¿Qué es más importante, el plan de Dios, o tu plan? – XVII Domingo del tiempo ordinario

I. Experiencia de Vida

Seguramente muchos de nosotros hemos leído la historia del Rey Midas, si no, aquí pongo un breve resumen.
Midas era un rey de gran fortuna que gobernaba la región de Frigia, en Asia Menor.  Tenía todo lo que se podía desear, vivía en un hermoso palacio con su hija, y pensaba que su mayor felicidad provenía del oro.  ¡Su avaricia era tal que solía pasar sus días contando sus monedas de oro!  De vez en cuando solía cubrir su cuerpo con objetos de oro, como si quisiera bañarse en ellos.  El dinero era su obsesión.
Un día, Dionisio, el dios del vino y la fiesta, pasó por el reino de Midas.  Uno de sus subalternos, un sátiro llamado Sileno -dios menor de la embriaguez-, se retrasó en el camino.  Sileno se cansó y decidió tomar una siesta en los famosos jardines de rosas que rodeaban el palacio del rey Midas.  Allí, fue encontrado por el rey, quien lo reconoció al instante y lo invitó a pasar unos días en su palacio, hasta que Dionisio fue a recogerlo.  El dios de la vendimia, muy agradecido con Midas por su amabilidad, prometió a este satisfacer cualquier deseo que anhelara.  El rey quedó pensativo y luego dijo: “Quiero que todo lo que toque se convierta en oro”.  El dios le advirtió al rey que pensara bien sobre las consecuencias de su deseo, pero Midas insistió.  Dionisio lo dejó estar y le prometió al rey que, desde el día siguiente, todo lo que tocara se convertiría en oro.
Al día siguiente, Midas, se despertó ansioso por ver si su deseo se había hecho realidad.  Extendió su brazo tocando una pequeña mesa que inmediatamente se convirtió en oro.  ¡Midas saltó de felicidad!  Luego tocó una silla, la alfombra, la puerta, su bañera… y así siguió corriendo en su locura por todo su palacio hasta que se cansó.  Se sentó a la mesa a tomar el desayuno y tomó una rosa entre sus manos para oler su fragancia.  Cuando la tocó, la rosa se convirtió en oro. “Tendré que absorber la fragancia sin tocar las rosas, supongo…”, pensó con decepción.  Sin siquiera pensarlo, ¡se dispuso a comer una uva pero también se convirtió en oro!.  Lo mismo sucedió con una rebanada de pan y un vaso de agua.  De repente, comenzó a sentir miedo.  Las lágrimas llenaron sus ojos y en ese momento, su amada hija entró en la habitación.  Cuando Midas la abrazó, ¡se convirtió en una estatua dorada!.  Desesperado y temeroso, levantó los brazos y rezó a Dioniso para que le quitara esta maldición.
El dios escuchó a Midas y sintió lástima por él.  Le dijo que fuera al río Pactolo y se lavara las manos.  Midas lo hizo: corrió hacia el río y se asombró al ver que el oro fluía de sus manos.  Cuando regresó a casa, todo lo que Midas había vuelto a la normalidad.  Midas abrazó a su hija con plena felicidad y decidió compartir su gran fortuna con su gente.  A partir de entonces, Midas se convirtió en una mejor persona, generosa y agradecida por todos los bienes que tenía.  Su pueblo llevó una vida próspera y cuando murió, todos lloraron a su amado rey.

