Quiero, Puedo y Debo – XXIV Domingo del tiempo Ordinario

I. Experiencia de Vida

Hace algunas semanas he comentado y cuestionado ¿Qué tan dispuestos estamos ante el sacrificio? el sacrificio personal, el sacrificio familiar, el sacrificio por nuestro país, por nuestra comunidad. 

Quiero compartirles algo que sucedió hace algunas semanas, fuimos a cenar mi esposa y yo con un grupo de amigos; Mi esposa y yo éramos la única pareja con hijos, y surgió la pregunta: ¿Es difícil ser Papá? A lo cual conteste, ser Padre involucra que ya no eres lo más importante en tu propia vida, que la mayor prioridad en la vida son tus hijos; cuando eres Mamá o Papá verdaderamente es cuando decides que lo más importante no eres tú, sino tus hijos.

Hoy el mundo nos esta diciendo que lo más importantes somos nosotros, primero yo, después yo, y al final yo; el mejor ejemplo es lo que acaba de pasar en México esta semana, y la respuesta de muchas personas, celebrando que el Aborto es algo legal.

Déjenme deconstruyo esto no desde el modelo religioso, sino de escalas y moralidad.

No soy juez y tampoco escribo leyes pero lo que sí se puede estar completamente en contra es el pensar que si yo pongo en la misma altura la decisión de la vida de una madre y la vida de un hijo, tienen el mismo valor, más estoy seguro que cualquier madre en sus capacidades mentales sanas, donaría su vida por su hijo, no lo mataría.

Claro cuando mi diversión, mi libre albedrio, mi tiempo y mi espacio están por encima de la vida de otro ser humano,  por supuesto que voy a poder poner el aborto como una solución. 

¿Qué está por encima de tu moralidad? ¿Qué está por encima de tus valores? Estas normas morales, estos principios que nos enseñaron nuestros padres claramente hoy día, no son el valor máximo, el valor máximo actualmente es el libertinaje; el que me dejen hacer lo que a mi se me antoja cuando me se me antoja y que además nadie me pueda cuestionar lo que yo estoy decidiendo

Hay una serie en Netflix que refleja parte de esta problemática. Una chica judía en una comunidad ultraortodoxa. El Obispo Barron realizó un análisis de la serie, justamente sobre el tema de la supremacía actual del libertinaje, como valor máximo.

El problema de poner el libertinaje por encima del destino es que acaba con el sentido de la vocación, de la misión, del plan divino, y es superado por el existencialismo de Kierkegaard o de Jean-Paul Sartre: “la visión de que la existencia precede a la esencia”.

Si yo decido que soy, inmediatamente acabó con la claridad de mi procedencia, de donde vengo, ya no que recibiste de tu familia, no importan los valores familiares, las leyes humanas, menos las leyes divinas, la máxima ley es mi voluntad, lo más importante soy yo. El ser humano está llamado a discernir entre lo que le ha sido dado, destino, y usarlo de la mejor manera posible, libre albedrío.

No estoy diciendo que tengamos que vivir de una forma ultra ortodoxa aceptando únicamente lo que se nos destina, lo que estoy diciendo es no podemos caricaturizar el concepto del destino, como tampoco podemos ponerle un altar al libertinaje, debemos encontrar el equilibrio y me parece que ahí está la verdadera entrega, y el mismísimo sentido de la vida, en conectar el plan divino, del destino, con mi Fiat, hágase, la entrega de mi voluntad a un plan superior.

II. Mensaje

Hoy vamos a ver en las lectura como el plan divino en muchas ocasiones está alejado del plan humano.

¿Cuál es la visión humana que tenemos de un dios? 

Un ser todopoderoso, todo sabiduría, omnipresente, que no necesita nada de nadie, que destruye cualquier cosa que no sea como él quiere, esa idea, que es una idea que cualquier humano ha tenido y que desde desde los confines de la historia lo vemos en la antropología, y mitología, ya sea de los dioses griegos, romanos, egipcios,hindúes.

Esa no es la visión de los Cristianos; nuestra visión del Dios uno y trino es completamente diferente.

La famosa expresión de San Ireneo: «Gloria Dei vivens homo», que podría traducirse como: “La gloria de Dios es la plenitud del hombre”. El Dios en el que creemos los Cristianos, es un Dios que es: Amor.

