I. Experiencia de Vida
Soy papá de dos niños, una señorita de 13 casi 14 años y de un bebé de un año y cuatro meses; entiendo perfecto las sensaciones y los sentimientos de un papá, entiendo lo que significa los sacrificios por ellos, entiendo el dolor que puede significar el verlos enfermos puedo entender lo que significa tener que regañarlos o castigarlos; pero el leer que un padre está dispuesto a sacrificar la vida de su hijo por el plan divino me cuesta trabajo y me parece que es algo sobrenatural, exagerado, inhumano, anti-familiar.
Me parece que involucra vernos y pensarnos más allá de nuestra naturaleza paternal, humana, familiar (metanoia); el Cristiano tiene que ir más allá de los simplemente paternal, humano y familiar, tiene que pensar en una dimensión superior a la de simplemente ser papá o mamá, hombre y jefe de familia.
II. Mensaje
Hoy leeremos la historia de
- 2 Padres: Abraham, nuestro Padre en la Fe, y Dios Padre.
- 2 Hijos: Isaac y Jesús
- 2 Montes (un lugar al que hay que subir, escalar, salir de la comodidad.) Moria (o Moriah) y el Monte Tabor
El monte Moria está justo delante del monte Sión y entre ambos forman la explanada del Templo de Jerusalén.
En una de las laderas del monte Moria es donde está el Calvario o Gólgota. Ni más ni menos que el lugar donde fue crucificado Jesucristo.
En la historia de Abraham e Isaac debemos de ver una pre configuración del sacrificio de Jesús.
Dios padre no quiere que muera ninguno de sus amigos, y por eso pondrá un Carnero frente a Abraham, pues Él no quiere sacrificios humanos, sabe que el único sacrificio para salvarnos es el sacrificio de su propio hijo.
El mismo Jesús es el sacrificio que el Padre quiere, ningún otro, nosotros debemos unirnos en ese sacrificio ser uno por Cristo con Cristo y en Cristo
¿Qué es la Transfiguración?
El Evangelista San Marcos habla de una metamorfosis, un ir más allá de la forma que tenía. Es la versión del Nuevo Testamento de la zarza ardiente: La muestra de su divinidad no compromete su humanidad, sino que la hace brillar en mayor belleza
Jesús elige a Pedro, Santiago y a Juan para que vean su divinidad en plenitud (Transfiguración) y su humanidad en exhibición (en Getsemaní), por eso eligió en ambos momentos a:
- El primer Papa: Pedro,
- Al último profeta (escribió el Apocalipsis) Juan, y
- Al mayor misionero: Santiago.
Jesús es 100% divino, y 100% humano.
- Si Jesús es sólo divino, no nos toca, es una mitología más;
- En la Transfiguración, vemos su plenitud divina, sin dejar su humanidad
- Si sólo es humano, no puede salvarnos.
- En Getsemaní veremos que es 100% humano, sin dejar su divinidad
Estos dos conceptos se consolidaron en el Concilio de Calcedonia en el año 451 d.C.
Su esplendor consiste en la unión de las dos naturalezas, sin mezclarse, inmiscuirse o confundirse.
III. Lectura de la Palabra, Reflexión y Explicación
En la Primera Lectura del libro del Génesis , leemos la historia de Abraham, y del sacrificio de Isaac, es trascendental el leer el texto completo, ya que hoy nuestra liturgia, nos recorta unos versículos.
Me quiero acomodar, como Papa, en lo que pasó por la mente de Abraham, los tres días desde que salió de casa y hasta llegar a Moria (o Moriah), ¿Qué habrá pasado por su mente? ¿Qué sentimientos habrá tenido? ¿Se habrá cuestionado el plan de Dios?
Abraham, ya había probado que amaba más a Dios que a su Padre, y por eso dejó Ur de Caldea y se fue a la tierra prometida, ahora Dios, le pide una prueba de que ama más a Dios que a su propio hijo.
Dios no solo le pide que lo mate, Dios le pide que lo ofrezca en sacrificio.
¿Qué estoy dispuesto a sacrificar ante la petición de Dios?
¿Está mi familia por encima de Dios?
¿Debo complacer primero mis deseos, los deseos de mi familia o los de Dios?
En el Salmo nos habla de la confianza que tiene el Salmista en Dios, yo veo en esta confianza la relación de un Papa y un Hijo, el Hijo confía plenamente en su Papá.
Como lo comentaba la semana pasada, Dios quiere una relación con nosotros, quiere que pasemos por un proceso de domesticación.
Podemos ver que el verbo que usamos en el Salmo es el futuro de confiar: confiaré.
