿Con quién queremos solidarizarnos? Con el pecado o con la gracia, con el mundo o con el cielo? Con lo temporal o con lo eterno?

Finalmente en el evangelio de san Mateo Jesús empieza clarificando la pregunta de nuestra catequesis ¿A qué le tenemos miedo? A lo que Jesús nos responde: No teman a los hombres. Lo que involucra, no teman a lo temporal, a la muerte, a las modas. 

Jesús es muy claro, Él es la luz, por lo que no hay nada oculto para Él, ni nada que Él nos diga es para tenerlo oculto. 

Soy muy fan de StarWars y en la trilogia I, II, y III, hay una amenaza que los Jedi no pueden ver hasta que ya es muy tarde, la orden 66, con toda la sabiduría y poder de la fuerza que tienen los Jedis, no alcanzan a ver que el Emperador está maquinando algo oscuro y maligno. 

Los Cristianos no debemos tener ningún miedo a las “órdenes 66”, Jesucristo es la verdad, y no hay nada oculto para Él, y menos para aquellos que se han hecho solidarios con Él.

Ahora, la verdadera pregunta es: ¿Mi vida está solidarizada con la de Cristo? si la respuesta es no, el texto final del evangelio de hoy es muy fuerte: Al que me niegue delante de los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre.

Al morir ¿Quieres que Jesús te reconozca o te niegue?

IV. Oración

Señor,  tengo miedo, en muchos momentos tengo mucho miedo.

Yo no sé por qué, o mejor, sí se por qué:

porque Tú, Señor, adorablemente lo quieres.

Y yo lo acepto.

Pero también escucho tu voz de amigo:

«No tengas miedo, no se turbe tu corazón.

Soy yo. Yo estaré contigo hasta el final.»

Repítemelo siempre Señor,

y en los momentos más difíciles,

suscita a mi alrededor almas muy simples

que me lo digan en tu nombre.

Señor, tú sufriste críticas, ofensas, y mentiras.

Si no te mataron antes fue por miedo al pueblo que te seguía.

Pero te rechazaron los sacerdotes; te traicionó Judas; te negó Pedro;

te abandonaron todos tus discípulos

¿y no sufrías entonces?

Y yo, ¿quiero ser más que el Maestro y tener más fortuna que mi Señor?

Jesús, enséñame a decir que sí y a no dejarme aplastar por el miedo.

Amén

V. Compromiso

Reflexión:

  • ¿A qué le tengo miedo?
  • ¿Tengo una relación con Dios tan íntima que mis miedos han descendido?
  •  ¿Quieres que Jesús te reconozca o te niegue el día de tu muerte?

Acción:

  • Buscar momentos de intimidad y solidaridad con Dios.

Publicado por Juan Carlos Carrillo

Juan Carlos Carrillo es un predicador Católico. Ha trabajado para distintos movimientos religiosos, como el Regnum Christi, Familia Educadora en la Fe, la Arquidiócesis de Tlalnepantla, entre otros. Juan Carlos inicio su formación religiosa en Familia Educadora en la Fe desde los 3 años. A los 13 años se convirtió en animador de grupos juveniles. A los 19 años entro al movimiento Regnum Christi donde se encargo en durante varios años de los Círculos de Estudios, Horas Eucarísticas y Retiros. A los 24 años se convirtió en el Vice-Coordinador Nacional de Universitarios del Movimiento Familia Educadora en la Fe y a los 27 tomo la responsabilidad como Coordinador Nacional de Juveniles del mismo movimiento. Juan Carlos se dedica a dar charlas, conferencias y catecismo a jóvenes y adultos buscando que encuentren el amor de Dios en sus vidas.

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