I. Experiencia de Vida
Voy a poner 3 ejemplos muy sencillos, de como el tema de la autoridad es un tema fundamental en las jerarquías humanas y naturales.
- Recuerdo que cuando era chico, existía la frase entre los compañeros, al discutir, de “Callame cuando me mantengas”, no se si se siga usando, pero me parece que es una frase que denota autoridad, es decir, denota que si me mantienes tienes autoridad sobre mis palabras. Los niños entendemos eso desde pequeños, y no necesitamos ser filósofos o teólogos, hay un autoridad, y ante ella debo obedecer, más si no tienes autoridad, no tengo porque obedecerte.
- Nunca he tenido mascota, más he visto como los que la tienen se preocupan por su alimentación, cuidado, salud, y diversión, y en general las mascotas, reconocen en dicha dedicación a quien es su amo, su maestro, y su guía.
- En la película de Toy Story, vemos que los juguetes reconocen en todo momento a su Señor, a su Amo, a quien le deben el sentido de su existencia, y en quién cumplen su esencia, y cuando ese maestro los olvida, los propios juguetes pierden su sentido, su esencia, su identidad.
Uno de mis guías en moralidad y psicología humana, es Jordan B Peterson, y pueden buscar muchos de sus textos y podcasts donde habla sobre la autoridad como algo que existe en el ser humano, de forma natural, y que buscamos constantemente. La búsqueda de la máxima autoridad es algo intrínseco del ser humano, negarlo nos aleja de nuestra trascendencia. Sin una autoridad en nuestra vida no podemos crecer, nos falta guia, nos falta un faro de luz a donde dirigirnos.
II. Mensaje
Para el pueblo judío la autoridad fue dada a Moisés (Los 10 Mandamientos), así que solo lo que viene heredado de Él, tienen la autoridad no de Moisés, sino de Dios.
Jesús es el gran profeta anunciado por Moisés.
La autoridad de Dios, no es moral fundamentalmente, la autoridad de Jesús, no busca la moralidad, busca que seamos suyos al 100%, todo lo que somos debe ser de Él, debemos someternos al 100% a Él, no solo nuestra moralidad, nuestro espíritu, sino todo nuestro ser.
En el evangelio de hoy, escuchamos que «la gente se asombró de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas«. Los maestros ordinarios habrían apelado a sus propios maestros, autoridades, y finalmente a Moisés (que escuchamos en la primera lectura, diciendo que habrá uno más grande que Él) y la Torá, que les daba legitimidad.
Ahora bien, ¿qué impediría que la gente dijera simplemente que Jesús estaba loco? ¿O qué es un simple predicador extraordinario? Las acciones de Jesús; No se queda solo con la predicación, sino que es reconocido por «un espíritu inmundo». Y sabe quién es Jesús: «Yo sé quién eres: ¡el Santo de Dios!«
Es entonces cuando Jesús demuestra su autoridad: «¡Silencio! ¡Sal de él!» El espíritu inmundo lo convulsionó y con un gran clamor salió de él«. El reclamo de la fuente de autoridad de Dios ahora está ratificado, no sólo en palabras sino también en acciones, como en la Misa, es la Palabra de Dios y la acción de entregarse por nosotros, que muestra su poder, nos pone no solo en palabras, sino en acciones, su autoridad.
Y ahora ellos, al igual que nosotros, tenemos que tomar una decisión: ¿Estamos con Jesús o estamos en su contra?
Si Jesús es quien dice ser y quien demuestra ser, entonces tenemos que entregarle nuestras vidas.
¿Qué involucra estar con Jesús?
Para esto debemos consultar el discurso de apertura de Jesús en el Evangelio de Marcos: «Arrepientanse«. La palabra tan a menudo y tan engañosamente traducida como «arrepentirse» es: Metanoia.
El término griego se basa en dos palabras:
- meta (más allá), y
- nous (mente o espíritu),
Por lo tanto, en su forma más básica, Metanoia significa algo como «ir más allá del pensamiento que tienes«.
La palabra «arrepentirse» tiene un matiz moralizador, sugiriendo un cambio en el comportamiento o acción, mientras que el término de Jesús parece insinuar un cambio en un nivel mucho más profundo y fundamental del ser.
