El deseo de hablar con Dios – XVII Domingo del tiempo ordinario

I. Experiencia de Vida

Mi Papá llegó a la meta.

El martes pasado, 19 de julio, llegó a la casa del Padre.

La primera frase que escuche de mi Mamá cuando la vi a los minutos del fallecimiento de mi Papá fueron, mientras abrazaba a mi hija: Estoy feliz.

¿Por qué estaría feliz una esposa de que su marido ya no esté?

Porque está en un lugar infinitamente mejor que la tierra, porque ha llegado al destino por el que luchó toda su vida, porque como mencionó de forma preciosa, en la misa de cuerpo presente, mi amigo el Padre Carlos, esto fue una Pascua, un Paso a la vida eterna.

¿Significa que no lo extraño? Para nada, al contrario, lo extraño mucho, más como también lo dijo el Padre Carlos, hoy está más cerca de mi, no de forma física, sino de forma espiritual.

¿Qué es lo que más extraño y extrañaré de mi Papa? El hablar con Él.

No hay coincidencias, solo hay “Diocidencias”, planes perfectos de Dios.

Hoy las lecturas nos hablarán del diálogo con Dios, de esa necesidad profunda que tenemos los seres humanos de conversar, de dialogar, de hablar, de escuchar y hablar.

Mi Papá era un hombre de diálogo, no era fácil quitarle la palabra, Él quería siempre presentar una idea, venderte un concepto, convencerte de la Fe en Cristo; más en el fondo lo que más disfrutaba es que alguien rebotara ideas con Él, que le narraras algo y que Él te diera su punto de vista, nunca se quedaba callado, siempre te daba su punto de vista, tal vez esa es la razón por la que siempre busco dialogar con Dios, porque Dios me puso a mi Papá como ejemplo de hombre de oración.

II. Mensaje

Nos dice el CIC 2558: El misterio de la Fe exige que los fieles crean en Dios, lo celebren y vivan de él en una relación viviente y personal con Dios vivo y verdadero. 

Esta relación es la oración.

¿Qué es la Oración?

Para mí, la oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto en las pruebas como en las alegrías: Santa Teresa del Niño Jesús.

La oración no está orientada a cambiar lo que Dios tiene en mente o contarle a Dios algo que no sabe de nosotros. Dios no es como un gran jefe de la ciudad o un gran señor en un palacio a quién tenemos que persuadir. 

Dios es Aquel quien nada necesita, solo quiere darnos cosas buenas, a pesar que no siempre sean lo que nosotros queremos.

¿Por qué Dios tarda en darnos lo que pedimos?

Dios se “tarda” en darte lo que desea darte para que, en ese espacio de tiempo, lo desees más ardientemente, no sea que, dándolo fácil, te parezca cosa despreciable: San Agustín.

La conversión de san Agustín no fue concedida a santa Mónica hasta después de 16 años de lágrimas; pero también fue una conversión incomparablemente más perfecta que la que había pedido: san Claudio de la Colombiere

¿Por qué oramos?

La Oración Colecta de este domingo nos da varias respuestas:

  1. Sin Dios, nada es fuerte, nada es Santo.
  2. Necesitamos de la Misericordia de Dios.
  3. Debemos poner nuestra meta no en los bienes pasajeros, sino en los bienes eternos.

III. Lectura de la Palabra, Reflexión y Explicación

La primera lectura está tomada del libro del Génesis, y pareciera más tomada de un cuento de niños, donde se está negociando y enseñando matemáticas básicas; más nos muestra varias de las características de la oración:

  1. Preguntar. Abraham se quedó ante el Señor y le preguntó. ¿Qué es quedarse ante el Señor? La preposición ante se utiliza como sinónimo de “delante de”.
  2. Escuchar. El Señor le contestó. ¿Cuánto tiempo dedicamos a escuchar a Dios?
  3. Insistir. Abraham insistió, Abraham volvió a insistir, Abraham siguió insistiendo, Abraham insistió otra vez, Abraham continuó. Como ya comentamos en el mensaje, el tiempo de Dios para contestarte, también es una forma en la que Dios nos habla.

El Salmo de este domingo es el Salmo 137 (138) nos da algunos 4 frutos de la oración:

  1. Dios escucha nuestros ruegos.
  2. Siempre que lo invocamos, nos escucha.
  3. En las penas, Dios, nos infunde ánimo.
  4. Somos obra de Dios, Él no nos abandona.