Y en ese ser Amor, nos entrega a su Hijo, quien en contra de su libertad, se sacrifica por nosotros: «Padre Mío, si es posible, que pase de Mí este cáliz; pero no sea como Yo quiero, sino como Tú quieras». (Mateo 26:39)

Quiero plantear una metodología que me fue enseñada hace unos 25 años por un sacerdote. Ante cualquier situación en la vida debemos hacernos 3 preguntas:

  1. ¿Quiero hacerlo?
  2. ¿Puedo hacerlo?
  3. ¿Debo hacerlo?

La primera pregunta contesta al ego, a la supremacía de la libertad individual.

La segunda pregunta contesta al destino, a las capacidades que Dios nos ha dado.

La tercera pregunta contesta al orden en tu vida, a tu escala de valores.

Es entonces que yo puedo preguntar: 

  1. ¿Jesús QUERÍA estar en la cruz? No.
  2. ¿Jesús PODÍA estar en la cruz? Si.
  3. ¿Jesús DEBÍA estar en la cruz? Si.

Que vemos en esta metodología Cristiana, que el ego y la libertad individual, no están por encima de la vocación, de la potencialidad, del plan divino.

III. Lectura de la Palabra, Reflexión y Explicación 

La primera lectura tomada del libro del profeta Isaías nos narra la profecía bellísima de lo que Jesús va a ser: El Siervo sufriente de Dios.

Si tienen oportunidad de ver la serie de 1977: Jesús de Nazareth, verán en la escena de la crucifixión una de las mejores narraciones del texto, por parte de Nicodemo.

Cristo acepta el plan del Padre y está dispuesto a sacrificarse y sufrir todo los sufrimientos humanos y sufrir con toda la intensidad posible.

Jesús no yo no se resiste, ni se echa para atrás, Jesús cumple esta profecía de 500 años.

Cómo seres humanos el sufrimiento de Cristo en la cruz nos tiene que retar, a ver a Dios diferente, el Dios en el que creemos no es un Dios no pone en primer lugar su propio desarrollo, ni su propia libertad, sino a través del sufrimiento y una entrega por el otro es decir por nosotros, obtiene nuestra salvación… y nosotros, sino decimos Cristianos, estamos llamados a lo mismo.

El Salmo de este Domingo, tiene la respuesta humana al plan divino, este debe ser el momento de diálogo con el Señor, Si Dios me está dando un destino, una vocación, un plan, yo únicamente debo contestar: Sí Señor, Caminaré en tu presencia.

En este Salmo, la palabra presencia involucra estar en la misma sintonía que Dios.

Ante las redes de la muerte, caminaré en sintonía con Dios.

Cuando me alcancen los lazos del abismo, caminaré en sintonía con Dios.

Ante la tristeza y angustia,  caminaré en sintonía con Dios.

Por eso cuando Santiago en la 2ª lectura ocupa una de las frases que más me gustan de toda la Biblia: “Enséñame tu fe sin obras, y yo, por las obras, te probaré mi fe.” 

La fe, nuestra relación con Dios, se demuestra con obras, esa relación de Cristo con el Padre, la vemos en obras, en su sacrificio, es algo tangible, no es una simple filosofía, o romanticismo, es una relación que genera frutos.

¿Qué tan dispuesto estás a sacrificarte por el prójimo?

¿Qué tan dispuesto estás a sacrificarte por el plan de Dios?

¿Con qué actos demuestra tu fe?

¿Está tu fe determinada por lo que quieres o por lo que puedes?

En el evangelio de San Marcos, Pedro cumple con 2 funciones muy humanas: 

  1. Reconocer a Cristo como Dios: Tú eres el Mesías 
  2. Querer quitarle su papel de Salvador, y dejarlo sin el Sacrificio

Esto dice algo de nosotros, está muy bien que reconozcamos a Jesús como nuestro Salvador, como el Mesías, más no podemos dejarlo en el plano teórico, romántico y humano, debemos ver que Cristo vive para cumplir los planes del Padre.

Nos debe interpelar la frase del niño Jesús cuando se pierde en el templo: ¿Acaso no sabían que me era necesario estar en la casa de Mi Padre?

