En el amor, ¿Eres alguien maduro? – VII Domingo del tiempo ordinario

I. Experiencia de Vida

La base económica del ser humano es que yo debo de dar algo a cambio de que me entreguen un bien o un servicio, en los inicios de la humanidad, esto se lograba con el trueque, yo te doy 10 kilos de maíz y tu me das una vaca, entre más fuimos evolucionando menos usamos el trueque y más usamos las monedas, desde el último siglo, los cheques, las tarjetas de crédito, las transferencias electrónicas, o en los últimos años las criptomonedas también son una forma de pago.

La economía humana es de suma cero, yo te doy algo de cierto valor y tu me das algo del mismo valor, yo te doy 10 y tu me das 10, la suma al final es 0.

El ser humano ha encontrado en esta forma económica, una forma justa de que los bienes y servicios se den. El problema es que en algún momento de la historia de la humanidad, creímos que lo que funcionaba para la compra y venta de bienes y servicios, nos funcionaba por igual para el amor, y ahí estamos en un error.

Dejenme lo pongo en la canción de José José: “Casi todos sabemos querer, Pero pocos sabemos amar, Es que amar y querer no es igual

¿Están mis relaciones con los demás basadas en el amor, o en un egoísmo compartido?

¿Le he “cobrado” el amor a alguien?

Uno de los pocos lugares donde el amor se sigue viviendo hoy, de forma no económica, sino de la forma en la que Dios la planeó para nosotros es en la familia.

La familia es el sistema de «pago por adelantado».

Nadie puede darle a sus padres el regalo que sus padres les dieron: el regalo de la vida.

No podemos pagar esa deuda, así que se la pagamos a nuestros hijos.

Esa es la razón detrás de la invención de Dios de la familia.

Ninguna Mamá o Papá sabía lo que era el amor, hasta no tener en sus brazos a sus hijos, en ese momento, aunque lleve un matrimonio muy amoroso, en el matrimonio siempre existe una cierta condicionante, que en los hijos desaparece cuando vemos a un ser indefenso que depende 100% del Padre o de la Madre, es que entendemos el amor, y compartimos el amor de Dios.

II. Mensaje

El amor de Dios hacia su creación, es muy similar a lo que la iglesia le pide a los esposos, como fundamentos para que su matrimonio sea válido.

El amor debe ser:

  1. Libre. Dios nunca impone… propone. La verdad del amor de Dios por nosotros es que siempre somos LIBRES de decirle que no.
  2. Completo. Es decir, en todas las áreas y para siempre. El amor no puede ser parcial, si es parcial, no es amor. Ninguno de nosotros rechaza por completo a Dios, pero hay partes de Él que quizás no queramos.
  3. Fiel. La forma en la que Dios nos ama, el «matrimonio» que Dios tiene con nosotros, no cambia, no se modifica, no se aleja, aunque nosotros nos alejaremos, el amor Cristiano es un amor fiel.
  4. Fructífero. Aquel que está en una relación con Dios, es decir con el amor, debe dar frutos, si el amor no genera frutos, no es amor.

¿La forma en la que amo a mi familia, a mis amigos, a mis empleados, a todo aquel que Dios pone en mi vida es: Libre, Completo, Fiel y Fructífero

III. Lectura de la Palabra, Reflexión y Explicación

La primera lectura de este domingo es sobre el Rey David, y está tomada del primer libro de Samuel, y esta lectura tiene 2 visiones que quiero resaltar: la moralista humana y el amor de Dios.

Cada elección moral que hacemos tiene aspectos de 3 dimensiones:

  1. Acto objetivo que realizamos,
  2. Motivo subjetivo o intención para hacerlo,
  3. Circunstancias del entorno o situación en la que lo hacemos.

El principio básico de la moralidad es: Hacer lo correcto, por la razón correcta, de la manera correcta.

Si cualquiera de esos 3 factores en una elección es malo, eso hace que el pensamiento, la frase, la acción o falta de acción sea mala. El fin NO justifica los medios.

La Biblia describe a David como «un hombre conforme al corazón de Dios«

Él no fue un hombre sin pecado. De hecho, cometió al menos un par de terribles y sorprendentes pecados con Urías y Betsabé.

Pero David tenía conciencia, se arrepintió y confesó sus pecados de asesinato y adulterio.

David no mató su conciencia, Él creía que su conciencia era la voz de Dios.

AHORA, punto dos, nosotros los católicos no solo seguimos la moralidad, los mandamientos nos dicen cuáles son las cosas buenas y malas.

El amor a Dios y al prójimo son la razón correcta, el fin que nos lleva a realizar cosas buenas.

El Salmo de este domingo, es uno de mis favoritos, es el número 102 (103), y nos habla de la forma de ver a Dios, y entender su amor:

“No nos trata como merecen nuestras culpas, ni nos paga según nuestros pecados”, sino que “Como un Padre es compasivo con sus hijos, así es compasivo el Señor”

Vemos que la economía humana es distinta de la divina; Dios no nos paga nuestros pecados, con males o desgracias, sino como el Papá de la parábola del Hijo Prodigó, nos da la parte de la herencia, perdona nuestros pecados, nos recibe cuando regresamos a Él arrepentidos y se vuelve a comprometer con nosotros.

La segunda lectura sigue siendo de la carta que San Pablo le escribió a los Corintios, hoy leemos el capítulo 15. ¿Qué hace San Pablo admirablemente en este texto? Comparar la economía humana vs la economía divina, el fin que logramos los hombre sin Dios, y el fin que logramos los hombres en el amor de Dios.

