¿Quién es el pastor de tu vida? – XI Domingo del tiempo ordinario

I. Experiencia Humana

El día de ayer tuve el regalo de mi cuñada en que nos dirigiera una meditación, y pudiera darme unos minutos para reflexionar, hacer introspección, poder hacer una pausa y un silencio en mi vida.

La reflexión me dejo hacer algo que llevaba un rato de no hacer fuera de la Iglesia, estar en contacto cercano con la voluntad de Dios, fue mi: subir al monte para hablar con Dios.

¿Qué tan seguido subimos al monte para hablar con Dios?

¿Qué tan a menudo nos damos unos minutos para poder hacer introspección y ponernos en modo escucha?

Este es mi primer año donde celebro el día del Padre sin mi Papá, lo extraño mucho, extraño las conversaciones, sus consejos, sus motivaciones, sé que desde el cielo el sigue intercediendo por mí, pero eso no quita que me haga mucha falta su presencia.

No podría honrar a mi Papá si no estuviera escribiendo estas líneas, mi Papá, Robin, era imparable, cuando tenía claro un objetivo, nada lo detenía, probablemente de ahí venga que nunca he dudado de Dios.

El reto más grande que me ha dejado mi Papá es el formar un hogar Cristiano, un hogar que le dé su lugar a Dios nuestro Señor, un hogar que sea capaz de dejar sus propios gustos por buscar los gustos de Dios.

Oremos para que todos los Padres de este mundo acerquen siempre a su familia a Dios.

II. Mensaje

¿De qué sirve que Dios nos hable si no lo escuchamos?

¿De qué sirve que Dios hable en un lugar o una circunstancia a la que no asistimos?

¿Cómo puedo dejar que Jesús sea mi pastos, si yo no soy oveja?

III. Lectura de la Palabra, Reflexión y Explicación

La primera lectura de este domingo tiene un exceso de sabidurías escondidas, el texto de Moisés escrito en el libro del Éxodo no da una clase de paternidad, amor e igualdad.

Dios diseñó el universo. En el pasaje de hoy del Éxodo, dice: «Toda la tierra es mía». Las características geográficas son símbolos naturales de realidades espirituales.

El desierto, es un símbolo natural de sufrimiento, dificultades y pruebas. Dios ha llevado a Israel al desierto para probarlos. Las montañas y la dimensión vertical de la altura son símbolos naturales de Dios o el cielo, por lo que Dios llama a Moisés a la montaña santa para darle su mensaje.

El mensaje no es una profecía de fatalidad, una predicción de lo que inevitablemente sucederá. Es un mandamiento, una invitación, un llamamiento a la libre elección de Israel. Comienza con un «si»: «Si escuchan mi voz y guardan mi alianza, serán mi especial tesoro«. El destino de Israel está en las manos de Israel, y también en las nuestras. El trato de Dios con su pueblo elegido, los judíos, es una lección para todos nosotros.

Somos escogidos para ser la posesión especial de Dios, pero solo si elegimos libremente aceptar su pacto, voluntad y mandamientos.

Solo si decidimos, como Moises: subir al monte para hablar con Él.

Lo que Dios dice aquí puede sonar chocante para la gente del siglo XXI. En lugar de decir que ve a todos por igual, Dios le dice a Israel: «Tú serás mi posesión especial, más querido para mí que todos los demás pueblos«. Eso suena injusto; ¿Dios es injusto? ¿Dios tiene favoritos? ¿No ama a cada individuo y a cada persona igualmente?

NO, no lo hace.

Dios es un amante, no un abogado. Romeo no ve a todas las mujeres por igual. La hermana de Julieta puede tener los mismos derechos que Julieta en la corte, pero no en la corte de la mente y corazón de Romeo. Si no está mal amar a una persona de manera especial y única, no está mal amar a una persona de manera significativa y única. Todos lo hacemos y deberíamos hacerlo con nuestras familias.

El amor de Dios por Israel no significa que no tenga otros apegos particulares o que otras personas no le sean también queridas de diferentes maneras. Dios también dice: «Toda la tierra es mía». Dios escogió al singular pueblo de Israel como símbolo de cada persona.

