¿Qué es la Fe? – X Domingo del tiempo ordinario

I. Experiencia de Vida

En alguna ocasión tuve una entrevista laboral y me preguntaron, ¿Qué haces cuando tu jefe te pide algo en lo que no estás de acuerdo? Mi respuesta fue: Le presento las evidencias, datos o experiencias que me hacen estar en contra de su punto de vista, e intentar convencerlo, por lo que el entrevistador me preguntó: y ¿Si no lo convences? Le aclaro que no estoy de acuerdo, pero hago lo que me pidió.

«obedecer» viene de un supuesto latín vulgar oboedescere que estaría compuesto de:

  • El elemento -scere (como en adolecer y enloquecer), que afecta al verbo
  • Oboedire.
    • Este verbo está compuesto con ob y audire. 
    • El prefijo ob- indica enfrentamiento u oposición y lo encontramos en las palabras obsceno y objetivo.
    • Audire significa escuchar

Obedecer significa pues: saber escuchar.

Mi Papá decía: El que obedece NUNCA se equivoca.

¿Eso significa que debo estar de acuerdo con lo que obedezco? No

¿Eso significa que a quien obedezco siempre tiene la razón? Depende. Los seres humanos son falibles, Dios es infalible.

II. Mensaje

El número 144 del Catecismo de la Iglesia Católica nos dice:

Obedecer (ob-audire) en la fe es someterse libremente a la palabra escuchada, porque su verdad está garantizada por Dios, la Verdad misma. 

  • De esta obediencia, Abraham es el modelo que nos propone la Sagrada Escritura. 
  • La Virgen María es la realización más perfecta de la misma. 

La fe es una de las tres «virtudes teologales», virtudes cuya fuente es Dios y cuyo objeto es Dios. 

Las otras dos virtudes teologales son la esperanza y el amor. 

Lo que generalmente entendemos por confianza abarca los 3: 

  • Para confiar en alguien, primero debes creer que es confiable (y eso es fe), 
  • Luego, sobre la base de esa creencia, esperas obtener lo que te prometen (y eso es esperanza) , y 
  • Si crees y esperas en su bondad, naturalmente los amas y los admiras.

III. Lectura de la Palabra, Reflexión y Explicación

Voy a tomar únicamente un extracto de la primera lectura (Oseas 6, 3-6) de la primera línea y las últimas 2 líneas.

  1. Esforcémonos por conocer al Señor
  2. Porque yo quiero amor y no sacrificios, conocimiento de Dios, más que holocaustos.

¿Qué esfuerzo estoy haciendo para conocer más a Dios?

El esfuerzo que haga es igual a la relación de confianza que tendre con Dios, y así como en la parábola de las 10 vírgenes, que Dios nunca nos diga: “Les aseguro que no sé quiénes son ustedes” por el contrario yo quisiera escuchar de Jesús: Me voy y les preparo un lugar, vendré otra vez y los tomaré adonde Yo voy; para que donde Yo esté, allí estén ustedes también.

En el segundo punto Oseas está diferenciando entre medio y fines.

El sacrificio es un medio para una relación más íntima.

El sacrificio no es el fin de la relación.

Todo lo que hacemos con, por y en Cristo, debe buscar intimar con Él. Todo lo demás es accesorio.

En la segunda lectura de la carta de San Pablo a los Romanos (Romanos 4,18-25), leemos que San Pablo creyó conforme a lo que Dios le había prometido; versus nosotros que queremos creer si Dios hace lo que nosotros deseamos o esperamos.

San Pablo hace al final de la lectura un ejemplo extraordinario; habla del crédito.

Permítanme traducirlo a un lenguaje comercial; Imaginemos que para poder entrar al cielo tuviéramos que pagar una cuota, nuestro efectivo no nos alcanza ¿Qué hacemos? Pedimos un crédito ¿Quién nos puede dar dicho crédito? Quien nos conoce ¿Si alguien no te conoce te da crédito? NO! 

Esta segunda lectura se conecta con la frase del evangelio de la semana pasada: El que crea en él no será condenado.

¿Conozco a Cristo lo suficiente para que me de crédito?

Finalmente en el Evangelio de Mateo (Mateo 9, 9-13) hay dos puntos a resaltar. 

El primero es sencillo. Es el mismo punto que la epístola de hoy hizo acerca de Abraham: él tenía fe, lo cual lo hizo justo.

Abraham creyó en Dios, confió en la promesa de Dios y obedeció. Cuando Dios lo llamó, respondió, tanto con el alma como con el cuerpo: con el alma por la fe y con el cuerpo por las obras, con el alma creyendo en las promesas de Dios y con el cuerpo obedeciendo cuando Dios lo llamó a dejar su casa e ir a la Tierra Prometida. Esas son también las dos cosas que hizo Mateo. Cuando Jesús lo llamó, allí en su puesto de recaudación de impuestos malvado, engañoso y robador, Mateo creyó y obedeció. 

«Él se levantó y lo siguió». Ese es el Evangelio de Mateo hablando del mismo Mateo aquí. Y eso es todo lo que dijo Mateo sobre su conversión: «Se levantó y lo siguió». Eso es suficiente. Eso es todo. Eso describe el resto de la vida de Mateo.

La mirada amorosa de Jesús, más su voz exigiendo que lo siguiera fueron suficientes para convertirlo ¿Qué pasaría si Cristo me mirara como miró a Mateo?

