¿Qué es la Misa? (Parte II)

En la entrada previa explicaba como la Iglesia desde el Vaticano II nombra a la Misa la fuente y culmen de la vida cristiana, y también describí que la misa tenía 4 grandes bloques.

En esta entrada tocaré 2 temas fundamentales: todas las partes de la misa, así como su relación con las 4 razones de la misma, y como se conecta la Misa con Jesús.

Iniciemos con cada una de las partes de la misa

Las partes de la Misa

Mi Mamá construyó el cuadro que se muestra arriba, y siempre me parece una forma fácil de entender los 3 grandes bloques: Rito de Entrada o Rito de Introducción, Liturgia de la Palabra, y la Liturgia de la Eucaristía, con sus 4 partes: Ofertorio, Consagración, Rito de la Comunión y Rito de despedida.

El Rito de Introducción, es una parte de preparación para poder estar preparado para la Palabra de Dios y para recibir la Eucaristía, pensémoslo como sucede al hacer ejercicio, es el calentamiento, es una forma de disponernos para vivir lo que Dios tiene preparado para nosotros. Una de las cosas más bellas y que pongo más atención al iniciar la Misa, es la entrada del Sacerdote al templo y al presentarse frente al altar, lo besa; El Sacerdote durante la misa besara 2 cosas, el Altar y el Evangeliario (o el Misal a falta de este último). ¿Está besando una piedra y una hoja de papel? ¡¡¡NO!!! Esta besando el lugar del sacrificio, como hacemos la adoración de la cruz, y al besar el Evangeliario, está besando a Jesús al Logos, a la Palabra.

El Rito Penitencial, tanto del Yo Confieso, como el Señor Ten Piedad, nos ponen en modo de petición de perdón, y es lógico, no puedo empezar a convivir con alguien si lo he ofendido, si tenemos una plática pendiente. Dios no necesita que nosotros le pidamos perdón, más se llena de una infinita alegría cuando regresamos a la casa del Padre, como en la parábola del Hijo Prodigo. El dialogo y la fiesta que el Padre tiene para nosotros no se puede dar, sino regresamos a casa y le pedimos perdón a Dios.

Ahora que estamos en paz con Dios, que ya estamos con Él, y ya inicia la fiesta, podemos cantar el Gloria, y con ello cumplir otra razón de la misa, dar Gloria o Alabar a Dios, ahora cobra sentido, porque primero debo pedir perdón, porque mi relación con Dios no permite darle Gloria, sin antes pedirle perdón, una vez que vemos la gran misericordia de Dios, no nos queda más que reaccionar en un grito de alegría: El Gloria.

Una vez que Pedimos Perdón y dimos Gloria, ahora el Sacerdote hace una de las Oraciones, que cambia a diario, que nos da una pista de lo que celebraremos ese día. La Oración es llamada Colecta, ya que el Sacerdote colecta, reúne, nos pone a todos en la misma sintonía, en un mismo estado. Es muy importante que pongamos atención a lo que el Sacerdote presenta, ya que esta pidiéndole a Dios para mí, y poner mi corazón y mi mente para lograr esta otra razón de la misa: Pedir Ayuda.

Una vez que 1) Pedimos Perdón, 2) Alabamos, y 3) Pedimos Ayuda, ya estamos listos para escuchar la Palabra de Dios, escuchar al Hijo, al Logos, Al Verbo.

En la mayoría de las Misas durante el año, la Primera Lectura será tomada del Antiguo Testamento; debemos de escuchar esta lectura y siempre utilizar la metodología que el Catecismo de la Iglesia Católica nos explica en los números 115-118, «distinguir dos sentidos de la Escritura: el sentido literal y el sentido espiritual«, sugiero que para cumplir el primer sentido, el literal, hagamos una lectura de comprensión, subrayar los personajes de la lectura, circular los verbos, subrayar los lugares, etc. Para poder trabajar el sentido espiritual, el 117 del Catecismo nos dice que debemos hacer 3 cosas, encontrar como esta lectura se relaciona con Jesús, como se relaciona conmigo, y como se relaciona con mi prójimo.

