Enfermedades del cuerpo y enfermedades del alma – VI Domingo del Tiempo Ordinario

I. Experiencia de Vida

Este año 2021 lo comenzamos en familia algunos de nosotros enfermos. Gracias a Dios, nada grave, nos infectamos del virus del coronavirus, pero bendito Dios, sin consecuencias graves, fuera de molestias muy muy mínimas. 

Hay personas que se han contagiado y tienen una enfermedad muy fuerte, y en algunos casos tristes, han muerto. 

La verdad es que el sufrir cualquier enfermedad siempre nos lleva hacia una reflexión fuerte, yo en lo personal, creo que la enfermedad me lleva a darme cuenta que no soy tan fuerte, que no soy todopoderoso, que soy muy frágil, que hay veces que con que me duela una uña, una pequeña cortada, una molestia estomacal, un leve dolor de cabeza e inmediatamente todo Yo estoy ya sintiéndome mal, me siento débil, me siento sin fuerzas, emocionalmente me siento triste, deprimido, y en ese momento, Dios no da una oportunidad, la enfermedad es una oportunidad que Dios nos da para darnos cuenta de la necesidad que tenemos de alguien superior, de un médico, de un médico no solamente de lo físico sino de un médico que cure todo mi ser.

Me sorprendió muchísimo cuando San Juan Pablo Segundo escribió la carta apostólica salvifici doloris, porque en el momento que estaba escribiendo dicha carta, Él ya estaba sufriendo bastante, sí recuerdan tenía el mal de Parkinson, esto sumado a los sufrimientos y secuelas de lo que sufrió en la Segunda Guerra Mundial y el atentado, en el que recibió un balazo en su vientre,  en sus últimos años sufría bastante y Él descubre en esta carta como el dolor puede ser un medio de salvación, esto es bellísimo, cuando lo podemos poner en la dimensión cristiana, no la dimensión puramente humana, sino la dimensión cristiana (Cristo es 100% hombre y 100% Dios): el dolor puede ser un camino de salvación. 

Algo muchísimo más grande que simplemente un problema que detiene mi vida física, puede ser la oportunidad de detener mi vida para encontrarme con Dios, para encontrar el proyecto de vida que Dios tiene para mi, de encontrarme con los demás.

Una recomendación sería leer el libro de Taylor Caldwell: Médico de cuerpos y almas. Es sobre la vida de San Lucas,  me parece que es importantísimo porque al final del día, me parece que San Lucas descubre y nos pone el ejemplo de la medicina no como un tema puramente de cuerpos tenemos que pensar que estamos hablando de seres humanos integrales. 

II. Mensaje

Nos encontramos a la mitad de una pandemia, entendemos mejor que nunca lo que significa la enfermedad, nos cuidamos en algunos casos de forma extraordinaria, estamos conscientes de lo que involucra estar enfermos, y sin embargo las enfermedades no solamente son enfermedades del cuerpo,

El ser humano es un ser integral, al menos tiene 4 integrantes 

  1. Lo físico 
  2. Lo mental, 
  3. Lo espiritual, y 
  4. Lo social 

Así cómo tenemos cuidado con nuestro cuerpo para que no esté enfermo…

  • ¿Tenemos el mismo cuidado para que nuestra alma no esté enferma?
  • ¿Qué cuidados tengo que tener para que mi alma no se enferme?
  • ¿Qué vitaminas debo darle a mi alma?
  • ¿Qué debo hacer para que mi alma crezca?
  • ¿Cómo cuido la salud del alma de mi familia? 

Dios no es un Dios chato, no es un Dios que se ocupa únicamente de la parte espiritual. 

Hoy nos aclara, con mucha luz, en el evangelio de San Marcos, que Jesús viene a curar cuerpo,alma, espíritu y sociedad. 

Restituye a la persona en su integralidad.

El Cristiano no está llamado a ser cristiano de iglesia, o de misa dominical. El Cristiano está llamado a ser cristiano de toda la vida y San Pablo no lo pondrá muy claro en la segunda lectura de este domingo.

III. Lectura de la Palabra, Reflexión y Explicación

En la primera lectura leemos del libro del Levítico

Levítico se encuentra entre los primeros cinco libros iniciales de la Biblia, es decir es parte de lo que llamamos el pentateuco y está escrito por Moisés. 