Jesús insta a sus oyentes a cambiar su forma de conocer, su forma de percibir y captar la realidad, su perspectiva, y su modo de ver.
Lo que Jesús insinúa es esto: ha llegado el nuevo estado de las cosas, lo divino y lo humano se han encontrado, pero la forma en que habitualmente ves te va a cegar ante esta nueva realidad.
El reino de Dios se esparce por la tierra, pero la gente no lo ve.
Mentes, ojos, oídos, sentidos, percepciones, todos deben abrirse, darse la vuelta, revitalizarse.
Metanoia: transformación del alma. Es la primera exigencia de Jesús.

Si Jesús es la máxima autoridad en mi vida, ¿cuál es exactamente el problema con la forma en que pensamos y vemos?
Para dar una respuesta adecuada a esa pregunta tendríamos que abrirnos paso a través de toda la Biblia y la tradición cristiana, ya que el intento de nombrar y curar la ceguera espiritual es uno de los motivos más básicos de nuestra religión.
Una respuesta simple: vemos, conocemos y percibimos con una mente de miedo en lugar de una mente de confianza.
Cuando tememos, nos aferramos a lo que somos y lo que tenemos; cuando tenemos miedo, nos vemos como el centro amenazado de un universo hostil y, por lo tanto, nos defendemos violentamente y atacamos a los adversarios potenciales.
El miedo, según muchos de los autores bíblicos, místicos y teólogos de nuestra tradición, es una función de vivir nuestras vidas en el nivel superficial, un resultado del olvido de nuestra profunda identidad.
En la raíz y la base de nuestro ser, en el «centro» de quiénes somos, está lo que el cristianismo llama «La imagen y semejanza de Dios«, el Imago Dei.
Esto significa que, en la base de nuestra existencia, somos uno con el poder divino que continuamente crea y sostiene el universo: somos sostenidos y apreciados por el amor infinito de Dios.
Cuando descansamos en este centro y nos damos cuenta de su poder, sabemos que, en un sentido último, estamos a salvo, o en un lenguaje religioso más clásico, «salvados«.
Por lo tanto, podemos dejar de lado el miedo y el deseo de vivir en una confianza radical. Pero cuando perdemos de vista este arraigo en Dios, vivimos exclusivamente en la pequeña isla del ego, y nuestras vidas se vuelven dominadas por el miedo.
El miedo es el «pecado original» del que hablan los Padres de la Iglesia; el miedo es la posición que se inyectó en la conciencia humana y en la sociedad humana desde el principio; El miedo es el elemento debilitante y negacionista que altera el equilibrio tanto de la psique como de la sociedad.
Superar el miedo es pasar de la pusilla anima (el alma pequeña) a la magna anima (la gran alma).
Cuando estamos dominados por nuestros egos, vivimos en un espacio muy estrecho, en las angustiae (lo estrecho) entre este miedo y el siguiente, entre un apego y otro.
Pero cuando nos rendimos confiadamente al poder portador de Dios, nuestra alma se vuelve grande, espaciosa, expansiva.
Curiosamente, la palabra magna anima comparte una raíz sánscrita con la palabra mahatma, y ambas significan «gran alma«.
Lo que Jesús pide en la metanoia es la transformación de la pequeña alma aterrorizada y egoísta a la gran alma confiada y elevada.
La visión del Reino, en definitiva, no es para los pusilánimes sino para los magnánimos.
III. Lectura de la Palabra, Reflexión y Explicación
En la primera lectura leeremos del libro del Deuteronomio, este es el último de los 5 libros escritos por Moises (Pentateuco).
La palabra Deuteronomio, viene del hebreo Devarim, («Palabras»),el libro está escrito en la forma de un discurso de despedida de Moisés.
Los discursos que constituyen este discurso enfatizan que la observancia de estas leyes es esencial para el bienestar del pueblo en la tierra que están a punto de poseer.
El título Deuteronomio, derivado del griego, significa entonces una «copia» o una «repetición» o «segunda ley». El libro fue escrito unos 1400 años antes del nacimiento de Cristo.