II. Mensaje

  1. El Catecismo de la Iglesia Católica, en su número 30, nos da una pista de lo que busca Dios:
    • El hombre puede olvidar o rechazar a Dios,
    • Dios no cesa de llamar a todo hombre a buscarle para que viva y encuentre la dicha.
    • Pero esta búsqueda exige del hombre
      • Todo el esfuerzo de su inteligencia,
      • La rectitud de su voluntad, «un corazón recto», y
      • El testimonio de otros que le enseñen a buscar a Dios.«
  2. El Obispo Barron en su serie Catolicismo comenta:
    • «Uno de los problemas más fundamentales en el orden espiritual es que sentimos dentro de nosotros el hambre de Dios, pero tratamos de satisfacerlo con un bien creado que es menor que Dios. (“Nos creaste para ti, Señor, y nuestro corazón andará siempre inquieto mientras no descanse en ti” San Agustín, Confesiones I, 1)
    • Tomás de Aquino dijo que los 4 sustitutos típicos de Dios son
      1. La riqueza,
      2. El placer,
      3. El poder, y
      4. El honor.
    • Al sentir el vacío interior, intentamos llenarlo con una combinación de estas 4 cosas, pero solo al vaciarnos del amor podemos hacer el espacio para que Dios nos llene.
    • La tradición clásica se refería a este deseo errante como «concupiscencia», pero creo que podríamos expresar perfectamente la misma idea con el término más contemporáneo «adicción».
    • Cuando tratamos de satisfacer el hambre de Dios con algo menos que Dios, naturalmente nos sentiremos frustrados, y luego, en nuestra frustración, nos convenceremos de que necesitamos más de ese bien finito, por lo que lucharemos para lograrlo, solo para nos encontramos nuevamente, necesariamente, insatisfechos.
    • En este punto, se produce una especie de pánico espiritual, y podemos encontrarnos girando obsesivamente alrededor de este bien criatura que en principio nunca puede hacernos felices«.
  3. En la Oración Colecta de este Domingo decimos: “sin ti, nada es fuerte, ni santo”. Sin la gracia de Dios nuestras obras se desmoronan, y no tendrán efecto en la eternidad, más sin ponemos nuestro corazón e intenciones en Él, la vida se transforma, por eso la oración termina con: “nuestro corazón esté puesto en los bienes eternos«
  4. Santo Tomás preguntaba, preocupado, si cuanto había escrito sobre los misterios de la fe cristiana era correcto. Y el Crucifijo respondió: “Tú has hablado bien de mí, Tomás. ¿Cuál será tu recompensa?”. Y su respuesta fue: “¡Nada más que a Ti, Señor!”.

III. Lectura de la Palabra, Reflexión y Explicación

La primera lectura del libro de los Reyes, nos cuenta el encuentro de Salomón con Dios, y la pregunta fundamental qué todos debemos reflexionar, si Dios se me apareciera, un poco como el genio de la lámpara, y me preguntará: “pídeme lo que quieras, y yo te lo daré”,

¿Qué lo contestaríamos? ¿Qué pediríamos? ¿Cuál es la primera respuesta que viene a tu mente?  Salomón, usa una frase muy semejante a la del profeta Jeremías: “No sé hablar, pues soy un niño”, Él ocupa la frase: “yo no soy más que un muchacho y no sé como actuar”. Estas frases denotan humildad ante la magnitud del plan de Dios.

Hay un video que me gusta ver al menos 1 vez al mes para recordarme que debo ir siempre por más, como decía Pier Giorgio Frassati: ¡Hacia arriba! ¡Verso l’alto!  … y en dicho video hay una frase de Marianne Williamson que dice “Nuestro miedo más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro miedo más profundo es que somos poderosos sin medida. Es nuestra luz, no nuestra oscuridad, lo que más nos asusta.» Salomón, al igual que otros como Jeremías, Samuel, Moises ó cualquiera que se encuentra a Dios, se da cuenta de que una vez que seguimos el plan de Dios, tenemos TODO el poder de Él para construir su Reino.

Difiero con Marianne que sea nuestra luz, es la luz de Dios, que se refleja en nosotros lo que nos deja “ciegos” y nos genera miedo, nos preocupa que debamos renunciar a nuestros planes para seguir los planes de Dios, por eso nos vemos como niños.

Ante la grandeza del plan de Dios, y de darnos cuenta de lo pequeños que somos, de lo niños que somos, ¿Qué hace Salomon? ¿Pedir poder, honor, placer o dinero? NO. Él pide Sabiduría para poder hacer 2 cosas: gobernar y discernir.