Aquí está la pregunta personal, 

¿Estoy dispuesto a sacrificarme por el plan de Dios? 

¿Reconozco que Cristo cumple con un plan, que humanamente, Él no quería? 

¿Alabo a Jesús por su entrega?

¿Alabo a Jesús por su sacrificio que me salva? 

¿Reconozco el amor que Jesús me tiene?

IV. Oración

Para hacer nuestra oración de esta semana usaremos el texto del Salmo 116.

Amo al Señor, porque oye

Mi voz y mis súplicas.

Porque a mí ha inclinado Su oído;

Por tanto le invocaré mientras yo viva.

Los lazos de la muerte me rodearon,

Y los terrores de la muerte vinieron sobre mí;

Angustia y tristeza encontré.

Invoqué entonces el nombre del Señor, diciendo:

«Te ruego, oh Señor: salva mi vida».

Clemente y justo es el Señor;

Sí, compasivo es nuestro Dios.

El Señor guarda a los sencillos;

Estaba yo postrado y me salvó.

Vuelve, alma mía, a tu reposo,

Porque el Señor te ha colmado de bienes.

Pues Tú has rescatado mi alma de la muerte,

Mis ojos de lágrimas,

Mis pies de tropezar.

Andaré delante del Señor

En la tierra de los vivos.

V. Compromiso

Reflexión: 

  • ¿Qué tan dispuesto estás a sacrificarte por el prójimo?
  • ¿Qué tan dispuesto estás a sacrificarte por el plan de Dios?
  • ¿Con qué actos demuestra tu fe?
  • ¿Está tu fe determinada por lo que quieres o por lo que puedes?
  • ¿Estoy dispuesto a sacrificarme por el plan de Dios? 
  • ¿Reconozco que Cristo cumple con un plan, que humanamente, Él no quería? 
  • ¿Alabo a Jesús por su entrega?
  • ¿Alabo a Jesús por su sacrificio que me salva? 
  • ¿Reconozco el amor que Jesús me tiene?

Acción: 

  • Visitar el santísimo, ponernos frente del ver la Cruz y decirle a Jesús: Señor yo sé que probablemente tú no querías estar ahí pero cumpliste con el plan de Dios Padre permite ser como tú, permíteme cumplir con tus planes.
  • Visitar a la Virgen María y decirle: Madre Santísima tu cumpliste con un plan que probablemente no era el tuyo
  • Platicar con San José, y decirle: Señor San José, tú supiste sacrificar tu sueño de ser papá de muchos hijos, por el plan divino.
  • Ante las invitaciones que Dios nos hará esta semana, preguntarnos 
    • ¿Quiero?
    • ¿Puedo?
    • ¿Debo?

Publicado por Juan Carlos Carrillo

Juan Carlos Carrillo es un predicador Católico. Ha trabajado para distintos movimientos religiosos, como el Regnum Christi, Familia Educadora en la Fe, la Arquidiócesis de Tlalnepantla, entre otros. Juan Carlos inicio su formación religiosa en Familia Educadora en la Fe desde los 3 años. A los 13 años se convirtió en animador de grupos juveniles. A los 19 años entro al movimiento Regnum Christi donde se encargo en durante varios años de los Círculos de Estudios, Horas Eucarísticas y Retiros. A los 24 años se convirtió en el Vice-Coordinador Nacional de Universitarios del Movimiento Familia Educadora en la Fe y a los 27 tomo la responsabilidad como Coordinador Nacional de Juveniles del mismo movimiento. Juan Carlos se dedica a dar charlas, conferencias y catecismo a jóvenes y adultos buscando que encuentren el amor de Dios en sus vidas.

Un comentario en “Quiero, Puedo y Debo – XXIV Domingo del tiempo Ordinario

  1. Frente a una invitación a tomar un cargo importante que implicaba algo imposible para mi, dije: no quiero.
    Y Después de haber aceptado esa misión que Dios me solicitaba, al decirle que si, fui sorprendiéndome de lo que El hacía a través mío.
    No quería
    Si podía
    Entonces, debía.
    Gracias Juan Carlos por ser “invitación” constante al amor de Dios que solo espera mi si.

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