El Salmo, de la misma forma se toma en la mayoría de los casos del libro de los Salmos, y es una lectura activa, es una forma de dialogar con Dios, debo de ver en mi respuesta una forma de conversación, la maravilla de los Salmos es que pueden tener algunas de las 4 razones de la misa: Pedir Perdón, Ayuda, Dar Gracias o Alabar a Dios.

La Segunda Lectura, tomada del Nuevo Testamento, y en la mayoría de los casos de las Cartas de San Pablo, son una proyección de la vida no desde la visión de Israel, como la primera lectura, sino del nuevo Israel, la Iglesia.

Previo al Evangelio, tenemos el Aleluya, que al igual del Salmo, nos llevan a un dialogo, mediante una alabanza a Dios.

El Evangelio, siempre es tomado de alguno de los 4 Evangelios, ya sea Mateo, Marcos, Lucas o Juan. En el Evangelio debemos estresar la propuesta de la Iglesia de ver siempre el sentido literal y el sentido espiritual, poniendo foco en lo que nos dice el Catecismo en el numero 139: «Los cuatro Evangelios ocupan un lugar central, pues su centro es Cristo Jesús.«

Una vez finalizada las lecturas, el Sacerdote puede o no dar un Homilía, algunos Sacerdotes determinan que durante la misa de la semanal se debe obviar la Homilía y únicamente en la Misa del Sábado por la tarde, y la del domingo se debe dar esto. La palabra homilía fue originada por la homilética, responsable de ofrecer a los sacerdotes las herramientas discursivas para preparar y presentar los sermones bíblicos, de manera eficaz e interesante para cautivar a los presentes, si nosotros hemos hecho la tarea, el Sacerdote nos guiara a nuevas vías, nuevos caminos, nos dará nuevas pistas de como encontrar a Jesús en nuestras vidas..

La liturgia de la Palabra finaliza con el Credo, veamos como esto es el culmen de la liturgia es una confirmación de básicamente 4 cosas, que confirmamos que Creemos en Dios Padre, en Dios Hijo, en Dios Espíritu Santo y en la Iglesia. ¿Por qué hacemos esto al final de la Liturgia de la Palabra? Porque es la forma de decir: «Señor, Creo en todo lo que he escuchado y en la comunión de toda la Iglesia te confirmo que creo en ti»

Hasta que inicia la Liturgia de la Eucaristía, el Altar únicamente cuenta con las Velas, ya que el altar únicamente debe usarse para la Liturgia de la Eucaristía.

La Liturgia de la Eucaristía inicia con el Ofertorio, es decir nuestra presentación de las ofrendas, no es únicamente el momento de pensar en el dinero que donaremos, es pensar, reflexionar y presentar en todo lo que hemos recibido y que ahora le devolvemos a Dios, para que se convierta en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo. Cuando estamos en este momento debemos reflexionar en la ofrenda de Abel: «Abel, por su parte, trajo de los primogénitos de sus ovejas y de la grasa de los mismos. El SEÑOR miró con agrado a Abel y su ofrenda» Génesis 4: 4. Lo que ofrenda Abel es lo primero, lo mejor, lo más valioso, con todo y grasa, es decir con todo y las fallas, los errores, las imperfecciones. Dios sabe lo que somos y lo que tenemos, Él nos dio los 5 panes y los 2 peces, y quiere que se los entreguemos para multiplicarlos

El Sacerdote inicia el rito mezclando el agua y el vino, como símbolo de la sangre y el agua del costado de Cristo, y junto con la hostia son presentados al Padre en un ciclo bellísimo de 1) entrega de Dios a nosotros de sus bienes 2) ofrecimiento de dichos bienes a Él 3) La Esperanza de que Él los convierta en lo más preciado

El sacerdote entonces se lava las manos, lo que toco previamente era simplemente agua, vino y pan, más en unos segundos se convertirá en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, por lo cual el Sacerdote, aun que esta In Persona Christi, debe purificarse, ya que sus manos tocaran a Dios mismo.