A Dios esto le fascina, que alguien pida ver con los ojos de Dios, y no con los ojos humanos. Y por eso le dice: “Por haberme pedido esto, y no…, sino Sabiduría… te doy un corazón sabio y prudente… además tanta gloria y riqueza, que no habrá rey que se pueda comparar contigo” Lo que entendemos es que una vez que podemos ver con Sabiduría, es decir: ver cada cosa con los ojos de Dios. Se nos abre la puerta a la gloria y a la riqueza.

La llave de la felicidad es tener la Sabiduría, en ver las cosas a través de los ojos de Dios.  

El Salmo, como cada domingo, debe convertirse en nuestra respuesta al plan de Dios, nuestra respuesta a la Primera Lectura: “Yo amo, Señor, tus mandamientos” este domingo lo diremos 5 veces, con que una de esas 5 la digamos con convencimiento, me parece que estaremos mucho más cerca del Reino de Dios.

Como si no fuera suficiente el Salmo inicia con una frase dislocante, desconcertante, desencajante, alguno diría deshumanizante: “A mí. Señor, lo que me toca es cumplir tus preceptos”, cualquier contemporáneo del Siglo XXI se sentirá ofendido por esto, ¿Cómo es que mi única chamba es obedecer? ¿Donde queda mi libertad? ¿Dónde queda mi libre albedrío?

Y es que sí tenemos la Sabiduría de Salomón podremos ver a través de los ojos de Dios, y ante tal grandeza, a nosotros solo nos toca obedecer. Humanamente esto es extraño, nadie de nosotros diría: “Yo amo, los impuestos”, ningún estudiante diría: “Yo amo, las tareas”, ningun hijo “Yo amo, que mi Mama me ordene y me regañe”, pero en todos estos casos hay una autoridad superior, porque “Tus preceptos, Señor, son admirables, por eso yo los sigo»


En la segunda lectura, seguimos leyendo la carta de San Pablo a los Romanos. San Pablo ocupará una frase muy de los vendedores: “Todo suma”; para el vendedor aun las pequeñas ventas suman para su cuota, para los que amamos a Dios, todo lo que sucede en nuestras vidas nos suma para la “cuota” de entrada al reino de Dios. Ahora, si lo que queremos es sumar más debemos volvernos Imago Dei, imagen de Dios, imagen de Jesús.  Y después nos pone una ruta de 3 pasos

  1. A quienes predestina, los llama (por eso estás leyendo este texto)
  2. A los que llamo los justifica (Jesús será tu abogado, Él presentara evidencias para demostrar que algo eres admisible en su Reino)
  3. A los que justifica, los glorifica (Los glorificados son los que entrarán al cielo)

Para el Evangelio, seguimos con el treceavo capítulo del Evangelio de San Mateo. Jesús plantea 4 parábolas, solo comentaré 2 (la última es una gran reflexión de la paternidad) .


Jesús nos plantea que el Reino de los cielos se parece a un tesoro, quiero que nos pongamos en modo niños, un poco como Salomón, en la primera lectura. ¿Qué involucra un tesoro? Algo mágico, misterioso, desconocido, así es el Reino de Dios. Además este tesoro, no esta a la vista de todos, es un tesoro escondido, es decir, tal vez tuvimos que seguir un mapa para encontrar ese tesoro, no está a la vista de todos, como lo menciono San Pablo en la 2ª lectura.

Dicho tesoro está escondido en un campo, ese campo es el mundo, pareciera que está abierto para todos, más solo aquellos que tienen Sabiduría, para ver con los ojos de Dios pueden ver aquel tesoro. Ahora, el que lo encuentra, no lo roba, sino que lo vuelve a esconder, esto me parece lo más cercano a lo que nos sucede a mucho Cristianos, no escondemos a Dios para que no lo vean, sino que lo escondemos para que esté en lo más profundo de nuestro corazón, y eso nos llena de alegría.

Aquí viene la profundidad de la parábola, aquel hombre no solo recoge el tesoro, sino que compra el campo, es decir el mundo; el tesoro, el Reino de Dios y el campo, el mundo, no esta planeados para estar separados, están pensados desde la Sabiduría divina para estar juntos.