Lo que tiene el libro del Levítico son las reglas que debe de llevar el pueblo sacerdotal, el pueblo de Leví. Hay que recordar que Jacob tuvo 12 hijos y uno de ellos es Leví, la tribu de Leví es la tribu de sacerdotes y protectores de la ley, y es por eso que este libro es llamado el libro del Levítico. 

Es muy importante entender el contexto, si ponemos atención en el texto, se está explicando en varias circunstancias distintas lo que podían ser enfermedad de la piel es decir las enfermedades del exterior, en ningún caso se habla de enfermedades internas, es solamente enfermedades del exterior y si se vemos con atención el modelo que Moisés marca en esta ley, y así lo va a llamar también Jesús en el Evangelio, es un modelo muy de Justicia, es decir estás enfermo y por lo tanto debes de ir gritando: “Estoy contaminado, Soy impuro” y continúa el texto, mientras le dure esta infección, este tema exterior seguirá impuro, vivirá solo, fuera del campamento, estos puntos finales son importante porque normalmente el que yo esté fuera, lejos, apartado de la comunidad involucra que esa persona está excomulgada, si está fuera de la comunión, estas excluido, estás fuera, estás dividido

De lo que está hablando la ley mosaica es de una ley dónde lo físico, también tiene una interpretación en lo social y en lo espiritual es decir este hombre no podía convivir socialmente con el resto, y al mismo tiempo no podía convivir tampoco en lo espiritual porque tampoco podía ser parte de los ritos en la sinagoga o en el templo y finalmente en lo mental tampoco podía desarrollarse.

Ahora, hagamos un ejercicio interesante y cambiemos el texto un poco en lo referente al cuerpo y ponerlo con el alma, el texto diría: “Cuando alguno tenga en su alma una o varias manchas una mancha blanca y brillante síntomas de pecado deberá ser llevado ante el Obispo o ante cualquiera de sus Sacerdotes. Se trata de un pecador y el sacerdote lo declarará impuro, el que haya sido declarado pecador traerá la ropa descosida, la cabeza descubierta y se cubrirá la boca e irá gritando: soy pecador, soy impuro mientras le dure el pecado seguirá siendo un pecador, vivirá solo y estará fuera del campamento. 

Imaginemos que estamos releyendo el texto pero usando palabras claves, es decir qué pasa si la enfermedad ya no es únicamente la del cuerpo, sino la del ser humano integral la del cuerpo, la del alma, de la parte social.

Es trascendental que leamos este texto y digamos que tanto de esto hoy seguimos viviendo 

El salmo, como cada domingo, es un diálogo, un diálogo entre Dios y el hombre. 

Debería ser el diálogo personal que yo tengo con Dios.

La primera estrofa dice: “Dichoso aquel que ha sido absuelto de su culpa y de su pecado” Eso nos tiene que llevar una pregunta: ¿cómo obtengo la absolución de la culpa y del pecado? 

La segunda estrofa nos contesta esta pregunta, obtiene la absolución el que “ante el Señor reconocí mi culpa, no oculté mi pecado” 

Debemos recordar el primer pecado, el pecado original, el de Adan y Eva, ellos se ocultan. Para los Cristianos es tema fundamental el no ocultarnos, si cometimos un pecado, hago mi examen de conciencia, mi propósito de enmienda y me presento ante el sacerdote, me confieso le digo: Padre he pecado. Realmente no estoy conversando con el Sacerdote, Él es un medio para hablar con Dios, Él está in persona Christi. 

Finaliza esta segunda estrofa diciendo: “Te confesé señor mi gran delito y tú me has perdonado”, debemos ir a confesarnos, a curarnos, con la confianza de que seremos perdonados.

La tercera estrofa entonces dice: “Alégrense con el Señor y regocíjense los justos y todos los hombres de corazón sincero canten de gozo” es decir todo cristiano sabe qué será perdonado si tiene la humildad para ir ante Dios y pedirle perdón.

Pareciera que la liturgia se hubiera equivocado en la segunda lectura parece que no hay conexión entre la segunda lectura y el resto de las lecturas; en realidad hay una gran conexión pero deberíamos de leer la segunda lectura, únicamente después de haber leído la primera lectura, el salmo y el evangelio. 

Me refiero con esto que la Carta de San Pablo nos está explicando, lo que ya nos dio pistas el salmo, aquel hombre justo, está alegre y aunque puede llegar a cometer una falta como es justo, va y paga por lo que rompió, va y paga por lo que hizo mal; Eso es un hombre justo. 