Esto puede significar que previamente no confiaba, y que ahora debo confiar.
Que debo empezar a leer este texto en un lenguaje personal.
Les sugiero que cambien lo que diga Dios o Señor, por Papá, por: mi Papá. A mi se me rodaron las lágrimas, al pensar en la cara de mi Papá al decirle este Salmo a Él, o pensar que un día mis hijos me lo dijeran a mi… pues igual debe de ver a Dios como mi Papá en el que siempre confiaré.
En la segunda Lectura, San Pablo, nos plantea una pregunta básica, y profunda: Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?, si de verdad crees en un Dios todopoderoso, creador del cielo y de la tierra ¿Quién está contra nosotros? ¿Qué poder está por encima de aquel creador de todo lo creado?
Si Dios no escatima en nada, y nos da a su propio Hijo para salvarnos, ¿Cómo no va a estar dispuesto a dárnoslo todo?
¿Mi fe en lo que Dios me pide es tan grande que estoy siempre abierto a su voluntad?
En el Evangelio , de San Marcos, leeremos la historia de la Transfiguración.
Esta lectura sería suficiente para hacer un retiro, una conferencia, un curso completo; hoy reflexionemos 7 puntos importantes:
- Jesús toma a 3 discípulos Pedro, Santiago y a Juan, los mismos que llevará al Getsemaní a orar con Él
- Van a un monte alto, no es físicamente un gran monte, el monte Tabor, sino que es un lugar cercano a Dios
- ¿Quiénes se aparecen junto a Jesús en esta transfiguración? 2 símbolos del judaísmo, 2 iconos del Antiguo Testamento
- Elías, sino el mayor de los Profetas, uno de los mayores, y
- Moisés la representación de la ley de Dios
- Entonces Pedro habla: “¡Qué agusto estamos aquí!”. El error humano de querer atrapar a Dios, controlar a Dios, ser como Dios, no estamos en esta vida para eso, sino para escucharlo. El centro de la historia no somos nosotros (egodrama), sino Dios (Theodrama).
Dios nunca es controlado o medido por nuestro juicio, nuestra mente, nuestro ego, sino todo lo contrario. Pedro, Santiago y Juan no controlan o miden a Dios sino que Dios los ve y mide.
- Bajar de la montaña. Dios no es un Dios remoto que se quede en su divinidad, quiere volver a la humanidad por eso baja al mundo. En FEF en nuestra curva catequética siempre bajamos del monte, no nos quedamos arriba en la iluminación, en la reflexión, siempre debemos bajar a la acción, tenemos que volver a nuestra vida diaria, tenemos que poner en práctica lo que hemos conversado y escuchado del Hijo Amado.
- Jesús les pide a sus discípulos que no hablen de lo que han visto hasta que el Hijo del hombre resucite. Están dos conceptos íntimamente unido:
- La gran expresión de divinidad qué los discípulos han visto de Jesús en el monte tabor, y
- Lo que tendrán que ver en la humanidad de Jesús en su pasión y muerte culminada en su resurrección
- No hay transfiguración y no hay resurrección si no hay una disposición por completo a seguir el plan de Dios, ese plan de Dios solamente puede ser revelado una vez cumplido el plan; antes es un misterio, una intimidad, un diálogo entre el Padre y el Hijo.
IV. Oración
Señor, ayúdame a hacer silencio en mi corazón para poder escucharte y acoger lo que me quieres decir, escuchar tu plan de Papá y seguirlo como Hijo obediente.
Con tu transfiguración me señalas el norte hacia donde debe apuntar mi vida.
Que esa conciencia me acompañe en este momento, y así participar desde la tierra de los bienes del cielo.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
AMEN
V. Compromiso
Reflexión:
- ¿Qué estoy dispuesto a sacrificar ante la petición de Dios?
- ¿Cómo ve Dios mi vida? ¿Es de la misma forma que la veo yo? ¿Estamos en sintonía con Dios?
- ¿Mi fe en lo que Dios me pide es tan grande que estoy siempre abierto a su voluntad?
- ¿Estoy dispuesto a escuchar a Jesús?
- ¿Estoy dispuesto a sacrificar mi vida, por, con y en Cristo?
- En mi vida práctica, ¿Qué involucra la realidad de la Transfiguración?
Acción:
- Buscar el rostro de Jesús, a través de su palabra.
- Estar dispuesto a caminar a Moria a cumplir la voluntad del Padre.
- Buscar subir con Jesús al Tabor, y verlo Transfigurado.
- Al encontrar a Jesús, no poner prejuicios, sino escucharlo. No cometer el pecado original; nunca seremos como Dios, no lo intentemos, mejor: escucharlo.

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