La frase clave para este domingo: “vende cuanto tiene” ¿Cuánto estamos dispuestos a dar, dejar, compartir, donar, entregar, etc, a cambio del Reino de Dios? ¿Estás dispuesto a vender tu comodidad? ¿Estás dispuesto a vender tu posición social? ¿Estás dispuesto a vender tu tiempo de ver TV, Netflix, redes sociales? ¿Estás dispuesto a dejar tu Honor, Poder, Placer, y dinero por este tesoro?

La segunda parábola, muy corta, nos habla de un especialista, un comerciante en perlas finas, cuando encuentra una perla muy valiosa (la lectura no nos dice de donde proviene su valor), ¿qué hace el comerciante? Deja de comerciar, ya no va a comerciar, es decir vender y comprar esta perla, esta perla es para Él, y por lo tanto “vende cuanto tiene”

Muchos de nosotros pasamos horas planeando, pensando o meditando en nuestros planes, pero hoy Dios en las lecturas, nos dice que dejemos de dedicarle tanto tiempo a nuestros planes y mejor encontremos el tesoro que es su Reino, traducido, sus planes para tu vida.

IV. Oración

Para la Oración de este Domingo quiero utilizar las oraciones propias de la misa por las vocaciones, con la intención de que cada uno de nosotros encuentre su vocación, su tesoro, su perla.

Dios escoge aquellos a quienes Él quiere, oremos al Señor para que envíe trabajadores a sus campos.

Señor, confiamos en ti.

Tal como Tú llamaste a Abraham para ser padre de muchas naciones, inspira a muchos jóvenes a responder a tu llamada.

Señor, confiamos en ti.

Tal como Tú llamaste a Moisés, tendiendo las multitudes de Jetro, proporciona pastores dignos a tu pueblo en nuestro día.

Señor, confiamos en ti.

Tal como Tú llamaste a Aarón para servirte en tu templo, llama a los hombres para que sirvan a tu Iglesia en la imagen de Cristo.

Señor, confiamos en ti.

Tal como hablaste para despertar a Samuel con tu llamada, abre los oídos de tus elegidos.

Señor, confiamos en ti.

Tal como cada Sumo Sacerdote fue elegido entre los hombres, así llama a los hombres para ofrecer el santo y vivo sacrificio.

Señor, confiamos en ti.

Tal como Eliseo fue ungido por el profeta Elías, dales a los que llamas fuerza para seguirte sin voltear atrás.

Señor, confiamos en ti.

Tal como llamaste a los Apóstoles para ser embajadores de Cristo, así envíanos predicadores fervientes para fortificar nuestros espíritus.

Señor, confiamos en ti.

V. Compromiso

Reflexión

¿Qué estás dispuesto a vender a cambio de la vida eterna? 

Acción: 

Sacrifica 5 minutos de tu actividad favorita para dedicarlo a la oración y reflexión ¿Qué voy a vender por el Reino de Dios?

Publicado por Juan Carlos Carrillo

Juan Carlos Carrillo es un predicador Católico. Ha trabajado para distintos movimientos religiosos, como el Regnum Christi, Familia Educadora en la Fe, la Arquidiócesis de Tlalnepantla, entre otros. Juan Carlos inicio su formación religiosa en Familia Educadora en la Fe desde los 3 años. A los 13 años se convirtió en animador de grupos juveniles. A los 19 años entro al movimiento Regnum Christi donde se encargo en durante varios años de los Círculos de Estudios, Horas Eucarísticas y Retiros. A los 24 años se convirtió en el Vice-Coordinador Nacional de Universitarios del Movimiento Familia Educadora en la Fe y a los 27 tomo la responsabilidad como Coordinador Nacional de Juveniles del mismo movimiento. Juan Carlos se dedica a dar charlas, conferencias y catecismo a jóvenes y adultos buscando que encuentren el amor de Dios en sus vidas.

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