Dios quiere llevarte a tu mejor versión – III Domingo de Cuaresma

I. Experiencia de Vida

Dice la OEA (Organización de Estados Americanos) que:

La autoridad parental es el conjunto de facultades y deberes, que la ley otorga e impone al padre y a la madre sobre sus hijos… para que los protejan, eduquen, asistan y preparen para la vida.

Organización de Estados Americanos, DE LA AUTORIDAD PARENTAL, Art. 206

Ya he comentado que tengo 2 hijos, y tengo la bendición que en las últimas semanas, me ha tocado verlos crecer muchísimo.

Como Papá uno tiene la obligación de dirigirlos, de guiarlos, de exigirles de acuerdo a sus capacidades, su edad, su intelecto, no por un simple ego mío de querer ver a mis hijos siendo los mejores contra otras personas, quiero que sean los mejores frente a ellos mismos.

Cuando veo que mi hijo de 2 años ya puede correr solo, o subir un muro de escalar, o veo que mi hija de 14 años puede viajar sola y hacerse responsable de sí misma, no pienso: “Con eso es suficiente” ya no debe de darles más, ni exigirles más, ni empujarlos por más, al contrario, su crecimiento solo se dará en la medida que vayan rompiendo sus límites y salgan de una comodidad que como Papá pueda yo estarles dando, sin que eso signifique que los debe dejar de proteger, educar, asistir o preparar.

Si yo siendo humano, imperfecto, busco lo mejor para mis hijos, ¿Qué buscará Dios de nosotros? La perfección. Sean ustedes perfectos, como su Padre que está en el cielo es perfecto

¿Estoy buscando cumplir el plan de Dios?.

II. Mensaje

En toda la Biblia, Dios habla a 7 personas por su nombre en 2 ocasiones, marcando que aquel llamado es para algo trascendental, uno de ellos, es Moisés. A varios de ellos les cambió su nombre, porque los llamaba a un cambio, a crecer, los llama a su mejor versión.

  1. Abram/Abraham
  2. Jacob/Israel
  3. Moises
  4. Samuel
  5. Marta
  6. Simon/Pedro
  7. Saulo/Pablo

Hoy veremos mucha información, el error que podríamos cometer es el de descartar cierta información, porque no nos gusta o no nos conviene, o porque nos exige salir de nuestro círculo de confort, por el contrario debemos seguir un método científico, con toda la información, con TODOS los datos: no seleccionar y elegir lo que nos gusta y lo que no nos gusta, sino aceptarlo todo y tratar de combinarlo, reconciliarlo, encajarlo todo, para buscar crecer, para buscar ser un mejor Cristiano que el de la Cuaresma del año pasado.

III. Lectura de la Palabra, Reflexión y Explicación

La primera lectura, está tomada del libro del Éxodo, y probablemente es el texto más importante del Antiguo Testamento.

  1. Moisés llevó el rebaño, más allá del desierto. No podemos encontrarnos con Dios en nuestra comodidad, en nuestro círculo de confort, debemos ir mar adentro.
  2. Voy a ver de cerca esa cosa tan extraña. Dios puede llamarnos por algo extraordinario, pero quiere que lo veamos en lo ordinario, no quiere apelar a nuestra sorpresa, quiere apelar a nuestro amor, por eso Dios le dice: “Quítate las sandalias, porque el lugar que pisas es tierra sagrada”. Debemos saber reconocer los lugares, momentos, personas y circunstancias donde Dios nos llama, no mediante una zarza, pero si puede ser mediante una situación de salud, una charla, una llamada, un crucifijo, un dolor o una alegría. Cometer el pecado de Esaú, cambiar lo divino por algo humano, eso es Profanar.
    1. La palabra «profanar» viene del latín profanare y significa «poner lejos de lo sagrado»
  3. Yo soy el Dios de tus padres. Dice San Agustín: “Tu autem intimior intimo meo et superior summo meo” (Tú, Señor, eres lo más interior de lo más íntimo mío y lo más superior de lo más supremo mío), Dios conoce que Moisés es descendiente de Abraham, de Isaac, de Jacob, sabe la opresión del pueblo, y tiene un plan: sacarlos de la opresión y llevarlos a una tierra buena. Este no es el Dios del Deísmo Terapéutico Moralista, es un Dios personal. 
  4. Cuando me pregunten cuál es tu nombre, ¿Qué les voy a contestar? El pecado del hombre es querer tener control de Dios, es como Adán y Eva, quieren ser como Dios. Esa prohibición de decir el nombre de Dios no fue solo un invento hecho por el hombre, como un fanático adolescente fan de una estrella de rock que nunca se lava la mano derecha porque su estrella de rock favorita una vez se la besó. Esta prohibición de que alguien pronunciara el nombre estaba implícita en el nombre mismo. 

