4º domingo de Pascua – Ciclo A – La Gracia por Sumisión

I. Experiencia de vida

Humanamente, y más en el tiempo actual, la pregunta de ¿Por qué o para qué? debemos de sufrir ciertas cosas esta desde pequeños en nuestra mente.
El mundo no tiene una explicación y ve malo el aceptar que en el sufrir it o podemos encontrar sentido.
Cuando pase por uno de los momentos más duro de mi vida, separación y divorcio, yo recitaba el salmo 22 (21): ¿por qué me has abandonado?, y me parece muy humano, ya que en el proceso del duelo debemos pasar por al menos 5 pasos para aceptar el dolor, el sufrimiento, el rechazo:

  1. Negación
  2. Ira
  3. Negociación
  4. Depresión
  5. Aceptación

¿Cómo poder unir esta situación puramente humana con un nuestra espiritualidad cristiana?

II. Mensaje

Después de la resurrección de Jesús, las cosas no son las mismas, algo nuevo ha entrado en el mundo, algo que satisface a Dios y, por lo tanto, algo importante para nosotros.
¿Qué es eso? El sufrimiento redentor.
Lo que hizo Jesús en la cruz: soportar el sufrimiento para hacer lo correcto. No lo bonito, cómodo o agradable a los ojos de Jesús; El mismo Jesús dice “Si es posible que pase de mi este cáliz, pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya”.
Esto es agradable a los ojos de Dios, precisamente porque es redentor para el mundo, precisamente porque quita algo que Dios no desea.
Nosotros los bautizados hemos sido llamados a esa dinámica.

III. Lectura de la Palabra, Reflexión y Explicación
En la 1ª lectura, (Hechos 2, 14, 36-41) no leemos el típico “en aquellos tiempos”, sino que escuchamos el día especifico en el que este evento sucedió ¿Por qué? ¿Por qué la iglesia esta preocupada en que sepamos cuando sucedió esto? Si ven los versículos ocupados en esta lectura, únicamente toman el versículo 14 para darnos el contexto, y es que el hecho de que en aquel momento hubieran recibido al Espíritu Santo, nos da parte de la explicación de la valentía y poder de las palabras de Pedro y el efecto de las mismas… No solo tiene el valor de decirles, que ellos, los judíos, crucificaron a Jesús, sino que Pedro tiene la revelación completa al predicar con “absoluta certeza, que Dios ha constituido Señor y Mesías a Jesús”.

Si leemos entre líneas el texto nos dice que el efecto del Espíritu Santo no solo se dio en los que estaban en el cenáculo, sino que el fruto del Espíritu Santo se extiende también a los oyentes del Evangelio, que “les llegaron al corazón”. Si queremos que nuestra predicación sea exitosa, debemos invocar SIEMPRE al Espíritu Santo.

Ahora, la actitud de los oyentes, no solo es de compunción, o de dolor, diríamos hoy “le entro por una oreja y le salió por la otra”, inmediatamente le preguntan a Pedro y a los discípulos: “¿Qué debemos hacer?”, el Espíritu Santo no genera buenos sentimientos, únicamente, genera acciones. Si quieres ver el Espíritu Santo en tu vida, busca las acciones.

Ahora, que les contesta Pedro, hay que hacer 2 cosas:

  • Arrepiéntanse / Conviértanse, y
  • Bautícense
    y, entonces recibirán al Espíritu Santo… Esto aplica hoy en nuestros días a la confesión, los primeros pasos para una buena confesión involucran justamente el arrepentimiento y la conversión, y es hasta el 4º paso que confieso mis pecados, y recibo la gracia del Espíritu Santo, no recibo la gracia al hacer mi examen de conciencia o al hacer mi propósito de enmienda, sino hasta que tomo la acción de ir a confesarme.

¿Cómo obtuvieron perdón aquellos judíos y como lo obtenemos nosotros? La lectura es muy clara y esta íntimamente relacionada con el Evangelio: la promesa (de la salvación) de Dios, se nos apicara si renacemos (nos bautizamos) en Jesucristo.

El Salmo de este domingo, 23 Hebreo, 22 Griego (ver explicación), es bellísimo y podría tomarnos mucho tiempo el analizarlo, solo quiero ver la conexión entre la Oración Colecta y la antífona que repetimos: “El Señor es mi Pastor” ¿A dónde van las ovejas, a dónde les place? ¿Las ovejas deciden a dónde van a pastar? ¿Las ovejas eligen el horario de caminar, comer, volver? NO. Si Jesús es el Pastor, debemos ir a donde Él va, por donde Él va, como Él va… Ahora tomará sentido la oración con la que terminamos la oración eucarística, justo antes del Padre Nuestro… POR Cristo, CON Cristo y EN Cristo.

En la segunda lectura, seguimos con la carta de Pedro. Pedo nos va a explicar que la sumisión de nuestras vidas a la de Jesús, nos da la gracia. Y trae algo a la mesa que era extraño en su época y es aun más extraño hoy en la nuestra: ¿Por qué debo sufrir? “Ya que Cristo sufrió por ustedes y les dejó así un ejemplo para que sigan sus huellas”
Pedro, para mostrar que esto era el plan desde un inicio recitará la profecía del siervo del Señor de Isaias (22–>53, 9. 23–>53,7. 24–>53,4-5, 25–>53,6).
Solo quiero usar la referencia a que “éramos ovejas descarriadas”, porque nos vuelve a conectar con que Jesús es el Pastor de la Oración Colecta y del Salmo, y que si Él pasa por todas estas cosas, para cumplir con el plan de Dios Padre, nosotros debemos sufrir lo mismo que el Pastor.