Hay un gran cuento sobre esta paradoja:

Un día un papá con cuatro recibe la pregunta de uno de sus hijos: 

«Papá, ¿soy tu favorito? ¿Soy más querido para ti que todos los demás?» 

Los otros tres escuchaban atentamente su respuesta. 

El Papá respondió: «Sí, lo eres. 

Y tú también», le dijo al segundo, 

«y tú», al tercero, 

«y tú», al cuarto. 

Todos entendieron y quedaron satisfechos.

Esos niños y sus padres eran más sabios que algunos de nuestros teólogos demasiado politizados y filósofos. La igualdad es esencial en la política y el derecho, pero no en las familias Allí todos son excepcionales, y cada uno es el más especial. 

Es lo opuesto a la propaganda totalitaria de Animal Farm de Orwell, donde «todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros».

Dios escogió a una persona en particular por la misma razón que eligió profetas especiales: para enseñar. No se puede enseñar sin un maestro, y «todos» no son maestros para todos. No todos son Moisés, pero Moisés es para todos.

La misma estrategia que lleva a Dios a concentrar su enseñanza a todos los judíos a través de Moisés, lo lleva a enfocar su educación a todo el mundo a través de los judíos. 

Dios les dice explícitamente a los judíos que no fueron escogidos porque fueran mejores que los demás. Él les dice que son personas increíblemente tercas, personas problemáticas. Dios busca a la oveja negra, la oveja descarriada, para recibir atención especial, pero no porque sea superior a las otras ovejas. Veamos el caso de Moises, de San Pedro, de San Pablo, de San Agustin, de San Francisco de Asís, de San Ignacio de Loyola.

No importa el por qué nos elige Dios, importa el para qué nos elige Dios.

Finalmente, debemos dejar de pensar que la religión es una organización, y verla como un organismo.

Nuestra religión no es una democracia. Dios no es nuestro igual. Ni tampoco el diablo. 

Cuando Jesús lavó los pies de sus discípulos, su lección no fue que todos somos iguales sino que la superioridad a los ojos de Dios es muy diferente a la superioridad a los ojos del hombre. Hay una jerarquía en la Iglesia, pero es de servicio.

Aquellos que sirven más a los demás siendo los más bajos son los más altos. Jesús nunca neo ser Señor o Maestro, no dijo: «Yo no soy vuestro Señor o Maestro», sino que dijo: «Si yo, el Señor y maestro, os he lavado los pies, vosotros debéis lavaros los pies unos a otros» (Juan 13:14).

Entonces, al pensar en igualdad, no confundamos la política con la religión. 

E incluso en la política, incluso en una democracia, discriminamos. 

Discriminamos entre el candidato que creemos superior y el que creemos inferior.

Voy a tomar ahora del evangelio de San Mateo una interesante numerología.

Jesús elige a 12 apóstoles con 7 instrucciones:

  1. Por vayan a tierra de pagano,
  2. No entren a ciudades de samaritanos.
  3. Vayan más bien en busca de las ovejas perdidas de la casa de Israel.
  4. Proclamen por el camino que ya se acerca el Reino de los cielos.
  5. Curen a los leprosos y demás enfermos.
  6. Resuciten a los muertos.
  7. Echen fuera demonios.

Si Jesús hoy te viera ¿Cuál de estas 7 instrucciones te daría?

Jesús ve a su pueblo como ovejas sin pastor, extenuadas y desamparadas ¿Tú puedes ayudar al pueblo de Dios?

Para complementar, veamos la segunda lectura de San Pablo.

La epístola de San Pablo es simple, y es el resumen de nuestras lecturas de este domingo.

Es un argumento lógico para creer que podemos confiar totalmente en la providencia de Dios con nuestras vidas, sin importar cuánto estemos sufriendo, cuán tristes estemos o cuán confundidos nos ponga la situación actual .

Es lo que los lógicos llaman un argumento: a fortiori. Eso es en latín para «todo el más fuerte» o «todo el más»

Por ejemplo, si solo una manzana podrida puede hacer que toda una canasta de manzanas se estropee, tanto más 2 pueden hacer esta canasta rancia, O si un caballo es lo suficientemente pesado como para romper un puente frágil, tanto más lo romperá un elefante.

