I. Experiencia de Vida
El amor sin sufrimiento es dulce, más puede quedarse en ternura y sentimentalismo;
El sufrimiento sin amor es fuerte, más se siente como un golpe duro y amargo;
Más el amor que sufre es a la vez fuerte y dulce.
Es una de las grandes diferencias del amor de pareja, al amor de padres.
En el amor de parejas estamos buscando confort, sentimentalismo, placer, más con los hijos uno debe tragar en muchas ocasiones tragos agridulces.
En el momento que uno ubica que hay felicidad y satisfacción en ver el desarrollo del otro a causa de nuestra entrega, de nuestro dolor, es cuando descubrimos toda la potencialidad del amor, y toda nuestra potencialidad como seres humanos.
Mientras sigamos creyendo que la felicidad está dentro de nosotros, hacia nosotros y solo en nosotros, solo caeremos en un círculo viciosos de egoísmo. Más si nos atrevemos a dar nuestra vida por el otro, y encontrar el sentido de nuestra vida en el otro, entonces subiremos en una espiral virtuosa a lo que se San Ireneo explicó: «Gloria Dei vivens homo«
II. Mensaje
Los Cristianos estamos llamados a: “Amar hasta que duela. Si duele es una buena señal”. Esta es una de las frases célebres de la Madre Teresa de Calcuta. Significa que cruzamos el portal de la ternura y sentimentalismo y entramos a la madurez, fortaleza y dulzura del verdadero amor. Solo ahí podemos encontrar que el amor es lo más poderoso en el mundo, porque ese amor, es el amor del que San Juan nos habla: El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.
Explica San Juan Pablo II, en su encíclica, SALVIFICI DOLORIS: El amor es también la fuente más rica sobre el sentido del sufrimiento, que es siempre un misterio; somos conscientes de la insuficiencia e inadecuación de nuestras explicaciones. Cristo nos hace entrar en el misterio y nos hace descubrir el « por qué » del sufrimiento, en cuanto somos capaces de comprender la sublimidad del amor divino.
Como el diálogo de San Pedro y Jesús en el evangelio de la semana pasada, el sufrimiento no hace pasar de la simple “amistad”, la Philia, al amor divino y sobrenatural del Ágape.
Los Cristianos estamos llamados a seguir al Cordero y al Pastor: Jesús.
El Cordero fue inmolado por nosotros, si de verdad seguimos al Pastor, debemos pasar por el mismo camino del Cordero.
III. Lectura de la Palabra, Reflexión y Explicación
Durante la época de pascua en la primera lectura estaremos leyendo el texto de los Hechos de los Apóstoles.
Como veremos en las siguientes semanas, ya no estamos hablando de los primeros años de los Cristianos en Jerusalén, hoy somos transportados a la actual Turquía y al primer viaje de San Pablo.
Aquí nos encontramos que ya no son solo judios los que escuchan y siguen las enseñanzas de Jesús predicadas por San Pablo, sino también los prosélitos. La palabra prosélito viene del latín proselytus (converso), es decir aquí tenemos a judios y a no judios, y ambos siguen el camino de Cristo.
Como es normal, del que predica la palabra de Dios, muy pronto se ven envidias e injurias sobre Pablo y Bernabé ¿De dónde viene la envidia? De creer que Dios es solo para unos cuantos, los judios, y por eso sabiamente ambos hacen referencia a Isaías y a las propias palabras de Jesús:
Isaías 42:6: “Yo soy el Señor, en justicia te he llamado. Te sostendré por la mano y por ti velaré, Y te pondré como pacto para el pueblo, Como luz para las naciones”
Lucas 2:32: “luz de revelación a los gentiles, y gloria de tu pueblo Israel.”
Ahora, no podemos cerrar esta lectura sin ver que Pablo y Bernabé deben de sufrir por causa del Evangelio, al parecer la fórmula divina es: la palabra de Dios se propaga en la medida que sus predicadores deben “Ahora me alegro de mis sufrimientos por ustedes, y en mi carne, completando lo que falta de las aflicciones de Cristo, hago mi parte por Su cuerpo, que es la iglesia.” (Colosenses 1:24)
Por eso es fundamental ver la última frase del texto de esta primera lectura: “se quedaron llenos de alegría y del Espíritu Santo” Si hoy nos dijeran que el camino a la alegría es el sufrimiento por causa del Evangelio ¿Estaremos dispuestos a dicho sacrificio?
Este domingo leemos el Salmo 99 (100), el estribillo nos marca la realidad activa y pasiva de Dios y el hombre.
Dios es el activo, Él es nuestro Dios y nos ha elegido como su pueblo, el error es creer que nosotros como pueblo elegimos a Dios, por lo tanto: “Reconozcamos que el Señor (Jesús) es Dios, que Él fue quien nos hizo y somos suyos, que somos su pueblo y su rebaño.
Si entendemos el orden del Salmo, entenderemos que nosotros somos de Él, por lo que nos debemos a Él.