Nuestra oración, al igual que la Misa, debería contemplar 4 rubros:

  1. Dar gracias a Dios.
  2. Pedir ayuda a Dios.
  3. Pedir perdón a Dios.
  4. Dar Gloria a Dios.

La segunda lectura está tomada de la carta de San Pablo a los Colosenses, es continuación de la semana pasada, y no habla de una comunión con Cristo.

La forma de entrar en comunión con Cristo, es mediante la oración.

La forma de obtener lo que Cristo obtuvo: la vida eterna, es mediante la oración.

La forma de anular las cláusulas que nos condenan es mediante la unión con Cristo.

Como dice el CIC 2558: El misterio de la Fe exige que los fieles crean en Dios, lo celebren y vivan de él en una relación viviente y personal con Dios vivo y verdadero. 

Esta relación es la oración.

El evangelio de este domingo es del Evangelista San Lucas, nos presenta la oración por excelencia: El Padre Nuestro. Podríamos hacer una lista interminable de reflexiones sobre esta oración, quiero compartirles 9 puntos de reflexión:

  1. Nuestro. Dios es de todos, de los que amo y de los que no amo, de los que creen en Él y de los ateos y apóstatas.
  2. Es un gran Dios. No es un simple dios (con minúsculas), ni es un DIOS (todo en mayúsculas) Dios está en el cielo, debajo del cielo y nos quiere llevar al cielo.
  3. Dios es Santo. Es único, es distinto, está separado, su nombre debe transformarnos, porque también quiere que seamos Santos.
  4. Venga a nosotros tu Reino. Pedimos que su Reino, el Reino del amor viva constantemente en la tierra.
  5. Hágase tu voluntad. Debemos de ser tan obedientes como sus mismos ángeles. Donde se hace la voluntad de Dios ahí está el cielo.
  6. Danos hoy nuestro pan de cada día. Solo debo preocuparme por lo de hoy y Dios solo me da para lo de hoy. Y lo mismo pido para mis hermanos.
  7. Perdona nuestras ofensas. Perdóname con la misma vara con la que yo perdono, la medida del perdón de Dios, es la medida de mi perdón.
  8. No nos dejes caer en la tentación. Queda claro que cuando buscamos el Reino de Dios, el mundo va a “atacarnos”, y por lo tanto tendremos la tentación de alejarnos del Reino, pedimos que como Cristo en la cruz nos mantengamos firmes en el propósito de instaurar su Reino.
  9. Líbranos del mal. Si Dios es Santo, y quiere que nosotros seamos Santos, debemos buscar el mantenernos alejados de lo malo, de lo que no sea un camino a Dios.

IV. Oración

Padre nuestro que estás en el cielo, 

santificado sea tu Nombre;

venga a nosotros tu Reino;

hágase tu voluntad 

en la tierra como en el cielo.

Danos hoy 

nuestro pan de cada día;

perdona nuestras ofensas,

como también nosotros perdonamos 

a los que nos ofenden;

no nos dejes caer en la tentación,

y líbranos del mal.

Amén.

V. Compromiso

Reflexión: 

  • ¿Cuánto tiempo dedico a la oración?
  • ¿Qué tipo de oración estoy haciendo?
  • ¿Buscó en mi oración cambiar a Dios o cambiar yo ante Dios?

Acción: 

  • Subrayar una cosa de la oración del Padre Nuestro, y meditarla en la semana.

Publicado por Juan Carlos Carrillo

Juan Carlos Carrillo es un predicador Católico. Ha trabajado para distintos movimientos religiosos, como el Regnum Christi, Familia Educadora en la Fe, la Arquidiócesis de Tlalnepantla, entre otros. Juan Carlos inicio su formación religiosa en Familia Educadora en la Fe desde los 3 años. A los 13 años se convirtió en animador de grupos juveniles. A los 19 años entro al movimiento Regnum Christi donde se encargo en durante varios años de los Círculos de Estudios, Horas Eucarísticas y Retiros. A los 24 años se convirtió en el Vice-Coordinador Nacional de Universitarios del Movimiento Familia Educadora en la Fe y a los 27 tomo la responsabilidad como Coordinador Nacional de Juveniles del mismo movimiento. Juan Carlos se dedica a dar charlas, conferencias y catecismo a jóvenes y adultos buscando que encuentren el amor de Dios en sus vidas.

Un comentario en “El deseo de hablar con Dios – XVII Domingo del tiempo ordinario

Deja un comentario