El segundo punto en el Evangelio de hoy es lo que Jesús le dice a la farisea que se cree justa y se queja de que Jesús se junta con criminales como Mateo, que ahora es un ex-criminal, y sus amigos, que todavía son recaudadores de impuestos, que todavía están robando sus personas que aún no se han convertido como Mateo. ¿Por qué Jesús se siente atraído por los pecadores? ¿No demuestra eso que es un pecador?

No, precisamente lo contrario. Jesús invita a los pecadores por la misma razón que los médicos invitan a los pacientes. Él les dice a los fariseos: «Los sanos no necesitan médico, pero los enfermos sí».

Esa respuesta es más sutil de lo que parece. Jesús responde a la pregunta de los fariseos dando la vuelta a la situación y preguntándoles implícitamente: «Tú que estás juzgando a todos estos pecadores, ¿quién dices que eres? ¿Enfermo o sano?

¿Crees que no tienes pecados? No hay pecado más peligroso que

eso. Ese es el único pecado que no puedo perdonar. No puedo perdonarte si dices que no tienes nada que perdonar».

Cuando le preguntaron a Jesús si debían apedrear a la mujer atrapada en

adulterio, hizo lo mismo: le dio la vuelta a la situación. Preguntó

quienes pensaban que eran cuando dijo: «El que de vosotros esté libre de pecado, sea el primero en tirar la piedra» (Juan 8:7). Y su respuesta a Jesús en esa ocasión fue tirar sus piedras e irse a casa. No sabemos si arrojaron sus piedras de queja esta vez en el Evangelio de hoy.

Pero la queja, como el afán de apedrear a la mujer, respondía implícitamente a la pregunta de Jesús: «¿Quién te crees que eres?» diciendo: Somos justos. Estamos bien. No necesitamos médico. No somos pecadores. No requerimos conversión y arrepentimiento y confesión y perdón.” Y eso prueba exactamente lo contrario, eso demuestra que no están bien, que necesitan desesperadamente un médico, que sí necesitan conversión y arrepentimiento.

Todos los grandes santos dicen que son grandes pecadores: sólo los grandes pecadores se creen grandes santos. Los grandes sabios saben que no son sabios sino necios; los grandes tontos dicen que son brillantes.

El mayor de todos los pecados es el orgullo, la negativa a admitir y arrepentirnos de nuestros pecados.

¿Eres orgulloso o humilde? Si dices que eres humilde, estás orgulloso: estás orgulloso de tu humildad. ¡Mira qué engañoso es el orgullo! Cuando Jesús nos cuenta la parábola del fariseo y el publicano, tendemos a decir: «¡Gracias a Dios que no soy fariseo!» Pero eso significa que estamos diciendo lo mismo que dijeron los fariseos: «Oh Dios, te doy gracias porque no soy como este otro hombre».

Así que Jesús pregunta a los fariseos cuál de esas dos clases de personas

creo que lo son. Si crees que eres un santo, eso demuestra que no lo eres. Si sabes que no lo eres, admites que no lo eres y te sientes infeliz en lugar de feliz por eso, entonces has subido el primer peldaño de la escalera para convertirte en un santo.

Se llama humildad y honestidad.

Hay muchos más peldaños en esa escalera, pero necesitamos el primero para avanzar un paso más en la escalera. Por eso Jesús instituyó el sacramento de la confesión.

IV. Oración

Señor, mírame como miraste a Mateo,

Soy pecador como Mateo, por lo que te pido que limpies mi corazón de cada falta, renueva un espíritu recto dentro de mí. 

Perdona los pensamientos que he tenido, las palabras que he hablado y las cosas que he hecho contrarias a tu voluntad, te he avergonzado, he hecho lo malo y hoy quiero que me perdones, quiero regresar a casa y a tus brazos padre, necesito me limpies, necesito tu perdón y tu amor, tú conoces los secretos de mi corazón. Y si no reconozco algo, muéstramelo porque quiero ser mejor para ti cada día, quiero ver las cosas y a las personas como tú las ves, examina mi alma y saca a la luz los motivos para revelar lo que necesito entender.

Quiero ser dócil como Mateo y aceptar tu plan, ayudame a cumplir con tu plan.

Madre Santísima, haz que mi corazón sea obediente y fiel como el tuyo. 

Amén

V. Compromiso

Reflexión:

  • ¿En que confio?,
  • ¿Confío en quien no amo?,
  • ¿Soy obediente al plan de Dios?

Acción:

  • Buscar obedecer el plan de Dios.

Publicado por Juan Carlos Carrillo

Juan Carlos Carrillo es un predicador Católico. Ha trabajado para distintos movimientos religiosos, como el Regnum Christi, Familia Educadora en la Fe, la Arquidiócesis de Tlalnepantla, entre otros. Juan Carlos inicio su formación religiosa en Familia Educadora en la Fe desde los 3 años. A los 13 años se convirtió en animador de grupos juveniles. A los 19 años entro al movimiento Regnum Christi donde se encargo en durante varios años de los Círculos de Estudios, Horas Eucarísticas y Retiros. A los 24 años se convirtió en el Vice-Coordinador Nacional de Universitarios del Movimiento Familia Educadora en la Fe y a los 27 tomo la responsabilidad como Coordinador Nacional de Juveniles del mismo movimiento. Juan Carlos se dedica a dar charlas, conferencias y catecismo a jóvenes y adultos buscando que encuentren el amor de Dios en sus vidas.

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