Pablo aplica esta lógica al amor de Dios por nosotros. 

Sabemos cuánto Dios nos ama por lo que ya ha hecho por nosotros al enviarnos a su Hijo amado a sufrir y morir en la cruz para hacer expiación por nuestros pecados para que podamos estar en el cielo con él. 

Él hizo eso por nosotros antes de que hiciéramos algo para merecerlo. 

Lo hizo antes de que naciéramos. 

Y cuando nacimos, nacimos en pecado original, sin la vida eterna de Dios en nuestras almas, pero «siendo aún pecadores», antes de ser bautizados, antes de creer, antes de tener fe o esperanza o caridad. 

Dios nos amó tanto que hizo todo eso por nosotros. 

Él nos amó antes de que fuéramos santificados. 

Así que ahora que somos cristianos bautizados y creyentes, hemos sido hechos hijos de Dios y hemos nacido de nuevo en su familia, ¿tendrá Dios menos amor y cuidado por nosotros? 

No, Dios no ama más, porque ahora estamos justificados por Cristo para entrar al cielo.

Nótese que la lógica más sencilla prueba la más preciosa, misteriosa e increíble buena noticia de nuestra fe: Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de aquellos que lo aman.

La vida no siempre se siente como el amor de Dios. A veces se siente horrible. 

Y cuando eso sucede, si somos honestos y razonables, tenemos que hacernos esta simple pregunta: Aquí por un lado están mi fe y mi razón, mi religión y mi lógica, y aquí por el lado opuesto están mis sentimientos actuales.

¿En cuál debo confiar? 

En Dios, ¿quién es inmutable e infalible? ó

¿En mis sentimientos, que son tan cambiantes?

La fe y la razón son siempre aliadas cuando se entienden adecuadamente porque ambas son dones de Dios.

IV. Oración

Señor, mírame como miraste la multitud, compadécete de nosotros, que estamos extenuados y desamparados.

Señor Jesús, ayúdanos a corresponderte viviendo como tus hijos, confiados en tu providencia amorosa y amando como nos amas. Perdonar como nos perdonas, orientar y reorientar nuestros pasos para que podamos encontrarte y disfrutar de tu abrazo para siempre.

Que el amor, la ternura y la fuerza con la que conduces a tu pueblo sean la forma en que guiamos a nuestros hijos.

Te lo pedimos en nombre de nuestro Señor Jesucristo.

Amén.

Amén

V. Compromiso

Reflexión:

  • ¿De dónde obtengo consejo?,
  • ¿A quién le pido guia?,
  • ¿Soy obediente al plan de Dios?

Acción:

  • Buscar obedecer el plan de Dios.

Publicado por Juan Carlos Carrillo

Juan Carlos Carrillo es un predicador Católico. Ha trabajado para distintos movimientos religiosos, como el Regnum Christi, Familia Educadora en la Fe, la Arquidiócesis de Tlalnepantla, entre otros. Juan Carlos inicio su formación religiosa en Familia Educadora en la Fe desde los 3 años. A los 13 años se convirtió en animador de grupos juveniles. A los 19 años entro al movimiento Regnum Christi donde se encargo en durante varios años de los Círculos de Estudios, Horas Eucarísticas y Retiros. A los 24 años se convirtió en el Vice-Coordinador Nacional de Universitarios del Movimiento Familia Educadora en la Fe y a los 27 tomo la responsabilidad como Coordinador Nacional de Juveniles del mismo movimiento. Juan Carlos se dedica a dar charlas, conferencias y catecismo a jóvenes y adultos buscando que encuentren el amor de Dios en sus vidas.

Un comentario en “¿Quién es el pastor de tu vida? – XI Domingo del tiempo ordinario

  1. Si hoy Jesús me viera y me dijera las 7 acciones que debo hacer como su apóstol, eligiria la de anunciar su Reino de amor.
    Bendiciones JUan Carlos por esta catequesis tan extensa como retadora.

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