Durante esta parte de la misa nosotros estamos sentados y deberíamos estar reflexionando en lo que ofrecimos y en lo que se nos dará a cambio.

El Sacerdote nos pide que nos elevemos, físicamente levantándonos, y espiritualmente con la frase: “Orad hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro, sea agradable a Dios, Padre todopoderoso” ¿Pongo tal dedicación en lo que ofrezco para que sea agradable mi ofrenda a Dios? ¿O la hago con un poco de flojera, al estilo de Caín?

El Sacerdote entonces realiza una segunda oración comunitaria, la Oración de las Ofrendas, esta oración es muy especial ya que resume la entrega que estamos haciendo, y el milagro que le pedimos a Dios que realice.

Pasamos al segundo bloque de la Liturgia de la Eucaristía, inicia con el Prefacio, el Sacerdote prepara mediante la oración de las fórmulas de la liturgia a la víctima, el mismo Cristo, para ser presentado a Dios Padre.

Al ver tal grandeza de sacrificio, nosotros debemos cantar un cantico de alabanza, es decir el Santo, como respuesta a la magnificencia de la entrega.

Nuestra actitud nos lleva a ponernos de rodillas para ver el milagro que esta sucediendo, un pedazo de pan y un vino común y corriente se convertirán en lo más preciado en el universo, el Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo.

El Sacerdote eleva a la victima y la presenta al Padre, en la unidad del Espíritu Santo, y con la victima ya presentada y conmemorado el sacrificio de Jesús en la ultima cena, pedimos la intercesión de toda la Iglesia Triunfante, desde María hasta los Santos menos conocidos para que intercedan por nosotros, por la Iglesia, por los muertos, es en estas oraciones que el Sacerdote nos va uniendo a todos en la Iglesia en un acto bellísimo de comunión fraterna.

Una vez que nuestra oración se formó, se construyó y toda la Iglesia participo, es momento de hacer, a titulo personal, la oración más bella que tenemos los Católicos: “Por Cristo con él y en él a ti Dios Padre Omnipotente en la unidad del Espíritu Santo todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos” Este debería ser el resumen de nuestra vida, todo lo hacemos por, con y en Cristo para la Gloria del Padre en la unidad, en la comunión, en la fraternidad que nos da el Espíritu Santo.

Así entramos al rito de la comunión, donde primero entraremos en comunión con el Padre, al decirle: Padre Nuestro, después entraremos en comunión con nuestros hermanos al darnos la Paz, y entonces estaremos listos para entrar en comunión con Cristo Jesús, en la Eucaristía.

Previo a comulgar todos debemos entonar la Antífona de la Comunión, que nos pone en disposición de recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

Una vez que recibimos la Eucaristía, deberíamos como dijo Jesús en el Evangelio de Mateo (6: 6): “entra en tu aposento, y cuando hayas cerrado la puerta, ora a tu Padre que está en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.” Hacer el mayor silencio y tener este encuentro con Jesús Eucaristía.

El Sacerdote limpia los ornamentos y nos da la oportunidad de continuar en un dialogo con el amado que acaba de entrar en nosotros.

El sacerdote después de unos segundos en silencio realiza la oración después de la comunión que debe ser la solicitud final de lo que esperamos Dios obre en nosotros una vez que somos uno con Cristo, después de haber comulgado.

El Sacerdote nos envía finalmente a que iniciemos la Misión que hemos vivido durante la misa, en el antiguo rito en latín la misa terminaba con la frase: Ite missa est, que básicamente significa: vayan, los envió, los mando; debería ser como el banderazo de salida para salir a hacer vida lo que hemos vivido en este pedazo de cielo que es la misa.