Para los judios, al día de hoy, Moisés es la figura más cercana a Dios. Más el propio Moisés declara que Él no es la figura máxima, alguien más viene y a ese ”Lo escucharán”.
Salmo – Salmo 95: 1-9
Ante la autoridad de Dios tenemos 2 actitudes:
- Escuchar mi propia voz
- Escuchar la voz de Dios
Si deseamos escuchar la voz de Dios debemos de tener 2 acciones: Ir, y ponernos de rodillas ante Él., y una actitud, la de ser su oveja.
Masá, significa juicio, tentación o prueba, y Meribá significa rebelión, ambos los encontramos en el libro del Éxodo capítulo 17, versículo 7. y en Números 20, 13.
Estar en Masá o Meribá es negar la autoridad de Dios, para entrar en mi ego y solo escuchar mi propia voz, es negar la metanoia.
Leemos esta semana la continuación del texto de San Pablo a los Corintios 7: 32-35, y el concepto es el mismo.
San Pablo no esta encontra del matrimonio, está en contra de que pongamos cualquier cosa humana al mismo nivel de lo Divino, que comparemos lo de esta tierra con lo que Dios nos ha preparado en el cielo, que cometamos el sacrilegio de Esau, y cambiemos lo Santo de ser Hijos escogidos de Dios, por un plato de lentejas. Que le demos la espalda a la autoridad divina y pongamos nuestra vida en un estado pusilánime de pusilla anima (alma pequeña).
En el Evangelio, San Marcos, nos cuenta que Jesús enseñaba en la Sinagoga, es decir desde el lugar que un Rabino hubiera enseñado, más Él no necesita la sustanciación de ser educado por Moisés, sino por ser el mismo Hijo de Dios, aquel profetizado por Moises, 1400 años atras.
Trascendental es ver 3 verbos en la lectura:
- Asombrados/Admirados. Los oyentes quedaron anonadados por las palabras de Jesús, ¿Para estos oyentes es el estribillo del Salmo? Que no seamos sordos a tu voz
- Gritar. El demonio que está dentro del poseído, se encuentra ante su máximo contrincante, Dios mismo, y no puede quedarse callado, y lo declara el Santo de Dios. Me duele que muchos de nosotros no podemos gritarle a Jesús, TU ERES EL SANTO DE DIOS, pero los demonios, si.
- Estupefactos. Al ver el exorcismo, los testigos ven que Jesús no solo tiene la autoridad de palabra, sino también el poder de las acciones.
Esto nos debe llevar a nuestras acciones como seguidores de Cristo, y como Cristianos.
- Como seguidores debemos asombrarnos de su poder, gritar su Santidad y quedar estupefactos ante los actos que realiza en nuestra vida. Ante su autoridad, debemos vivir la metanoia.
- Como Cristianos, debemos de llevar una vida que admire, que genere gritos y deje estupefactos a los demás, no por nuestra propia fuerza, sino por la fuerza que Cristo genera en nosotros. Entonces seremos testigos de la metanoia.
IV. Oración
Padre Celestial, nos has enviado a tu Hijo, para que sea nuestra autoridad, para que sea nuestro Rey, el día de hoy no lo has presentado como Rabino, y como Exorcista, te pedimos que podamos mediante la gracia de la Fe y la razón encontrarlo y adorarlo como nuestro Salvador y redentor.
Te suplicamos que podamos vivir la metanoia, para salir de nuestros miedos y poder entrar ya desde esta tierra en la belleza de ser una magna anima, una gran alma.
Te pedimos esto en la unidad del Espíritu Santo, por medio de Jesucristo, para tu mayor Gloria.
Amen.
V. Compromiso
Reflexión:
- ¿Qué endurece mi corazón?
- ¿Qué me aleja de la autoridad de Dios?
- ¿Es, como dice San Pablo, mi esposo, esposa, novio, novia, trabajo, dinero, estudio, más importante que Dios?
- ¿Qué me detiene a vivir la metanoia?
Acción:
- Renunciar a las autoridades terrenales.
- Entronar a Cristo como Señor de nuestras vidas, casas, familias, trabajos.
- Repetir durante el día, la autoridad de mi vida es Jesús.
- Leer el número 156 del CIC

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