Bebiendo con los Santos – Beato Sebastián de Aparicio

El Beato Sebastián de Aparicio nació en Gudiña, aldea del reino de Galicia, España, en enero de 1502. 

Cuando era niño se contagió de una epidemia. Los enfermos eran obligados a vivir apartados y su madre lo llevó a una choza solitaria. Allí una loba lo mordió y con la hemorragia se curó de la enfermedad. Desde entonces tuvo un especial amor e influencia con los animales.

En 1533, teniendo 31 años de edad, se embarcó para América donde vivió el resto de su larga vida. Desembarcó en Veracruz y fijó su residencia en Puebla, en donde se dedicó a la agricultura. Algún tiempo después se dedicó al acarreo de mercancías, primero entre Puebla y Veracruz, más tarde entre México y Zacatecas.

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En una ocasión, mientras transportaba mercancía, lo asaltó una banda de Chichimecas que al principio no reconocieron a Sebastián. Pero cuando se dieron cuenta de quién era lo dejaron pasar libremente. «Tú has sido siempre como un buen papá para con nosotros. -dijeron- A ti no te haremos daño«.

Pasando una vez Sebastián con sus carretas por la plaza mayor de México, aplastó por accidente la mercancía de un vendedor de cacharros, el cual le desafió espada en mano. Las disculpas y la oferta de Sebastián de pagar los daños no consiguió calmar al comerciante que le vino encima. Con su gran fuerza y habilidad Sebastián le derribó por tierra. El cacharrero pidió perdón por el amor de Dios. Sebastián le ayudó a levantarse, diciéndole: «De buen mediador te has valido«. 

A la edad de 50 años, cansado del trabajo y dueño de algún capital, compró un rancho entre Azcapotzalco y Tlalnepantla y se dedicó, una vez más, a la agricultura.

Por los bienes que había ganado con su trabajo le llaman «Aparicio, el Rico». En Chapultepec, en las afueras de México, adquiere una hacienda ganadera. 

Sin embargo vivía con impresionante sencillez: no tenía cama sino que dormía en un petate, comía las mismas tortillas que los indios y vestía humildemente. 

Utilizaba sus recursos para hacer de su hacienda un centro de misericordia para todos. Los trabajadores de su finca eran tratados con todo respeto, como amigos. 

Mientras era común que los hacendados tuviesen muchos esclavos, Él solo tenía uno y este era tratado como un hijo, hasta que le concedió la libertad. Pero aquel esclavo se sentía tan bien junto a Sebastián que siguió como trabajador suyo.

En edad avanzada se casó sucesivamente con dos doncellas, con las que vivió en perfecta castidad, pues las desposó con el solo fin de ayudarlas y de apoyar a sus padres.

Su confesor le recomienda que ayude a las hermanas clarisas que estaban pasando miseria. En el año 1573, cuando contaba con 70 años de edad, les cede a las clarisas sus bienes, que ascendían a unos 20,000 pesos, quedándose solo con 1000 pesos como le pidió su confesor por precaución por si no perseveraba. Se va el mismo a servirles en calidad de portero y criado. 

Algunos meses después, pidió el hábito de lego en el convento de San Francisco. 

Fue recibido el 9 de junio de 1573; al año siguiente hizo su profesión religiosa. A los 73 años de edad, el 13 de junio de 1575 recita la solemne fórmula:

«Yo, fray Sebastián de Aparicio, hago voto y prometo a Dios vivir en obediencia, sin cosa alguna propia y en castidad, vivir el Evangelio de nuestro Señor Jesucristo, guardando la Regla de los frailes menores».

Fue destinado al Convento de Tecali, de la diócesis de Puebla, allí es el único hermano lego y sirve en los trabajos más humildes. 

Pronto lo llaman de regreso a Puebla donde la intensa labor de los frailes requiere de un buen limosnero. Su fórmula era: «Guardeos Dios, hermano, ¿hay algo que dar, por Dios, a San Francisco?». Mientras tanto, daba a los pobres muchas veces su propia ropa o les repartía los bienes que había recogido para el convento.

EI 25 de febrero de 1600, a sus 98 años se sintió morir por causa de una hernia. Llega al convento y queda postrado en el suelo al modo de San Francisco. Pidió a los franciscanos que rezaran el credo y cuando decían: «Creo en la resurrección de los muertos y en la vida eterna»… entregó su alma a Dios, tendido en el desnudo suelo y después de recibidos los sacramentos. En vida y después de muerto obró muchos milagros, que fueron debidamente probados, por lo cual el Papa Pío VI expidió el decreto de su beatificación. 

Muchísimos habitantes de Puebla asistieron a su entierro. Dos veces fue desenterrado su cadáver y las dos ocasiones apareció incorrupto. Al morir quedó su rostro como el de un hombre de 60 años pacíficamente dormido, como si estuviera vivo. 968 milagros fueron documentados en su proceso de beatificación.

Su cuerpo se conserva en incorrupto en una capilla del templo de San Francisco de Puebla.

Sebastián de Aparicio en un grabado del siglo XVIII.

En la época del Beato escaseaban en el país los caballos y las mulas de carga, apoyado por Miguel Casado, antiguo soldado y carpintero de oficio, construyó la primera carreta de América, luego abrió la ruta a Zacatecas para transportar minerales. En ambos casos amplió con sus propias manos los senderos conocidos hasta convertirlos en caminos carreteros.

Por su amor por los animales y en particular ser considerado el primer Charro Mexicano, recomendamos cualquier bebida que se tome en caballito, en particular un buen tequila o mezcal.

El motivo por el cual se le llama “caballito” proviene desde el siglo XIX cuando hacendados agaveros llevaban dos guajes (pequeños vasitos) uno para tomar tequila y otro para agua, esto era mientras montaban a caballo y recorrían sus tierras.

Publicado por Juan Carlos Carrillo

Juan Carlos Carrillo es un predicador Católico. Ha trabajado para distintos movimientos religiosos, como el Regnum Christi, Familia Educadora en la Fe, la Arquidiócesis de Tlalnepantla, entre otros. Juan Carlos inicio su formación religiosa en Familia Educadora en la Fe desde los 3 años. A los 13 años se convirtió en animador de grupos juveniles. A los 19 años entro al movimiento Regnum Christi donde se encargo en durante varios años de los Círculos de Estudios, Horas Eucarísticas y Retiros. A los 24 años se convirtió en el Vice-Coordinador Nacional de Universitarios del Movimiento Familia Educadora en la Fe y a los 27 tomo la responsabilidad como Coordinador Nacional de Juveniles del mismo movimiento. Juan Carlos se dedica a dar charlas, conferencias y catecismo a jóvenes y adultos buscando que encuentren el amor de Dios en sus vidas.

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