Cualquier otro nombre, como «Señor», «Oscar» o «Belleza», se puede pronunciar en tercera persona, refiriéndose a otra persona, como «él», «ella» o «eso». También se puede pronunciar en segunda persona, cuando te estás refiriendo a la persona estás hablando como «tú». Pero el nombre «yo» sólo puede pronunciarse en primera persona, refiriéndose al hablante. Así que el único que verdaderamente puede decir «yo» eres tú mismo. Si Dios hubiera revelado su nombre como «Oscar», no sería una blasfemia decir «¡Oscar es genial!» o «¡Oh tú, gran Oscar, te alabo!» Pero no puedes decir «YO SOY es genial» sin reclamar ser ese «YO SOY». No puedes decir «Oh tú, gran yo, te alabo» sin alabarte a ti mismo. Y eso no es solo egoísmo, sino blasfemia: pretender ser Dios. 

Entonces, que una mera criatura diga este nombre es afirmar ser Dios, lo cual es la máxima blasfemia y la máxima idolatría, la violación directa de lo que Jesús llama el primer y más grande mandamiento, adorar solo a Dios. Por eso, cuando Jesús pronunció este nombre en respuesta a la demanda de los judíos «¿Quién dices ser? – cuando dijo: «De cierto, de cierto os digo, antes que Abraham fuese, YO SOY» esa palabra no se había pronunciado en la tierra durante mil quinientos años, desde que Dios mismo se lo dijo a Moisés desde la zarza ardiente. Y dado que la Ley Mosaica ordenaba la pena de muerte por blasfemia deliberada, tan pronto como los judíos escucharon a Jesús pronunciar ese nombre y afirmar ser Dios, tomaron piedras y trataron de apedrearlo (Juan 8:58-59) .

El Salmo, que este domingo nos presenta la liturgia es el 102 (103), y tenemos 3 claves para leerlo y conectarlo con las lecturas.

  1. El Señor es compasivo y misericordioso. Si yo no pongo mi confianza y mi amor en Dios, y me someto a sus exigencias, nunca podré ver ni su compasión, ni su misericordia, aun cuando se me presente en una zarza ardiendo.
  2. El Señor perdona tus pecados. ¿Qué necesito hacer para recibir el perdón de mis pecados? los 5 pasos para una buena confesión:
    1. Examen de conciencia.
    2. Dolor por haber pecado.
    3. Propósito de no volver a pecar.
    4. Decir todos los pecados al sacerdote.
    5. Cumplir la penitencia.
  3. Lento para enojarse y generoso para perdonar. Es lento porque nos da toda la vida y es generoso, porque mientras vivamos, siempre podremos encontrar en Él el perdón, pero el día del Juicio, será expedito y justo, ya no habrá oportunidad. 

En la segunda lectura, de la carta de San Pablo a los Corintios, obtenemos una pregunta muy fuerte: ¿Juzgamos las palabras de Dios, o dejamos que nos juzgue?

Según algunos de nuestros psicólogos modernos, nuestro mayor problema es la falta de autoestima, a los hijos no debemos gritarles, exigirles, llamarles la atención. 

Eso es erróneo. 

¿Ese era el problema de Hitler? ¿Le faltaba autoestima? ¿El diablo es malo porque le falta autoestima?

Nuestro mayor peligro no es que tengamos muy poca autoestima sino que tengamos demasiada, como los fariseos, y que nos creamos lo suficientemente buenos como para ir al cielo y pedir justicia en lugar de misericordia en el Juicio Final. Eso es lo más estúpido que podríamos hacer.

