Hoy quiero platicarles un poco sobre mi experiencia de vida en el servicio.
Tuve la bendición de nacer en un hogar católico cristiano y desde muy chico estar en un movimiento religioso como es FEF, Familia Educadora en la Fe, y fue padrísimo que mi Mamá me llevara desde los 3 ó 4 años, a lo que en aquella época le llamábamos maternal (hoy familiar).
Cuando terminé esa etapa de maternal, que era más o menos a los 12 o 13 años, no había continuidad, por lo que a mi Mamá se le ocurrió formar un grupo juvenil.
Estuve en ese grupo de los 11 a los 13 años.
Cuando cumplí 13 decidimos que debíamos formar un grupo para distintas edades, lo que hoy le llamamos juveniles, y creamos la comunidad de Angello Roncalli.
Para poder ser animador, para poder dar clases, para poder dar catecismo se necesitaba estar confirmado y yo era de los pocos confirmados. Entonces pues nada, no existen las coincidencias, sino las Diocidencias, Dios me invitó a los 13 años a volverme catequista de jóvenes de mí misma edad.
Y así desde hace 28 años he decidido, bajo la invitación de Dios nuestro Señor, a dedicarme a compartir lo que he aprendido y en el servicio.
Creo que ese es el mensaje más importante que he descubierto, que recibiendo constantemente y con la mentalidad de: yo quiero para mí, yo quiero para mí, yo quiero para mí, lo que termina sucediendo es un gran vacío.
El ser humano no tiene llenadera de lo material, no estamos hechos para sentirnos satisfechos con lo finito, estamos llamados hacia el infinito, estamos hechos para Dios, y Dios siendo infinito y teniendo todo que es lo primero que hace es: dar.
Es una de las pistas diría Santo Tomás, una de las vías para poder encontrar a Dios no es este tema de recibir, para poder encontrar a Dios uno debe ponerse en su tono, en su sintonía, y esa sintonía es la de dar. Uno recibe, es una paradoja, en la medida que da.
Las que sean Mamás o Papás, lo detectan y lo saben muy bien: en la medida en la que yo doy amor a mis hijos yo me siento mejor, en la medida que yo le doy mi tiempo, mi capacidad, mi ser a mis hijos, yo me siento mejor.
Por más que nos vendan que estamos hechos para recibir, es una mentira, estamos hechos para dar, y en la medida que damos, recibimos.
El servicio es este llamado para encontrarnos con Dios, con un Dios que se satisface, que se llena dando.
Servicio no es otra cosa que ver la necesidad del otro y encontrar en eso un llamado, la Vocación.
En mi experiencia: dando catecismo, o en las misiones, o compartiendo lo que soy, me he dado cuenta, de mi capacidad de poder dar, e implícitamente de recibir más de Dios.
Yo me encuentro a mí mismo en la medida que me encuentro con el otro y me encuentro con Dios.
Date unos minutos de tu tiempo y recuerda la última vez que serviste a otro sin obtener nada a cambio. Descubre en el servicio la forma de dar sentido a tu vida.