Cuando Adán «se desconectó», por así decirlo, de Dios, la vida divina inmortal desapareció de su alma, y dado que el cuerpo y el alma eran 2 dimensiones en una sola persona, hubo resultados inevitables en su cuerpo: sufrimiento y muerte.

Esa es la naturaleza humana que todos heredamos: Sufrimiento y muertes si no tenemos a Dios en el alma.

Pero Dios no tenía intención de dejarnos “desconectados”, por eso envió a su hijo, Jesucristo.

Todos hemos heredado la naturaleza humana caída de Adán, pero si estamos «en Cristo» por fe, también heredamos la vida sobrenatural e inmortal que Adán perdió.

Nosotros «heredamos» esto no por herencia biológica sino por la fe y el Bautismo.

No tenemos elección sobre nacer, pero debemos elegir renacer.

Tenemos la opción de optar por la economía humana, de suma cero, o la economía divina que es infinita.

El Evangelio de este Domingo, continúa la predicación de Jesús en una pradera, es la continuación del capítulo 6 de San Lucas, donde la semana pasada escuchamos las bienaventuranzas, hoy Jesús, nos habla del amor desde la perspectiva de Dios, y es bajo la economía humana, algo insostenible, terrible, ilógico, y hasta estúpido.

Para poder sacar todo el provecho del texto de hoy, debemos recordar lo que nos indica el Catecismo de la Iglesia Católica en sus números 115 al 117, y leer el texto en TODA su extensión y no solo de forma literal.

Si interpretamos todos los dichos literalmente solo, como diciéndonos exactamente lo que estamos obligados a hacer todo el tiempo a todos, alentaremos la violencia, el maltrato y el crimen. Y eso no sería un acto de amor. 

Pero hacerlo literalmente a veces, cuando vemos que puede convertir al golpeador o al ladrón, puede ser un excelente y eficaz testimonio de Cristo y de su amor radical. 

Necesita discernimiento. 

Necesitamos pensar. 

Y eso es exigente. 

La interpretación literal es mucho más fácil. Es para borregos, Cristo no quiere borregos, quiere que uses tu mente.

Los fariseos y su legalismo son el ejemplo clásico de literalismo. 

Tenían la reputación de ser los moralistas más estrictos, pero en realidad facilitaron la moralidad. 

Todo lo que tenían que hacer era evitar caminar más de un cierto número de pasos en sábado; no tenían que observar el sábado interior – para detener el volante de su activismo legalista ocupado y observar el sábado más exigente del alma, del silencio interior y la oración en el corazón.

Al leer el texto de hoy  debemos estar listos en nuestros corazones para hacer todas las obras radicales de amor de las que Jesús habla literalmente si eso es lo más amoroso que se puede hacer.

Jesús no está exagerando.

Su punto es que debemos vernos a nosotros mismos y todo lo que tenemos como cosas que estamos dispuestos a dar cuando el amor lo exija y cuando nuestro prójimo se beneficie de ello.

Pero no cuando no se beneficiaría de ello, no cuando una obediencia literal haría más daño que bien.

Jesús no nos está dando reglas para seguir mecánicamente, como una máquina. 

El punto esencial de este domingo llega en la frase de Jesús: «Con la misma medida con que midan, serán medidos«. 

En otras palabras, trata a tu prójimo como te gustaría que te trataran a ti, y tu prójimo más significativo es Dios. 

Cuando miramos un crucifijo, debemos recordar que ese mismo Jesús te hace esta pregunta hoy: Esto es lo que hice por ti; ¿Qué estás haciendo ahora por mí?

IV. Oración

Existe en nuestra religión un bellísimo canto que podemos usar perfectamente para nuestra oración de este domingo: 

Amar es entregarse 

olvidándose de sí,

buscando lo que al otro, 

pueda hacerle feliz.

QUÉ LINDO ES VIVIR PARA AMAR,

QUÉ GRANDE ES TENER PARA DAR,

DAR ALEGRÍA, FELICIDAD,

DARSE UNO MISMO ESO ES AMAR.

Si amas como a ti mismo, 

y te entregas a los demás, 

verás que no hay egoísmo 

que no puedas superar.

Amen.

V. Compromiso

Reflexión: 

  • ¿Tengo claro que “En el atardecer de mi vida seré juzgado en el amor”?
  • ¿Mi forma de amar es de acuerdo al plan de Dios o a mi plan?
  • ¿Qué estás haciendo ahora por amor a Dios?
  • ¿Qué estás haciendo ahora por amor a tu familia?

Acción: 

  • Buscar la ocasión de amar sin recibir NADA a cambio.

Publicado por Juan Carlos Carrillo

Juan Carlos Carrillo es un predicador Católico. Ha trabajado para distintos movimientos religiosos, como el Regnum Christi, Familia Educadora en la Fe, la Arquidiócesis de Tlalnepantla, entre otros. Juan Carlos inicio su formación religiosa en Familia Educadora en la Fe desde los 3 años. A los 13 años se convirtió en animador de grupos juveniles. A los 19 años entro al movimiento Regnum Christi donde se encargo en durante varios años de los Círculos de Estudios, Horas Eucarísticas y Retiros. A los 24 años se convirtió en el Vice-Coordinador Nacional de Universitarios del Movimiento Familia Educadora en la Fe y a los 27 tomo la responsabilidad como Coordinador Nacional de Juveniles del mismo movimiento. Juan Carlos se dedica a dar charlas, conferencias y catecismo a jóvenes y adultos buscando que encuentren el amor de Dios en sus vidas.

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