Sabe que cometió una falta, va y la confiesa, sabe que está impuro, va y se presenta ante el sacerdote, sabe que está mal y va corrigiendo lo que está mal. 

Por eso San Pablo que dice: “Háganlo todo para la gloria de Dios, no den motivo de escándalo ni a los judíos ni a los paganos“ lo que quiere decir es que debo ser ejemplo, el mostrar mi pureza, no para vanagloriar que yo estoy limpio, no, tengo que ser alguien limpio para cumplir con el Imago Dei, ser una imagen de Cristo para hacer una imagen de la iglesia que al verme a mí los demás admiren la iglesia y quieran seguir a Cristo.

Finalmente llegamos al Evangelio.

Es importante entender que San Marcos escribe basado en muchas de las narraciones y experiencias de San Pedro, por lo tanto cuando leemos a Marcos leemos menos el tema textual de Cristo, sus palabras y leemos más sus actos que nos muestran toda la divinidad y perfección de Cristo. 

Hoy quiero reflexionar en una frase: “Jesús se compadeció de él, y extendió la mano”. 

Es decir, mientras que en el mundo espiritual entendemos muy bien que cuando yo voy y busco el perdón de Dios, Él siempre extiende la mano, hoy vemos esto en el mundo de lo físico. 

Hoy Jesús nos extiende la mano y nos invita a que dejemos de estar leprosos.

La palabra que ocupa el Evangelista es inmediatamente, Si le pedimos perdón a Dios, en sus términos, su perdón es inmediato.

Quiero terminar esta reflexión del Evangelio con 2 ¿Por qué?

  1. Jesús no quiere que le cuente a nadie, y 
  2. Este hombre se lo cuenta a todo el mundo.

Jesús no quiere que el ex-leproso se lo cuente a nadie porque no quiere la Fe de fotocopia, no quiere que los demás crean en Él por una experiencia de este hombre leproso, quiere que cada uno creamos en Él porque tenemos una experiencia personal. 

Por el otro lado el hombre leproso no puede hacer otra cosa más que hablar de la maravilla que ha vivido en su vida, ¿Cuándo somos perdonados vamos y le contamos a todo el mundo el gran Perdón que tiene Dios para nosotros?

IV. Oración

Padre, me declaro culpable, pido clemencia, perdón por mis pecados.

Me acerco a ti con absoluta confianza porque sé que tú prefieres la penitencia a la muerte del pecador

A ti no te gusta ni la venganza ni el rencor, tu corazón es compasivo y misericordioso, y sé que sólo estás esperando a que tenga la humildad de reconocer mi pecado, arrepentirme y pedir perdón para desbordar la abundancia de tu misericordia.

Miro al horizonte: veo tus brazos abiertos y un corazón de Padre queriendo atraerme con lazos de un amor infinito.

Padre, perdóname, quiero recibir el abrazo eterno.

Si quieres, puedes curarme.

AMEN

V. Compromiso

Reflexión: 

  • Así cómo tenemos cuidado con nuestro cuerpo para que no esté enfermo, ¿Tenemos el mismo cuidado para que nuestra alma no esté enferma?
  • ¿Qué cuidados tengo que tener para que mi alma no se enferme?
  • ¿Qué vitaminas debo darle a mi alma?
  • ¿Qué debo hacer para que mi alma crezca?
  • ¿Cómo cuido la salud del alma de mi familia? 

Acción: 

  • Buscar la confesión.
  • Buscar rectificar mi vida.
  • Al pedirle algo a Dios, empezar siempre con: “Si tú quieres, puedes…”

Publicado por Juan Carlos Carrillo

Juan Carlos Carrillo es un predicador Católico. Ha trabajado para distintos movimientos religiosos, como el Regnum Christi, Familia Educadora en la Fe, la Arquidiócesis de Tlalnepantla, entre otros. Juan Carlos inicio su formación religiosa en Familia Educadora en la Fe desde los 3 años. A los 13 años se convirtió en animador de grupos juveniles. A los 19 años entro al movimiento Regnum Christi donde se encargo en durante varios años de los Círculos de Estudios, Horas Eucarísticas y Retiros. A los 24 años se convirtió en el Vice-Coordinador Nacional de Universitarios del Movimiento Familia Educadora en la Fe y a los 27 tomo la responsabilidad como Coordinador Nacional de Juveniles del mismo movimiento. Juan Carlos se dedica a dar charlas, conferencias y catecismo a jóvenes y adultos buscando que encuentren el amor de Dios en sus vidas.

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