El primer gran sermón de Cristo es sobre la alegría – IV Domingo del tiempo Ordinario

I. Experiencia de Vida

¿Importa la felicidad?

¿Es la felicidad algo trascendental en mi vida?

¿Por qué buscamos la felicidad?

Las personas reaccionan a estas preguntas de formas muy distintas. Algunos sugieren que hay cosas mucho más importantes de las que preocuparse; otros ven la felicidad como algo de vital importancia y algo que todo ser humano desea en última instancia en la vida. Para explorar este enigma, debemos comenzar por ver qué significa realmente la felicidad, sin confundirlo con la alegría, la satisfacción, excitación, placer.

La Real Academia de la Lengua Española define felicidad como: Estado de grata satisfacción espiritual y física.

El término procede del latín fēlīcĭtas, ātis, que significa felicidad, fortuna, placer, alegría, buena estrella, buen destino, fecundidad, fertilidad de la tierra y de las plantas

Ahora, si usaramos el modelo que utilizo a menudo de la pirámide de Maslow, ¿Es la felicidad una sensación, un sentimiento o una acción?

De acuerdo a Matthieu Ricard: “La felicidad es una profunda sensación de florecimiento, no un mero sentimiento placentero o una emoción fugaz, sino un estado óptimo del ser”.

Para cerrar esta experiencia humana, ¿Es la felicidad un fin o una consecuencia?

Me parece que es justamente esa pregunta y el lugar al que coloquemos la felicidad al contestar determina si somos de Dios o somos del mundo.

  • Si yo coloco a la felicidad como un fin, soy de este mundo.
  • Si yo coloco a la felicidad como una consecuencia de seguir a Cristo, soy  de Dios. 

II. Mensaje

El Catecismo de la Iglesia Católica en su número 1718 nos dice: Las bienaventuranzas responden al deseo natural de felicidad. Este deseo es de origen divino: Dios lo ha puesto en el corazón del hombre a fin de atraerlo hacia Él, el único que lo puede satisfacer:

  • «Ciertamente todos nosotros queremos vivir felices, y en el género humano no hay nadie que no dé su asentimiento a esta proposición incluso antes de que sea plenamente enunciada» (San Agustín).
  • «¿Cómo es, Señor, que yo te busco? Porque al buscarte, Dios mío, busco la vida feliz, haz que te busque para que viva mi alma, porque mi cuerpo vive de mi alma y mi alma vive de ti» (San Agustín).
  •  «Sólo Dios sacia» (Santo Tomás de Aquino).

Los Cristianos no estamos llamados a rechazar la felicidad, el placer, la risa, el descanso, no hay una sola enseñanza de Dios o de la Iglesia en contra de comer, beber, descansar, poseer bienes, tener placeres, etc.

El pecado surge cuando algo temporal, efímero, terrenal e intrascendente, se vuelve el centro de nuestras vidas. 

La vida misma, ni la felicidad son el fin del hombre. 

Los placeres terrenales, la familia, el dinero, el honor, el placer o el poder son cosas que no duran para siempre y por otro lado no trascenderán a la vida eterna, son medios que Dios nos pone para encontrarlo a Él, para llegar a Él.

La Iglesia Católica nos lo aclara perfectamente en el 1719 del Catecismo, cual es el fin, cual es el destino, cual es la meta:

Las bienaventuranzas descubren la meta de la existencia humana, el fin último de los actos humanos: Dios nos llama a su propia bienaventuranza.

La palabra Bienaventuranza proviene del latin y se compone de 3 partes:

  1. bene (bien), 
  2. ventura (las cosas que han de venir), 
  3. anza (cualidad de un agente).

El fin último de las 8 bienaventuranzas, 4 en positivo y 4 en negativo es el de que el hombre encuentre su felicidad fuera de sí mismo, fuera de las cosas pasajeras, y se introduzca en la alegría de Dios.

III. Lectura de la Palabra, Reflexión y Explicación

La primera lectura está tomada del libro del profeta Sofonías, y quiero poner foco en 2 palabras, una que se repite 3 veces y otra que está escondida pero nos habla de una realidad constante del pueblo de Dios:

  1. Humildad
  2. Puñado

Sofonías profetizó alrededor del año 630, después del regreso del exilio, un momento agridulce para los judios, positivo por el regreso a su tierra, más desolador al ver la destrucción de sus ciudades, el templo, su cultura.