Durante la época de pascua estaremos leyendo en la segunda lectura el libro del Apocalipsis, y vemos una confirmación de lo que leímos en la primera lectura, la salvación es para todos, judíos y no judíos, de todas las razas y todas las naciones. Pero no hay que mal entenderlo, no es que TODOS se vayan a salvar, si no solo aquellos de túnica blanca lavada en la sangre de Cristo.
El pecado es como arenas movedizas: no tenemos cimientos sobre los que apoyarnos para salir. No podemos levantarnos por nuestros propios medios, ni física ni espiritualmente. Necesitamos ayuda. Necesitamos un Salvador. No podemos lavarnos a nosotros mismos. Necesitamos que Dios nos lave. No nos lavamos; somos lavados. Jesús nos limpia con su propia sangre divina infinitamente poderosa.
¿Por qué están vestidos con túnica blanca y palmas en las manos? Porque eso es el símbolo de la Santidad y del Martirio.
Si Cristo, el Cordero, ha dado, sacrificado, entregado su vida ¿Qué se espera de los Cristianos?
La tribulación que han pasado estas personas es la de seguir a Cristo o seguir al mundo, y han elegido el camino de Cristo por lo que han lavado su túnica en el Ágape de Cristo, por eso Cristo los protege continuamente.
Finalmente, Cristo no solo es Cordero, que se sacrifica, también es el Pastor que nos lleva al cielo, pero si Él es Pastor, nosotros somos ovejas, y por lo tanto debemos pasar por un dolor, un sacrificio, una entrega. No hay cielo, sin cruz. No somos de Cristo, sino nos entregamos como Él.
En este 4° domingo de Pascua leemos el Evangelio de San Juan, es muy corto, pero no menos trascendental.
Antes de leer este texto, date unos segundos para leer un versículo el 23 del capítulo 7 de San Mateo: “Nunca te conocí. Apártate de mí.” ¿Cristo podría decir eso de mí en el Juicio Final?
No podemos amar o ser amados y al mismo tiempo ser indiferentes. Para los Cristianos el camino no son ideas, es una persona: Cristo. Si Cristo te es indiferente, serás indiferente para Cristo en el Juicio Final.
Leamos el texto en orden distinto:
- ¿Sigues a Cristo?
- Es porque tienes una relación con Jesús, por eso Él te conoce. El conocimiento “personal” de Dios es una relación en 2 sentidos, Tú lo conoces, Él te conoce.
- ¿Cristo te conoce?
- Si te conoce, su voz te es conocida.
- No hablamos de conocimiento sobre Cristo, sino conocimiento de Cristo,
- No hablamos de que Cristo sepa sobre ti, sino que Cristo sepa de ti..
- Yo no solo conozco sobre mi esposa, conozco a mi esposa.
- Yo no solo conozco datos sobre mi familia, conozco a mi familia.
- Si Cristo te conoce y tú lo conoces a Él, su voz te es conocida.
- ¿La voz de Cristo es conocida por tu corazón?
- Entonces eres un seguidor de Cristo.
Es un círculo virtuoso, que concluye en la vida eterna.
El único punto, que es la pregunta inicial es: ¿Tu seguimiento de Cristo está abierto al dolor? ¿Al sufrimiento? ¿Al Ágape? ¿O sólo al Philia?
IV. Oración
Señor, tú decidiste ser el Cordero, morir por mi.
Yo soy parte de tu pastoreo y debo seguirte, pero mi ego, mis deseos, mi soberbia, me estorban para ser solo de ti.
Permite que el Espíritu Santo toque mi corazón para que siempre esté dispuesto a dar mi vida por ti, dar mi vida por el amor.
María Santísima, ayúdame a obedecer al amor de tu Hijo, se mi ejemplo y mi compañera en los retos de amor, que la providencia divina preparo para mi.
Amén.
Les comparto un canto que siempre me ha parecido bellísimo, y hoy la Segunda lectura nos lo reconfirman, Cristo es: Cordero y Pastor.
ALTÍSIMO SEÑOR,
QUE SUPISTE JUNTAR
A UN TIEMPO EN EL ALTAR
SER CORDERO Y PASTOR
QUISIERA CON FERVOR
AMAR Y RECIBIR
A QUIEN POR MI
QUISO MORIR.
V. Compromiso
Reflexión:
- Si el camino a la alegría es el sufrimiento por causa del Evangelio ¿Estamos dispuestos a dicho sacrificio?
- ¿Estoy dispuesto a morir por seguir a Cristo?
- ¿Cristo me reconocerá en el Juicio Final?
Acción:
- Buscar sacrificios de amor, y ofrecerlos a Dios.

La frase que hoy recibí de parte de Dios por medio de Juan Carlos, es: «PUEDO ENTENDER EL SUFRIMIENTO A TRAVES DE LOS LENTES DEL AMOR»
Y mi gran compromiso para ser feliz, será: BUSCAR SACRIFICIOS DE AMOR.
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