Hay dos partes de lo que sucede el Viernes Santo:
- Justificación, y
- Santificación.
La definición de justificación es: Prueba que se hace de la inocencia o bondad de una persona, de un acto o de una cosa.
Por la justificación nos reconciliamos con Dios, Jesús absorbe nuestro castigo, nos abre las puertas del cielo.
Eso sucede en la cruz.
La santificación es la acción y efecto de santificar, es la otra parte, es la parte en la que se nos quita, no solo nuestro castigo, sino también nuestra pecaminosidad y nos hace santos, nos hace dignos del cielo.
Para la mayoría de nosotros, eso solo comienza aquí y termina en el purgatorio, que es como el baño del cielo.
Dios es un dador, no solo lo vemos en la cruz, lo vemos en la naturaleza, la materia, da gravedad, el sol da luz y calor, y cada ser vivo da vida a otros seres vivos
Así, el significado de todo el universo culmina en Cristo.
No es casualidad que la teoría de la creación del universo, fuera desarrollada por un sacerdote: George Lemaître.
Por eso el matrimonio es un sacramento y no solo un contrato, Cuando un hombre y una mujer se casan, son cocreadores con Dios en una nueva entidad, una nueva creatura, no sólo llamada familia, o como la Biblia la llama: «una sola carne».
El hombre se entrega a sí mismo, su vida de hombre para hacer de la mujer algo nuevo: una madre.
La mujer se entrega a sí misma, su vida de mujer para hacer del hombre algo nuevo: un padre.
Jesús hace lo mismo por nosotros en la cruz, nunca en contra de su voluntad. Él cumple el significado de la vida para cada galaxia y cada átomo, y cada mujer y hombre en el universo.
Él nos justifica y nos abre la puerta para nuestra santificación.
Este es un ejemplo perfecto en la Sagrada Comunión.
Cuando comemos pan natural, seguimos el orden cósmico natural, siendo el ser mayor,nosotros, el que asimila al ser menor, el pan.
PERO, cuando comemos el cuerpo de Cristo, participamos del proceso sobrenatural, y no es el ser menor el que le dice al mayor: «Mi vida por la tuya», es al revés, es el ser mayor, Dios mismo, que dice «Mi vida por la tuya».
Él nos ofrece su vida eterna al derramar su sangre por nosotros.
El Cristiano debe tener claro un mensaje: Existimos para los demás, no para nosotros mismos.
Existimos para regalarnos a los demás, y ahí está nuestra Santificación.
¿Qué estás haciendo para ser más Santo?

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