Es por eso que pone foco en la humildad y en los pocos seguidores del plan de Dios… y esos somos nosotros. Es obvio que Dios nos ha llamado, y para poder cumplir sus planes en nosotros nos pide ser humildes, buscar su justicia.

¿Cumpliras con tu misión de ser humilde? De ser ese puñado de Cristianos que pone como fin los planes de Dios y nos los planes del mundo?

Ser parte de ese puñado NO es fácil… La santidad nunca es la configuración predeterminada del ser humano, la configuración por defecto es el pecado, el pecado original.

No estamos solos, no nacimos en ese puñado; fuimos bautizados en ese puñado y confirmados en ese puñado de hijos de Dios, dispuestos a cumplir con su plan de felicidad..

Dios tiene muchos hijos, Dios no tiene nietos. El plan de Dios es personal, no es heredado.

El Salmo de este domingo es el salmo 145 (146) nos trae un camino en espejo al de las bienaventuranzas, es decir, caminos para llegar a Dios:

  1. Fidelidad. Fidelidad a Dios, a nuestra familia, esposa, esposo, hijos.
  2. Justicia. No solo mantener la justicia, sino crearla, cuidarla, promoverla.
  3. Dar comida a los hambrientos. No solo hambrientos físicos, sino espirituales.
  4. Libertad. Libertad de adicciones, libertad de lo que nos aleja de Dios.
  5. Abrir los ojos a los ciegos. ¿A cuantos ciegos espirituales o morales podemos devolverles la vista?
  6. Aliviar al agobiado. En lo físico, en lo psicológico, en lo social.
  7. Amar al justo. No hay mejor forma de enseñar ética que con el ejemplo de hombres justos.
  8. Proteger al extraño/forastero. Abrir las puertas de nuestro corazón al foráneo.
  9. Sostener a la viuda y al huérfano. Emocional, física, económica y espiritualmente.
  10. Trastornar los planes del malvado.  Los santos son amorosos pero también son luchadores.

En nuestra segunda lectura continuamos leyendo la carta de San Pablo a los Corintios.

La humildad es una forma de honestidad.

Es la primera y más fundamental virtud.

Significa, básicamente, obedecer lo que Jesús llama el primer y mayor mandamiento: dejar que Dios sea Dios.

Si Dios es todo sabio, Él sabe exactamente lo que necesitamos, lo que verdaderamente es mejor para nosotros, Él conoce el camino a nuestra felicidad, porque Él hizo ese camino, y es un camino único e irrepetible.

El cristianismo es siempre contracultural; según los estándares de este mundo, no es la sabiduría, el poder, el placer, el dinero ni el honor nuestra meta, y eso es incómodo para este mundo.

Nuestra meta en esta vida no es ser considerados sabios, poderosos, nobles, sino ser lo suficientemente humildes para aceptar el plan de Dios en nuestra vida y ser como Cristo, para que entonces Él sea nuestra sabiduría, nuestra justicia, nuestra santidad y nuestra redención.

El camino final hacia la felicidad es negarnos a nosotros mismos y seguir al creador de la felicidad.

En el Evangelio leemos el texto de San Mateo, y seguramente lo hemos leído muchas veces, hoy quiero empezar por algo fundamental… Una vez que te sientas, con calma, paciencia y humildad a un lado de Cristo, Él: Enseguida comenzará a enseñarnos. 

¿Qué nos va a enseñar? El camino a la alegría, el camino de la felicidad. Dichosos los pobres, porque las posesiones de esta tierra no les quitan la paz, la felicidad y nos los distrae de Dios.

Dichosos los tienen hambre, los que nada de esta tierra los satisface y buscan sus satisfacciones en las cosas de Dios.

Antes de leer las bienaventuranzas debemos de tener algo claro:

Jesús no es agradable.

Jesús no nos llama a estar cómodos.

Jesús no es algo conocido.

Jesús no es aburrido.