San Juan Pablo II, escribió una encíclica muy profunda: Salvifici Doloris, donde inicia con este texto de San Pablo: “Suplo en mi carne, lo que falta a las tribulaciones de Cristo por su cuerpo, que es la Iglesia”, estas palabras tienen el valor de un descubrimiento de la gracia, por eso San Pablo dirá: “Ahora me alegro de mis padecimientos por ustedes” Esa alegria se deriva de descubrir que el sufrimiento tiene un sentido.
San Juan Pablo explica que el sufrimiento trae una pregunta acerca de la causa: ¿por qué? Y una pregunta acerca de la finalidad: ¿para qué?, y una de las respuestas la encontramos en uno de los primeros libros escritos de la Biblia, el libro de Job, los amigos de Job, ven en el mal un sentido exclusivamente como pena y de un Dios justo que paga bien con bien y mal con mal. Job por otra parte ve el sufrimiento como un misterio que el hombre no puede comprender a fondo con su inteligencia.
Debemos de ver en Job, un primer Jesús, un anuncio de su pasión, y debemos vernos a nosotros acompañando a Jesús en el sufrimiento, NO como castigo, sino como comunión con sus sufrimientos en su pasión. Si queremos entrar al cielo debemos seguir al Pastor.

El CIC en sus numero 164 y 165 nos da una respuesta a este tema del sufrimiento: El mundo en que vivimos parece con frecuencia muy lejos de lo que la fe nos asegura; las experiencias del mal y del sufrimiento, de las injusticias y de la muerte parecen contradecir la buena nueva, pueden estremecer la fe y llegar a ser para ella una tentación.Entonces es cuando debemos volvernos hacia los testigos de la fe: Abraham, que creyó, «esperando contra toda esperanza» (Redemptoris Missio 4,18); la Virgen María que, en «la peregrinación de la fe» (Lumen Gentium 58), llegó hasta la «noche de la fe» (Juan Pablo II, Redemptoris Mater, 17) participando en el sufrimiento de su Hijo y en la noche de su sepulcro; y tantos otros testigos de la fe: «También nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone, fijos los ojos en Jesús, el que inicia y consuma la fe» (Hb 12,1-2).

Llegamos a nuestro Evangelio (Juan 10, 1-10), Jesús se presenta no como UNA puerta, sino como LA Puerta; no se presenta como UN pastor, sino como EL Pastor. Es decir Jesús no nos da muchas opciones, los que no entran por LA puerta son “ladrones y bandidos”.
Ahora, cuando Jesús se presenta como LA Puerta, nos esta diciendo entre letras, como en clave; Una puerta debe ser atravesada, es decir pasar de un lugar a otro, al pasar por LA Puerta de Jesús, debemos pasar por el Arrepentimiento / Conversión a la alegría de ser Hijos de Dios.
Solo cruzando por LA Puerta podremos tener vida y una vida en abundancia.

IV. Oración

Señor, Dios Padre, queremos llegar al cielo y gozar contigo las alegrías celestiales, más sabemos que para llegar debemos seguir el camino del Pastor, tu hijo, que sufrió y murió por nosotros, más tu lo resucitaste, así como nosotros confiamos en poder resucitar con Él, danos la paciencia y la humildad de entender tus caminos y aceptarlos como caminos de salvación, en la unidad del Espíritu Santo.

V. Compromiso

Meditación: ¿Qué sufrimientos Dios me ha “regalado” para estar más cerca de Él? ¿Cómo podría conectar mi dolor y sufrimiento a los de Jesús en la cruz?

Acciones: Durante la semana pasaré por momentos que yo no deseo, y que probablemente me causen dolor, tendré paciencia, para poder ver en esa situación la oportunidad de unirme a Jesús.

Publicado por Juan Carlos Carrillo

Juan Carlos Carrillo es un predicador Católico. Ha trabajado para distintos movimientos religiosos, como el Regnum Christi, Familia Educadora en la Fe, la Arquidiócesis de Tlalnepantla, entre otros. Juan Carlos inicio su formación religiosa en Familia Educadora en la Fe desde los 3 años. A los 13 años se convirtió en animador de grupos juveniles. A los 19 años entro al movimiento Regnum Christi donde se encargo en durante varios años de los Círculos de Estudios, Horas Eucarísticas y Retiros. A los 24 años se convirtió en el Vice-Coordinador Nacional de Universitarios del Movimiento Familia Educadora en la Fe y a los 27 tomo la responsabilidad como Coordinador Nacional de Juveniles del mismo movimiento. Juan Carlos se dedica a dar charlas, conferencias y catecismo a jóvenes y adultos buscando que encuentren el amor de Dios en sus vidas.

2 comentarios sobre “4º domingo de Pascua – Ciclo A – La Gracia por Sumisión

Deja un comentario