La Misa es una conexión constante con la vida, obra, pasión y entrega de Jesucristo, por lo mismo debemos de tener la actitud de estar frente a Jesús

 En el Calvario En la Misa 
La victima es JesucristoJESUCRISTO OFRECE SU VIDA POR LA SALVACIÓN DEL MUNDO
«Cristo con la sangre propia entró una sola vez para siempre en el santuario» (Hebreos 9,12)
 JESUCRISTO RENUEVA LA OFRENDA DE SU VIDA POR LA SALVACIÓN DEL MUNDO
«Este cáliz es el Nuevo Testamento en mi sangre» (I Corintios 11,25)
El sacerdote ofrece la misma victima
El sacerdote es JesucristoJESUCRISTO SE OFRECE A SI MISMO AL PADRE POR LA SALVACIÓN DEL MUNDO
«Una sola vez… se manifestó para destruir el pecado por el sacrificio de sí mismo» (Hebreros 9, 26)
 JESUCRISTO RENUEVA SU OFRENDA AL PADRE POR INTERMEDIO DEL SACERDOTE
«Pues cuantas veces comáis este pan y bebáis este cáliz anunciáis la muerte del Señor» (I Corintios 11,26)
El Sacerdote actúa In Persona Christi
La presencia es físicaJESUCRISTO ESTABA FISICA Y VISIBLEMENTE PRESENTE
«En la Cruz se ocultaba sólo la Divinidad» (Adoro Te)
 JESCRISTO ESTA REAL PERO INVISIBLEMENTE PRESENTE BAJO LAS ESPECIES SACRAMENTALES
«Mas aquí se oculta hasta la humanidad» (Adore Te)
La presencia es real y sacramental
La muerte es realJESUCRISTO MURIO REALMENTE Y DERRAMO TODA SU SANGRE
«Porque muriendo murió el pecado una vez para siempre» (Romanos 6, 10)
 JESUCRISTO MUERE MISTICAMENTE SIN DERRAMAR SU SANGRE
«Cristo, resucitado de entre los muertos, ya no muere; la muerte no tiene ya dominio sobre El» (Romanos 6, 9)
La muerte es mística e intencional
El sacrificio es únicoJESUCRISTO HA MUERTO UNA SOLA VEZ POR LA SALVACIÓN DEL MUNDO
«Cristo se ofreció una vez para soportar los pecados de todo» (Hebreros 9, 28)
 JESUCRISTO RENUEVA SIN CESAR SU SACRIFICIO POR LA SALVACIÓN DEL MUNDO
«y siempre vive para interceder por ellos» (Hebreos 7, 25)
El sacrificio es perpetuo
Los pecados son satisfechosJESUCRISTO HA SATISFECHO POR TODOS LOS PECADOS DEL MUNDO
«Con una sola oblación perfeccionó para siempre a los santificados» (Hebreos 10, 14)
 JESUCRISTO NOS APLICA LOS MERITOS INFINITOS ACUMULADOS PARA NOSOTROS SOBRE LA CRUZ
«Somos nosotros santificados por la oblación del cuerpo de Jesucristo» (Hebreros 10,10)
Los méritos son aplicados

Publicado por Juan Carlos Carrillo

Juan Carlos Carrillo es un predicador Católico. Ha trabajado para distintos movimientos religiosos, como el Regnum Christi, Familia Educadora en la Fe, la Arquidiócesis de Tlalnepantla, entre otros. Juan Carlos inicio su formación religiosa en Familia Educadora en la Fe desde los 3 años. A los 13 años se convirtió en animador de grupos juveniles. A los 19 años entro al movimiento Regnum Christi donde se encargo en durante varios años de los Círculos de Estudios, Horas Eucarísticas y Retiros. A los 24 años se convirtió en el Vice-Coordinador Nacional de Universitarios del Movimiento Familia Educadora en la Fe y a los 27 tomo la responsabilidad como Coordinador Nacional de Juveniles del mismo movimiento. Juan Carlos se dedica a dar charlas, conferencias y catecismo a jóvenes y adultos buscando que encuentren el amor de Dios en sus vidas.

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