Jesús pone nuestro mundo patas pa’ arriba.

  1. Dichosos los pobres, porque las posesiones de esta tierra no les quitan la paz, la felicidad y nos los distrae de Dios.
    1. ¿Buscas más a Dios o al dinero?
  2. Dichosos los tienen hambre, los que nada de esta tierra los satisface y buscan sus satisfacciones en las cosas de Dios.
    1. ¿Buscas más saciar tu hambre o a Dios?
  3. Dichosos los que lloran, porque no están atados a siempre estar felices y contentos.
    1. ¿Buscas más a Dios o a estar siempre de buenas?
  4. Dichosos cuando te ataquen otros, porque tu felicidad no depende del qué dirán.
    1. ¿Buscar estar cómodo con la opinión de los demás por encima de Dios?
  5. Infelices los ricos, porque su felicidad está puesta en esta vida, en lo pasajero y no en Dios, en la vida eterna.
    1. ¿Es más importante lo terrenal o lo divino y trascendental?
  6. Infelices los que se hartan ahora, porque dedican su mente, su energía, y sus fuerzas en estar lleno hoy, pero no han invertido en el mañana.
    1. ¿Cuánto tiempo de tu semana lo dedicamos a la vida eterna?
  7. Infelices los que ríen ahora, los que solo buscan pasarla bien, los que son adictos a pasarla siempre bien
    1. ¿Qué tan adicto soy a estar siempre en una buena situación?
  8. Infelices los que siempre son alabados, porque están concentrados en la alabanza pasajera y no en la salvación eterna..
    1. ¿El honor es más importante que Dios?

Estas no son las opiniones de Juan Carlos, estas son las promesas de Cristo. ¿Has orado para seguir las bienaventuranzas? ¿Estás en el camino de ser un Beato?

IV. Oración

Señor, hoy vengo ante Ti, me rindo a tus pies para que guíes mis pasos, para que me muestres el camino para ser feliz. 

Enséñame a recorrer tus caminos, no quiero vivir lejos de Ti, de tu amor, de tu abrazo consolador, del camino que preparaste para mi, para que llegue a tu presencia.

Ven y cambia mi corazón, se que en mucho fallo, pero también se que tu amor puede levantarme, puede sanarme y puede transformarme. 

Ven y enséñame a amar, a entender que sólo en Ti, encontraré verdadera felicidad. 

Sólo Tú puedes cambiar mi vida y mostrarme lo que mejor me conviene. 

Deseo abrir la puerta de mi corazón a tu presencia renovadora, al manantial de gracias que derramas a través de tus sacramentos. 

Concédeme el don de la alegría, de la alegría que surge de hacer tu voluntad.

Sana las heridas de mi corazón que han sembrado miedo y dolor, para poder así actuar con todas las capacidades que me has regalado. 

Confío en tu amor. Tú eres el dueño de mi vida.

Amén

V. Compromiso

Reflexión:

  • ¿Cuál es el fin de mi vida?
  • ¿Práctico las bienaventuranzas?
  • ¿Has orado para seguir las bienaventuranzas? 
  • ¿Estás en el camino de ser un Beato?

Acción:

  • Practicar al menos una de las bienaventuranzas.

Publicado por Juan Carlos Carrillo

Juan Carlos Carrillo es un predicador Católico. Ha trabajado para distintos movimientos religiosos, como el Regnum Christi, Familia Educadora en la Fe, la Arquidiócesis de Tlalnepantla, entre otros. Juan Carlos inicio su formación religiosa en Familia Educadora en la Fe desde los 3 años. A los 13 años se convirtió en animador de grupos juveniles. A los 19 años entro al movimiento Regnum Christi donde se encargo en durante varios años de los Círculos de Estudios, Horas Eucarísticas y Retiros. A los 24 años se convirtió en el Vice-Coordinador Nacional de Universitarios del Movimiento Familia Educadora en la Fe y a los 27 tomo la responsabilidad como Coordinador Nacional de Juveniles del mismo movimiento. Juan Carlos se dedica a dar charlas, conferencias y catecismo a jóvenes y adultos buscando que encuentren el amor de Dios en sus vidas.

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