Solo si admitimos que estamos enfermos iremos al médico. (Lucas 5:31-32)

¿Quieres que Jesús te busque? Uno debe empezar por reconocerse pecador y arrepentirse.

Lo pondré en un ejemplo: 

  • Necesitamos un trasplante de corazón, esa es la mala noticia. 
  • La operación es gratis, esa es la buena noticia. 

Por eso Pablo nos da malas noticias. No creeremos las buenas noticias a menos que creamos las malas noticias.

El Evangelio, tomado del texto de san Lucas, no narra la parábola que nos comparte Jesús, la de la higuera plantada en un viñedo (en los viñedos se plantan vides)nos debe causar una doble sensación:

  1. Esperanza: Por las segundas oportunidades que Dios nos da en la vida, oportunidades de cambiar nuestra vida.
  2. Temor: Porque las segundas oportunidades no duran para siempre. Como dice San Agustín: “Teme de la gracia de Dios que pasa y no vuelve”.

En la parábola, nuestro viñador (alguien mejor preparado que un jardinero) convence al dueño de la viña a darle una segunda oportunidad, otro año para producir frutos, si no lo hace la cortará. ¿Sabemos cuánto tiempo falta para morir? Sabemos que la hora de nuestra muerte llegará. El momento de dar sus frutos es ahora, hoy ¿A qué estamos esperando?

¿Por qué debemos dar fruto? Porque Dios lo exige, podemos leer esta misma exigencia en la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30) y ver que el infructuoso fue arrojado a las tinieblas de afuera; donde será el llanto y el crujir de dientes.

Como un buen padre, Dios es fácil de complacer pero difícil de satisfacer.

Dios no es un consentidor. Dios es nuestro Padre. Dios quiere convertir a todos sus hijos en aquello de lo que estará orgulloso (La fórmula de San Ireneo «Gloria Dei vivens homo»). 

Nos ama tanto que no dejará de molestarnos e incomodarnos hasta hacernos santos.

IV. Oración

Señor, me declaro culpable, pido clemencia, perdón por mis pecados.

Me acerco a ti con absoluta confianza, porque sé que tú prefieres la penitencia a la muerte del pecador.

A ti no te gusta ni la venganza ni el rencor, tu corazón es compasivo y misericordioso,

y sé que sólo estás esperando a que tenga la humildad de reconocer mi pecado, arrepentirse y pedir perdón

para desbordar la abundancia de tu misericordia.

No te rendirás conmigo, te pido que me exijas siempre un poco más,

dame la oportunidad, como a la higuera, de darte resultados este año,

permite que mi fe se transforme en obras.

Amen.

V. Compromiso

Reflexión: 

  • ¿Estoy buscando cumplir el plan de Dios?
  • ¿He profanado y tratado lo divino, como terrenal?
  • ¿Juzgamos las palabras de Dios, o dejamos que nos juzgue?
  • ¿Qué frutos estoy generando?

Acción: 

  • Generar frutos que hagan a Dios sentirse orgullosos de nosotros.
  • Buscar la confesión, en búsqueda del perdón de Dios y dispuesto a escuchar sus exigencias.

Publicado por Juan Carlos Carrillo

Juan Carlos Carrillo es un predicador Católico. Ha trabajado para distintos movimientos religiosos, como el Regnum Christi, Familia Educadora en la Fe, la Arquidiócesis de Tlalnepantla, entre otros. Juan Carlos inicio su formación religiosa en Familia Educadora en la Fe desde los 3 años. A los 13 años se convirtió en animador de grupos juveniles. A los 19 años entro al movimiento Regnum Christi donde se encargo en durante varios años de los Círculos de Estudios, Horas Eucarísticas y Retiros. A los 24 años se convirtió en el Vice-Coordinador Nacional de Universitarios del Movimiento Familia Educadora en la Fe y a los 27 tomo la responsabilidad como Coordinador Nacional de Juveniles del mismo movimiento. Juan Carlos se dedica a dar charlas, conferencias y catecismo a jóvenes y adultos buscando que encuentren el amor de Dios en sus vidas.

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